
Audiolibro Mujercitas-Capítulo 17
Disfruta esta historia para dormir. "Mujercitas" es una novela de Louisa May Alcott, publicada en 1868, que narra la vida de cuatro niñas que se convierten en mujeres, con la Guerra Civil de los Estados Unidos como fondo. A este clásico se le considera una novela de crecimiento personal, así como una guía de conducta para señoritas. Al mismo tiempo, es capaz de enfrentarse a algunas de las normas tan de moda en la época. La obra es entretenida y muestra el contexto histórico del momento.
Transcripción
MUJERCITAS,
Escrito por Luisa May Alcott,
Narrado por Yaima Lorenzo.
Capítulo 17.
LA PEQUEÑA INFIEL.
Durante una semana,
La cantidad de virtud desplegada en la vieja casa hubiera podido surtir a toda la vecindad.
Era sorprendente.
Todas parecían poseer una disposición de ánimo celestial,
Y la abnegación estaba a la orden del día.
Pasada la primera ansiedad sobre su padre,
Las chicas fueron aflojando insensiblemente sus meritorios esfuerzos,
Volviendo a su conducta acostumbrada.
No olvidaron su divisa,
Pero esperar y mantenerse ocupado fue haciéndose más fácil.
Después de esfuerzos tan grandes,
Sintieron que merecían un descanso y se lo dieron.
Joe pescó un resfriado por no resguardar bastante su cabeza trasquilada,
Y tuvo que quedarse en casa hasta mejorarse,
Porque a la tía Marsh no le gustaba oír leer a las personas resfriadas y roncas.
A Joe le vino muy bien,
Y después de revolver la casa desde la bodega hasta la guardilla,
Se echó sobre el sofá para cuidar su catarro con arsénico y libros.
Amy descubrió que el trabajo de la casa y el arte no hacían buena mezcla,
Y volvió a sus modelos de arcilla.
Meg iba todos los días a casa de los King,
Y en su casa ella cosía o pensaba hacerlo,
Pero pasaba mucho tiempo escribiendo largas cartas a su madre o leyendo una y otra vez noticias de Washington.
Beth perseveraba,
Cayendo rara vez en la ociosidad o en las lamentaciones.
Cada día cumplía fielmente todos sus pequeños deberes,
Y muchos de los de sus hermanas también,
Porque ellas se descuidaban y la casa parecía un reloj que ha perdido el péndulo.
Cuando la nostalgia de su madre o los temores por su padre la afligían,
Se iba a cierto armario,
Escondía la cabeza entre los pliegues de cierto vestido viejo,
Y derramaba su llantito y hacía su oracióncita tranquilamente y sola.
Nadie sabía lo que le daba ánimo después de estar triste,
Pero todas se daban cuenta de lo dulce y servicial que era Beth,
Y tomaron la costumbre de pedirle consuelo y consejo en sus asuntos.
Meg quisiera que fueras a ver a los Hummel.
Ya sabes que mamá nos dijo que no los olvidáramos,
Dijo Beth,
Diez días después de la partida de la señora Marsh.
Esta tarde estoy demasiado cansada para ir,
Respondió Meg,
Meciéndose cómodamente mientras cocía.
No puedes ir tú,
Joe,
El tiempo está malo para mi catarro.
Pensaba que ya estabas bien.
Lo bastante para salir con Lori,
Pero no lo suficiente para ir a casa de los Hummel,
Dijo Joe,
Riéndose,
Aunque algo avergonzada de su inconstancia.
¿Por qué no vas tú misma?
Preguntó Meg.
He ido todos los días,
Pero el niño está enfermo y no sé qué hacer por él.
La madre va a su trabajo y Lotchen lo cuida,
Pero se pone cada vez peor,
Y creo que tú o Hannah deben ir.
Beth hablaba muy en serio,
Y Meg prometió ir a la mañana siguiente.
Pídele a Hannah que te dé algo de comer para llevárselo,
Beth.
El aire te hará bien,
Dijo Joe,
Añadiendo para disculparse.
Yo iría,
Pero deseo acabar un cuento.
Me duele la cabeza y estoy tan cansada que pensé que quizás alguna de ustedes iría,
Susurró Beth.
Amy volverá pronto,
Y ella puede ir por nosotras,
Sugirió Meg.
Bueno,
Descansaré un poco y la esperaré.
Beth se echó en el sofá,
Las otras volvieron a su trabajo,
Y los Hummel quedaron olvidados.
Pasó una hora.
Amy no vino.
Meg se fue a su dormitorio a probarse un vestido nuevo.
Joe estaba absorta en su cuento,
Y Hannah dormía pierna suelta frente al fogón de la cocina.
Beth se puso tranquilamente su capucha,
Llenó su cestillo con varias cosas para los niños pobres,
Y salió al aire frío con la cabeza pesada y una expresión triste en sus ojos pacientes.
Era tarde cuando volvió,
Y nadie la vio subir furtivamente la escalera y encerrarse en el dormitorio de su madre.
Media hora más tarde,
Joe fue al armario de su madre para buscar algo,
Y allí encontró a Beth sentada sobre el botiquín con un aspecto muy solemne,
Los ojos enrojecidos y un frasco de alcanfor en la mano.
Por Cristóbal Colón,
¿qué te pasa?
Gritó Joe mientras Beth extendía la mano como si deseara mantener la distancia y preguntaba brevemente.
Has tenido la fiebre escarlatina,
¿no es verdad?
Entonces te lo diré.
Oh Joe,
El niño se ha muerto.
¿Qué niño?
El de la señora Hummel.
Se murió en mi falda antes de que ella volviese a casa,
Respondió Beth llorando.
Pobrecita mía,
Qué terrible para ti,
Debía haber ido yo,
Exclamó Joe abrazando a su hermana y tomándola en brazos mientras se sentaba en la butaca de su madre con cara de remordimiento.
No era terrible Joe,
Solo muy triste.
Enseguida noté que estaba peor,
Pero Lotchen dijo que su madre había ido a buscar un médico,
Así que tomé el niño para que Lotchen descansara.
Él parecía dormir,
Pero de repente dio un grito,
Tembló y se quedó muy quieto.
Traté de calentarle los pies y Lotchen le quiso dar leche,
Pero no se movió y comprendí que estaba muerto.
No llores querida mía,
¿qué hiciste?
Me quedé sentada y lo tuve dulcemente hasta que llegó la señora Hummel con el médico.
Dijo que había muerto y miró a Heinrich y Amina,
Que tienen dolor de garganta,
La fiebre escarlatina,
Señora,
Debía haberme llamado antes,
Dijo enojado.
La señora Hummel le dijo que era pobre y que había tratado de curar al niño,
Pero ahora era demasiado tarde y no podía hacer más que decirle que cuidara a los otros y esperara de la caridad ayuda.
Él entonces se sonrió y habló con más amabilidad,
Pero era muy triste y yo lloré con ellos hasta que de pronto se dio vuelta y me dijo que volviera a casa y tomara enseguida belladona o yo contraería la fiebre.
No,
No la contraerás,
Gritó Joe,
Estrechándola con expresión de terror.
Oh Beth,
Si enfermaras,
No me lo perdonaría jamás,
¿qué haremos?
No te asustes,
Espero que no será grave.
Miré en el libro de mamá y noté que comienza con dolor de cabeza y de garganta y sensaciones extrañas como las mías.
Tomé belladona y me siento mejor,
Dijo Beth poniendo sus manos frías sobre su frente caliente y tratando de aparentar que estaba bien.
Si mamá estuviera en casa,
Exclamó Joe tomando el libro con la impresión de que Washington estaba muy lejos.
Leyó una página,
Miró a Beth,
Le tocó la frente,
Le miró la garganta y dijo gravemente,
Has estado todos los días con el niño por más de una semana y entre los otros que están contagiados,
Temo que la tendrás Beth.
Llamaré a Hannah,
Ella entiende de todas las enfermedades.
No permitas que venga Amy,
No la ha tenido jamás y sentiría contagiarla.
No podrías tú y Meg tenerla otra vez,
Preguntó ansiosamente Beth.
Claro que no,
Ni me importa si la tengo,
Bien empleado me estaría por egoísta,
Que te dejé ir allá para quedarme escribiendo tonterías,
Murmuró Joe mientras iba a pedir consejo a Hannah.
La buena mujer se despertó al instante y se hizo cargo de la situación diciendo a Joe que no había por qué preocuparse,
Que todo el mundo tenía fiebre escarlatina y que con buen cuidado nadie se moría.
Joe lo creyó y se sintió muy aliviada mientras iban en busca de Meg.
Ahora les diré lo que vamos a hacer,
Dijo Hannah cuando hubo examinado y hecho preguntas a Beth.
El Dr.
Banks vendrá para verte,
Querida mía,
Así nos aseguraremos de cuidarte bien desde el principio.
Luego enviaremos a Amy a casa de la tía Marge por unos días para ponerla fuera de peligro.
Una de ustedes se puede quedar en casa para entretener a Beth.
Naturalmente quedaré yo que soy la mayor,
Comenzó a decir Meg.
No,
Seré yo porque tengo la culpa de que esté enferma.
Dije a mamá que yo cumpliría con los encargos y no los hice,
Contestó Joe con decisión.
¿A cuál de las dos quieres Beth?
No hace falta más que una,
Dijo Hannah.
Joe,
Si quieren,
Repuso Beth apoyando la cabeza contra su hermana.
Yo iré a decírselo a Amy,
Dijo Meg sintiéndose algo ofendida pero aliviada al mismo tiempo porque no le gustaba cuidar enfermos como a Joe.
Amy se opuso con firmeza y declaró apasionadamente que preferiría tener la fiebre antes que irse a casa de la tía Marge.
Meg razonó,
Rogó y mandó sin resultado alguno.
Amy declaró que no iría y Meg la dejó desesperada para preguntar a Hannah qué hacer.
Antes de que volviera,
Lori entró en la sala para encontrar a Amy llorando a lágrima viva con la cabeza escondida en los almohadones del sofá.
Le contó lo que sucedía con la esperanza de ser consolada,
Pero Lori se metió las manos en los bolsillos y se puso a pasear por el cuarto silbando suavemente con las cejas fruncidas.
Vamos,
Sé una mujercita razonable y haz lo que te dicen.
No,
No llores.
Escucha el proyecto que tengo.
Irás a casa de la tía Marge.
Yo iré todos los días a sacarte para dar un paseo en coche o a pie y nos divertiremos muchísimo.
No será eso mejor que quedarte aquí aburrida.
No me gusta que me envíen allá como si estorbara,
Dijo Amy ofendida.
Dios te bendiga,
Niña.
Si lo hacen por tu bien,
¿quieres caer enferma?
Claro que no,
Pero quizá lo estaré porque he estado con Beth todo el tiempo.
Por eso mismo tienes que irte.
Quizás un cambio de aire y algo de cuidado te mantendrán sana o por lo menos contraerás la fiebre más aliviada.
Te aconsejo que te marches cuanto antes porque la fiebre escarlatina no es una cosa de broma,
Señorita.
Pero es tan triste la casa de la tía Marge y tan difícil tratar con ella,
Dijo Amy con aire de espanto.
No será triste si yo voy todos los días a decirte cómo está Beth y sacarte a pasear.
La anciana señora me quiere y yo procuraré hacerme agradable a ella para que no nos riña por nada que hagamos.
Me sacarás de paseo en el cabriolet tirado por el duende bajo mi palabra de honor y vendrás todos los días sin dejar uno y me traerás a casa tan pronto como Beth se ponga buena,
Al minuto mismo.
E iremos al teatro de verdad,
A una docena de teatros,
Si se puede.
Bueno,
Creo que lo haré,
Susurró lentamente Amy.
Buena niña,
Llama a Meg y dile que aceptas,
Dijo Lori dándole palmaditas en el hombro,
Lo cual contrarió a Amy más que ceder.
Meg y Joe entraron corriendo para ver el milagro que acababa de realizarse y Amy,
Sintiéndose muy importante y abnegada,
Prometió irse si el médico decía que Beth iba a estar enferma.
¿Cómo está la pequeña?
,
Preguntó Lori,
Porque Beth era su favorita y estaba más preocupado por ella de lo que aparentaba.
Está acostada en la cama de mamá y se siente mejor.
La muerte del niño la perturbó,
Pero tal vez no tiene más que un catarro.
Hannah dice que eso es lo que ella cree,
Pero parece ansiosa.
Y eso me inquieta,
Respondió Meg.
Qué difícil es este mundo,
Dijo Joe.
Apenas salimos de un disgusto,
Entramos en otro.
Parece que no tenemos apoyo alguno cuando está ausente mamá.
Yo estoy perdida.
Bueno,
No te pongas como un erizo,
No está bien.
Arréglate la peluca,
Joe,
Y dime si debo telegrafiar a tu madre o ayudarlas en algo,
Preguntó Lori.
Eso es lo que me preocupa,
Dijo Meg.
Creo que debemos decírselo a mamá si Beth está realmente enferma,
Pero Hannah dice que no,
Porque mamá no puede dejar a papá y no haría más que alarmarla.
Beth no estará enferma por mucho tiempo y Hannah sabe exactamente qué hacer.
Además,
Mamá nos dijo que la obedeciéramos,
De modo que debemos hacerlo,
Pero no estoy muy segura.
Bueno,
No sé.
Supongamos que pides un consejo a mi abuelo después que haya venido el médico.
Lo haremos.
Joe,
Vete a buscar al médico inmediatamente,
Pidió Meg.
No podemos decidir nada hasta que haya venido.
Quédate donde estás,
Joe.
Yo soy el recadero de esta casa,
Dijo Lori recogiendo su gorra.
Temo que estés ocupado,
Comenzó a decir Meg.
No,
He terminado mis lecciones por hoy.
Estudias durante las vacaciones,
Preguntó Joe.
Sigo el buen ejemplo de mis vecinas,
Respondió Lori mientras salía precipitadamente.
Tengo grandes esperanzas en mi muchacho,
Observó Joe viéndole saltar la valla.
Sí,
Se porta muy bien para ser chico,
Fue la respuesta poco amable de Meg.
El médico vino,
Dijo que Beth tenía síntomas de la fiebre,
Pero pensó que no la tendría muy fuerte,
Aunque pareció preocuparle lo que le dijeron de las visitas de la niña a casa de los Hummel.
Ordenó que alejaran a Amy y recetó una medicina para resguardarla del peligro.
Amy partió acompañada por Joe y Lori.
La tía Marsh los recibió con su hospitalidad acostumbrada.
¿Qué desean ahora?
,
Preguntó,
Mirando por encima de sus anteojos,
Mientras el papagayo,
Sentado en el respaldo de su silla,
Gritaba.
¡Márchate!
¡No queremos chicos!
Lori se retiró a la ventana y Joe contó lo ocurrido.
No me sorprenden lo más mínimo,
Si les permiten visitar a los pobres.
Amy puede quedarse aquí y hacerse útil.
Si no está enferma,
Que no dudo lo estará porque ya lo parece.
No llores,
Niña,
Me fastidio oír gimotear a la gente.
Amy estaba a punto de llorar,
Pero Lori tiró a escondidas de la cola al papagayo,
Lo cual le hizo gritar ¡Vaya botas!
De manera tan cómica que se echó a reír en vez de llorar.
¿Qué noticias tienes de tu mamá?
,
Preguntó bruscamente la señora anciana.
Papá está mucho mejor,
Respondió Joe.
¿De veras?
No durará mucho tiempo.
Marsh no tuvo nunca mucha correa.
¡Ja,
Ja!
¡No te apures!
¡Toma rapé!
,
Gritó el pájaro,
Saltando sobre su percha y agarrando el gorro de la señora porque Lori lo hostigaba por detrás.
¡Cállate,
Pajarraco sinvergüenza!
Joe,
Deberías marcharte enseguida.
No está bien salir tan tarde con un chico atolondrado como.
.
.
¡Cállate,
Pajarraco sinvergüenza!
,
Chilló el loro tirándose de la silla y corriendo a picotear al chico que casi explotaba de risa.
No creo que podré soportarlo,
Pero trataré,
Pensó Amy cuando se quedó sola con la tía Marsh.
¡Márchate,
Espantajo!
,
Chilló el loro y al oír esta grosera agresión,
Amy no pudo reprimir un gemido.
Conoce a tu maestro
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