
No Hace Falta Que Hoy Se Un Gran Día
Una meditación guiada para esos días en los que sientes que no puedes con todo, en los que el cansancio, la exigencia o la falta de energía aparecen con fuerza. Un espacio para respirar, bajar el ritmo y recordar que no necesitas sentirte bien todo el tiempo para merecer cuidado, descanso y compasión. Porque, a veces, lo más importante no es tener un gran día… sino aprender a acompañarte con más amabilidad en el día que tienes.
Transcripción
Hola ¿cómo estás?
Qué alegría que hoy hayas elegido regalarte este momento Hoy te acompaño con una meditación.
Que titulado no hace falta que hoy sea un gran día.
Así que antes de empezar Quiero compartir contigo una idea que quizás hoy necesitabas escuchar.
No hace falta que hoy sea un gran día.
No hace falta que todo salga según lo planeado.
No hace falta despertar con una energía especial.
Ni sentir tampoco que puedes con todo.
Hay días en los que todo parece fluir con facilidad.
Y otros en los que hasta las cosas más sencillas requieren un poco más de energía.
Días en los que la inspiración aparece con facilidad y otros en los que simplemente respirar ya requiere un esfuerzo.
Y todo eso también forma parte de la vida.
No siempre podemos elegir cómo comienza un día.
Pero si podemos elegir la forma en la que decidimos acompañarnos mientras lo vivimos.
Así que hoy quiero invitarte a hacer precisamente eso acompañarte.
Con un poco más de calma.
Con un poco más de paciencia.
Y sobre todo con mucha amabilidad.
Empieza buscando una postura cómoda y permite que el cuerpo encuentre un lugar donde pueda descansar.
No hace falta buscar una postura perfecta,
Solo una postura que resulte agradable,
Que permita al cuerpo aflojar un poco y a la respiración encontrar su propio ritmo.
Si lo deseas,
Cierra suavemente los ojos y comienza a llevar la atención hacia la respiración sin intentar cambiarla.
Solo observando como el aire entra y sale una y otra vez.
Con naturalidad y hace ahora una respiración un poco más profunda Inhala lentamente y al exhalar Imagina que el peso de este día desciende unos centímetros.
No desaparece,
No hace falta.
Simplemente deja de ocupar todo el espacio.
Una vez más inhala profundo y al exhalar permite que los hombros se relajen,
Que la mandíbula se afloje.
Que el entrecejo descanse.
Como si el cuerpo recibiera por fin el permiso de dejar de sostener tanta tensión.
No hace falta resolver nada durante estos minutos,
No hace falta tomar decisiones.
No hace falta pensar en lo que viene después.
Este momento no te pide hacer.
Solo te invita a estar.
Respira y observa como el aire sigue entrando y saliendo sin esfuerzo.
Hay una sabiduría en tu cuerpo que no necesita instrucciones.
El corazón continúa latiendo.
La respiración encuentra su camino.
Cada célula sigue realizando su trabajo en silencio,
Incluso en los días más difíciles.
Incluso cuando sientes que todo va demasiado deprisa.
Y quizás puedas permitirte descansar en esa certeza.
No todo depende de ti.
No todo necesita ser resuelto hoy.
No todo requiere una respuesta inmediata.
Y permanece unos instantes respirando sin prisa.
Como si poco a poco el ritmo del mundo comenzara a alejarse.
Y simplemente queda este instante.
La respiración.
El cuerpo.
Y la posibilidad de regalarte un poco más de cuidado del que quizás te has estado ofreciendo últimamente y quiero invitarte ahora a observar como has llegado hasta este momento.
Sólo observando.
Quizás hoy el cuerpo se siente ligero o quizás arrastra un poco de cansancio.
Quizás la mente está tranquila.
O quizás llena de pensamientos.
Todo lo que aparezca tiene permiso para estar aquí.
No hace falta cambiarlo.
A veces nos despertamos creyendo que deberíamos sentirnos de otra manera.
Con más calma.
Con más energía.
Con más motivación.
Con más ilusión.
Con más paciencia.
Como si hubiera una forma correcta de vivir cada día y cuando eso no ocurre Comenzamos a exigirnos,
A compararnos,
A pensar que deberíamos poder con más.
Pero si por unos minutos dejaras de pelearte con el día que tienes simplemente para habitarlo con un poco más de amabilidad.
Respira profundo.
Y permite que esa pregunta permanezca unos instantes dentro de ti.
Tal vez hoy no sea un día para correr.
Tal vez sea un día para ir un poco más despacio tal vez no sea un día para exigirte sino para escucharte.
No todos los días están hechos para avanzar a grandes pasos.
Hay días que simplemente nos invitan a respirar,
A descansar,
A recuperar fuerzas.
A volver a poner los pies en el presente.
Y esos días también tienen un enorme valor.
Aunque el mundo no siempre lo reconozca.
Y ahora piensa por un momento en alguien a quien quieres profundamente Una persona que tal vez esté viviendo un día difícil.
¿Cómo le hablarías?
Seguramente no le pedirías que sonriera a la fuerza.
No le exigirías que hiciera más.
No le recordarías todo lo que le falta todavía.
En su lugar probablemente le dirías está bien no pasa nada Ve poco a poco.
Ya estás haciendo suficiente por hoy.
Y ahora quiero invitarte a ofrecerte esas mismas palabras,
Porque también las mereces.
Quizás puedas decirte en silencio,
Hoy no necesito hacerlo todo.
Hoy puedo bajar al ritmo sin sentir culpa.
Hoy puedo ofrecerme un poco más de compasión.
Hoy puedo acompañarme con más cariño.
Y permite que cada frase encuentre su lugar.
Sin repetirla por obligación,
Solo dejando que resuene si la necesitas.
Respira.
Y siente como el cuerpo responde cuando dejas de luchar,
Aunque sea durante solo unos minutos.
Quizás la respiración se vuelve un poco más amplia.
Los hombros descansan un poco más el pecho encuentra más espacio.
Y no porque todo haya cambiado.
Sino porque tú has cambiado la forma de estar contigo.
Hay una enorme diferencia entre exigirse constantemente y sostenerse con amabilidad.
La exigencia aprieta.
Y la amabilidad abraza.
Y muchas veces es desde ese abrazo donde recuperamos las fuerzas para seguir caminando.
Permanece unos instantes más respirando sin hacer nada más simplemente permitiendo que este momento sea suficiente.
Quizá descubras que no necesitas sentirte bien para tratarte con amabilidad.
No necesitas que desaparezcan todas las preocupaciones para regalarte un momento de calma.
No necesitas esperar a que llegue un día perfecto para empezar a cuidarte.
Puedes empezar aquí con este mismo instante,
Con esta respiración.
Y lleva ahora,
Si así lo sientes,
Una mano al centro del pecho Percibe el suave contacto de tu mano.
El calor que emite.
La respiración moviéndose bajo ella.
No hace falta decir nada.
A veces un gesto sencillo también puede convertirse en una forma de cuidado.
¿Y si hay alguna parte de ti hoy que se sienta cansada?
Abrazala con ternura.
Si hay una parte que se siente confundida.
Permítele descansar por un momento.
Si hay una parte que siente miedo.
Recuérdale que no tiene que atravesarlo todo en soledad.
Respira profundamente y siente que con cada inhalación haces un poco más de espacio dentro de ti.
Y con cada exhalación aflojas un poco la exigencia,
La prisa.
La necesidad de llegar a ser una versión diferente.
No esperes a convertirte en una versión mejor de ti para empezar a tratarte con cariño.
La persona que hoy necesita ese cuidado ya está aquí.
Eres tú.
En este instante.
Y poco a poco comienza a sentir nuevamente el lugar donde te encuentras la temperatura del aire.
Los sonidos.
Puedes hacer una respiración un poco más profunda y comenzar a mover suavemente los dedos los pies,
Las manos.
Estirate si el cuerpo te lo pide.
Vuelve a tomar una respiración profunda y cuando lo sientas abre lentamente los ojos sin prisa.
Llévate de esta práctica una intención sencilla la de habitarte con un poco más de amabilidad.
La de respetar tu propio ritmo.
La de recordar que no todos los días tienen que ser extraordinarios para tener valor.
Hay días para celebrar.
Hay días para aprender.
Hay días para descansar.
Y todos ellos forman parte del camino.
Muchas gracias por regalarte este momento
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