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Pequeños Viajes Sensoriales. Episodio 3: Sobre Los Rieles

by Marcela Loria

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Un nuevo episodio lleno de estampas mágicas te espera en una travesía que realizarás dentro de una locomotora antigua. Dejarse llevar es la forma en la que esta aventura te impactará los sentidos. Buen viaje!

Transcripción

Hola,

Soy Marcela Loría.

Nos volvemos a encontrar en este lugar a punto de romper las reglas del tiempo y del espacio.

¿A dónde te llevaré hoy?

Estás a segundos de averiguarlo.

Pero antes de revelarte nuestro destino,

Te voy a ayudar a aquietar tu mente para que te sea más fácil viajar a través de la imaginación.

¿Estás ya en una posición cómoda y sin prisas?

Perfecto.

Te voy a pedir entonces que cerres tus ojos.

Vas a tomar conciencia de tu respiración.

Tu respiración marca el ritmo de tu cuerpo.

Queremos que ese ritmo sea suave y acompasado.

Vas a agradecer el oxígeno que respiras y lo vas a tomar en una inhalación controlada por cuatro tiempos.

Inhalas a la cuenta de uno,

Dos,

Tres,

Cuatro.

Sostenés uno.

Y exhalas en cuatro,

Tres,

Dos,

Uno.

A veces hay que acordarse del gran trabajo que hacen nuestros pulmones.

Vamos con otra respiración igual.

Inhalas en uno,

Dos,

Tres,

Cuatro.

Sostenés uno.

Y exhalas en cuatro,

Tres,

Dos,

Uno.

Tercera respiración.

Inhalas en uno,

Dos,

Tres,

Cuatro.

Sostenés uno.

Exhalas cuatro,

Tres,

Dos,

Uno.

Qué bien se siente nuestra mente cuando respiramos profundo.

Una última vez.

Inhalas en uno,

Dos,

Tres,

Cuatro.

Sostenés uno.

Y exhalas en cuatro,

Tres,

Dos,

Uno.

Estamos listos.

Tenés tus ojos cerrados y lo que voy a decirte lo vas a ver en tu mente.

A lo lejos,

Escuchas el alboroto de gente apresurada.

Una especie de zumbido amortiguado como el de una colmena.

Vos,

Por el contrario,

No sentís ninguna prisa.

Este viaje lo has querido hacer desde hace mucho,

Mucho tiempo.

Y tenés todo el tiempo del mundo.

Estás sentado cómodamente en un sillón de tela acolchada de color verde oscuro y pequeños adornos oro en un lujoso vagón de un ferrocarril.

Apoyás tus brazos en una pequeña mesa de madera oscura decorada por un florero con bugambilias.

Alumbrando suavemente una exquisita lamparita dorada cuelga de un brazo también dorado que sale a tu lado en la pared.

Si mirás al frente o atrás,

Aquellas lamparitas encendidas parecieran tintinear hasta desaparecer en el infinito.

Las cortinas abiertas de terciopelo rojo a juego con la alfombra apagan los pasos de los recién llegados.

Es un antiguo vagón que fue restaurado fastuosamente cuidando hasta el más mínimo detalle.

Las canastas colgantes para poner el equipaje están talladas finamente en metal dorado.

Y hasta el número 10 del vagón brilla en una placa metálica refulgente como el oro.

De pronto,

La atmósfera te recuerda al famoso Expreso de Oriente,

El tren de espías,

Diplomáticos y comerciantes más famoso de la historia.

La sutil esencia de vainilla en el vagón se mezcla con la brisa que entra por tu ventana a tu derecha.

Te dedicas ahora a observar a los pasajeros que todavía no han abordado el tren.

Ves sus rostros e identificas toda clase de emociones.

En el andén,

Una mujer con un vestido veraniego y alpargatas mira a lo lejos como esperando a alguien.

Un poco más allá,

Un par de hombres ejecutivos conversan con gesto lúgubre.

Y cerca de ellos,

Una pareja de mediana edad ríe con la complicidad que dan los años de conocerse.

¿Por qué razón viajan todos ellos?

Tu pensamiento es interrumpido por tres pitidos que indican que el recorrido está a punto de iniciar.

La pesada máquina se mueve lentamente como cargando años de anécdotas y recuerdos.

Y el chirrido provocado por el roce del acero de las ruedas con los rieles va desapareciendo conforme aumenta poco a poco la velocidad.

Pese a que aún el tren avanza lento,

El viento te despeina y te hace acomodarte el cabello con un gesto involuntario cada cierto tiempo.

La estación queda atrás y te sorprende la primera vista desde tu ventana.

Un viñedo con frondosos racimos de jugosas uvas moradas en todo su esplendor.

Colinas interminables con extensiones ordenadas de tierra que alterna el verde con el morado.

Los rayos de sol se cuelan traviesos por entre los arbustos e iluminan cada jugoso globito morado con destellos de luz que casi transparentan la delgada piel de la fruta.

Conforme el tren avanza,

El viñedo parece acercarse a tu ventana.

Los racimos se ven tan cerca que sentís que podés tomarlos con solo estirar tu mano hacia afuera.

La velocidad del tren todavía te lo permite,

Así que con la agilidad de tu brazo derecho tomás en un instante un racimo.

Y te disponés a disfrutar el sabor de las uvas.

Están dulces y jugosas.

Muy pronto,

Los viñedos quedan atrás para dar paso a un extenso campo de tulipanes azules.

Azul el cielo.

Azul la montaña a lo lejos.

Azul es las delicadas flores.

De pronto,

Una atrevida ola de tulipanes anaranjados rompe la serenidad del paisaje azul.

La velocidad del tren hace que la ola cobre vida y se mueva juguetona a tu lado.

Sonreís al percibir el optimismo que te transmiten esos miles de alegres tulipanes.

Es maravilloso como la conexión en esta vida puede surgir de lo más inesperado e improbable.

La ola poco a poco se va haciendo más estrecha para morir lentamente entre el campo azul de tulipanes.

En este momento,

El paisaje está cambiando.

Lo único que permanece es la montaña azul atrás y entre ella y tu tren.

Yace un lago de aguas cristalinas de muy poca profundidad.

En su lecho,

Miles y miles de piedras de todos los colores brillan con los destellos del sol en el agua.

En una encenada del lago,

Te conmueve una escena perfecta.

Una venada y su venadito sacian su sed en un momento de paz inconmensurable.

Quisieras detener este momento para siempre.

Pero el tren,

Como la vida,

Continúa su paso sin realmente detenerse.

En instantes,

A través de tu ventana,

Atisbas un pueblito de callecitas angostas de piedra blanca.

Como el día ya va cayendo,

Observas el contraste de las cálidas lucecitas de un acogedor y pequeño café con el azul cada vez más oscuro del cielo.

Y entonces,

Sucede lo imposible.

Te miras a vos mismo sentado en una mesa de ese café.

Lo único que atinas es a saludarte por la ventana.

Y observas con asombro cómo te devolves a vos mismo el saludo desde esa cada vez más lejana mesita de café.

Tal vez en la siguiente aventura sepas qué hacías en ese pueblito de ensueño.

El reino de la noche está tomando posesión de su momento.

Y en medio de la oscuridad repentina,

Te encontras en medio de un bosque lleno de luciérnagas.

La titilante luz de cada una de ellas es la que te da la dimensión del vasto territorio por el que estás atravesando.

Y aunque no ves el horizonte,

Las lucecitas dispersas te dan la calma de saber que este viaje va a terminar bien,

Como siempre lo soñaste.

Dentro de poco vas a llegar al andén donde terminaremos esta aventura.

Tu cuerpo está descansado.

Tu corazón agradecido.

Tu mente con fuerzas renovadas.

Y tu imaginación esperando un nuevo encuentro aquí,

En este espacio donde todo es posible.

Donde todo es posible.

Nos escuchamos dentro de unos días.

Hasta pronto.

© 2026 Marcela Loria. All rights reserved. All copyright in this work remains with the original creator. No part of this material may be reproduced, distributed, or transmitted in any form or by any means, without the prior written permission of the copyright owner.

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