
El anciano y el joven cazador
La historia del anciano y el joven cazador cherokee nace en el contexto de la tradición oral de los pueblos nativos de Norteamérica, donde la sabiduría no se transmitía mediante discursos directos, sino a través de metáforas y lecciones de la naturaleza. El joven representa la incertidumbre de quien se enfrenta a la vida adulta y a la responsabilidad de sostener a su comunidad, mientras que el anciano encarna la memoria ancestral y la conexión con la tierra. En este escenario, el bosque, los árboles y los elementos naturales se convierten en maestros silenciosos, recordándonos que la confianza en uno mismo y en el camino que nos toca recorrer es un reflejo de la confianza que la propia naturaleza tiene en su proceso.
Transcripción
La historia del anciano y el joven cazador Un joven Cherokee,
Lleno de dudas,
Se acercó al anciano de la tribu una tarde de otoño.
Los vientos habían soplado fuerte durante días y las hojas secas cubrían el suelo como un manto dorado.
El joven,
Con el corazón inquieto,
Dijo,
—Padre sabio,
Tengo miedo.
Pronto deberé salir a cazar y mantener a mi familia.
Temo no ser lo suficientemente fuerte.
Temo equivocarme en el camino.
No sé si tengo la sabiduría necesaria para guiar mi vida.
El anciano lo miró en silencio.
No respondió de inmediato,
Sino que se levantó lentamente y lo invitó a caminar hacia el bosque.
Caminaron en silencio durante un buen rato,
Escuchando el canto de los pájaros y el crujir de las ramas bajo sus pies.
Finalmente llegaron a un lugar donde un árbol joven crecía junto a una enorme roca.
Sus ramas eran torcidas,
Algunas heridas por el viento,
Pero aún así el árbol se erguía buscando la luz.
El anciano golpeó suavemente el suelo con su bastón y señaló al árbol.
—Mira bien este árbol —dijo.
No eligió dónde crecer.
La roca lo obligó a torcerse.
El viento lo golpeó.
La lluvia lo inclinó.
Y sin embargo,
Aquí está.
No luchó contra la roca ni se quebró con el viento.
Simplemente siguió creciendo,
Confiando en que la tierra le daría lo que necesitaba.
El joven lo observó en silencio,
Tratando de comprender.
El anciano entonces continuó.
Nosotros,
Los hombres,
Olvidamos esta verdad.
Pensamos demasiado,
Dudamos de nosotros mismos.
Creemos que debemos tener todas las respuestas antes de dar un paso.
Pero sabes,
La naturaleza no duda.
El río no se pregunta si llegará al mar.
Simplemente fluye.
El sol no cuestiona si volverá a salir mañana.
Simplemente aparece.
Y el árbol no pide permiso para crecer.
Solamente crece.
El anciano puso entonces su mano sobre el hombre del joven y le habló con una voz firme y cálida.
—Dentro de ti ya tienes lo necesario.
El gran espíritu no hace nada incompleto.
Tus dones y tu fuerza ya están en ti,
Pero los verás solo si confías en tu camino.
La tierra sostiene tus pasos,
El viento alimenta a tu espíritu y los ancestros te acompañan.
¿Por qué habrías de dudar de ti si toda la creación confía en sí misma?
El joven sintió que el peso en su pecho comenzaba a aliviarse.
Respiró profundo,
Como si por primera vez el aire del bosque entrara en su ser con plenitud.
El anciano cerró los ojos,
Inhaló también y dijo,
—Confía en ti como confías en el aire que respiras.
Confía en la tierra como confías en el latido de tu corazón.
Cuando dudes,
Escucha a la naturaleza,
Porque ella es el espejo de tu propia sabiduría.
Y cuando escuches a la naturaleza,
Escucharás entonces tu verdadera voz.
Conoce a tu maestro
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