
Cuentos Orientales y Sufís Para Dormir Delicioso - Parte 2
by Daniel Yvker
Esta es la segunda parte de la lectura de cuentos tradicionales orientales y sufís que con suerte, te ayudarán a descansar y con los que al mismo tiempo, tal vez incluso de manera inconsciente, podrás interiorizar algo de esta notable sabiduría.
Transcripción
Hola,
Yo soy Dan,
Te doy la bienvenida a esta segunda parte de lectura de cuentos orientales y sufís para dormir delicioso.
Recuéstate en tu cama,
Toma una postura cómoda Notando las sensaciones de contacto de tu cuerpo con la cama,
Tu cabeza con la almohada Tomando conciencia del ritmo natural de tu respiración con cada inhalación Notando las sensaciones de tensión que estén presentes en tu cuerpo en este momento Con cada exhalación permite que se desactiven,
Que se derritan,
Que se fundan La sopa de Hassan Hassan,
Hombre rico y poderoso,
Abandonó su fortuna y su rango para estudiar con el maestro Abdul Efendi A pesar de todo el trabajo y de la evolución que llevó a cabo al lado de Abdul Efendi Este observó que no se liberaba de su orgullo,
Defecto que le venía de la muy elevada posición que ocupaba con anterioridad Efendi decidió darle una pequeña lección,
Le llamó y le dijo Ve al mercado y tráenos 40 kilos de tripas de cordero,
Pero debes traerlas cargándolas sobre tus espaldas Hassan se fue al punto hacia el mercado,
Que estaba situado en el otro extremo de la ciudad Una vez allí,
Compró las tripas y las cargó sobre sus espaldas Sanguinolientas como estaban,
No dejaron de mancharle la cabeza y los pies Y fue en este lamentable estado,
En el que se vio obligado a atravesar media ciudad,
A fin de hacer entrega de su cargamento Era conocido como un hombre muy rico,
Cada transeúnte con el que se topaba,
Le hacía pasar un verdadero suplicio Lo más que trataba de no parecer preocupado,
Sentía una profunda humillación A su llegada,
El maestro le ordenó que llevara las tripas a la cocina,
Para que prepararan con ellas una sopa para toda la hermandad Pero el cocinero anunció que no tenía un caldero lo bastante grande,
Que pudiera contener semejante cantidad de despojos Eso no es ningún problema,
Repuso el maestro mirando a su discípulo Ve a ver al charcutero de la hermandad,
Y pídele que nos preste un caldero Y Hassan,
Totalmente manchado como iba de la cabeza a los pies,
Se vio obligado a dirigirse al establecimiento del charcutero Que estaba situado en el otro extremo de la ciudad,
Cada transeúnte que se cruzaba en su camino,
Sometió su orgullo a dura prueba Fortificado por tanta humillación,
Bajó el caldero a la cocina,
Y acto seguido fue a limpiarse El maestro le llamó y le dijo,
Ahora vuelve a hacer el camino del mercado,
Y pregunta a todos los transeúntes con los que te cruces,
Si han visto algún hombre llevar un montón de tripas sobre sus espaldas Él hizo la pregunta a todas las personas con las que se cruzó,
Y todas le respondieron negativa o muy evasivamente Nadie había visto a ese hombre,
Todos los que le habían visto no se acordaban ya de su cara De vuelta a la hermandad,
El maestro le pidió que repitiera la experiencia a lo largo del camino del charcutero El resultado fue idéntico,
Nadie se había fijado en un hombre manchado de sangre que llevaba un caldero San informó a Abdul Efendi del resultado de su pesquisa,
Este observó,
Como ves,
Nadie te ha visto Tu creías que la gente se fijaba en tu vestimenta,
Pero no era así Eras tú quien proyectaba tu mirada en los demás Esa misma noche,
El maestro dio una gran fiesta,
Y convidó a sus invitados a tomar la sopa diciendo Haz con nosotros esta noche la sopa de la dignidad y la grandeza de Hassan el barrendero y el diamante El barrendero de Alejandría encontró mientras limpiaba una acera una magnífica piedra preciosa Pensó maravillado,
¿será un diamante?
Iré a ver al joyero para que la examine Se dirigió al punto a ver al experto,
Este le dijo,
Es efectivamente un diamante El problema es que aquí nadie podrá decirte su valor,
Para saberlo tendrías que ir a Inglaterra ¿A Inglaterra?
Respondió el barrendero atónito,
¿Puedo ir yo allá?
Espabilate,
El hombre vendió todo cuanto tenía,
Fue a ver a un pirata que poseía una nave y le dijo Tengo más que este diamante,
Y es preciso que vaya a Inglaterra para que me lo valore Pagaré una vez allí,
Cuando el pirata aceptó,
Ordenó a la tripulación que le dieran el mejor camarote Y rodeó de respeto a su nuevo viajero,
Pues se trataba de un hombre rico El viaje se desarrolló tranquilamente,
Pero un buen día,
Tras haber comido El barrendero se durmió en la mesa,
Puesto cerca de él,
Sueño,
Tripulación a limpiar el camarote Él sin prestar atención,
Lo sacudió por encima de la borda,
Y el diamante desapareció junto con las migajas en el océano Al despertar,
El árabe se sintió morir,
Se dio cuenta de que se hallaba en una situación extremadamente precaria Ya que no tenía nada con que pagar su viaje,
Sabía lo que le esperaba Se dijo,
Si me dejo vencer por el desánimo,
Mi muerte es segura Trataré de poner buena cara al mal tiempo,
Y esperaré a ver qué pasa Y esto es lo que hizo,
De como si nada ocurriera,
Y fingió una serenidad absoluta El viaje prosiguió sin más problema,
Aunque no le llegaba la camisa al cuerpo Nuestro hombre no dejó traslucir nada,
Y el pirata se siguió mostrando tan respetuoso como antes con él Este último le dijo,
Tengo una cosa importante que preguntarle Es usted un hombre poderoso,
Siento por usted gran admiración Sabe que la nave va cargada de trigo,
El problema es que al llegar a Inglaterra,
Las autoridades no querrán confiar en mí Exorbitantes,
Tal vez me digan que esta carga la he robado No sé qué problemas me van a crear,
Pero a fin de evitarlos,
¿me permitiría usted poner este cargamento a su nombre?
El barrendero aceptó sin discusión,
El pirata añadió En Inglaterra ya lo arreglaremos,
Le daré una comisión El pirata le hizo firmar distintos papeles,
Que hicieron al árabe propietario de toda la carga Una vez en Inglaterra,
El pirata vendió su cargamento a muy buen precio Se vio en posición de una gran fortuna,
Por un repentino ataque cardíaco Murió justo después,
El producto de la venta fue a parar entonces a nuestro barrendero Que finalmente se salió con la suya y se hizo rico El rey mendigo,
Un país oriental,
Un rey es tan amado por sus súbditos Que cada noche,
Duerme en un lecho de flores frescas,
Que sus súbditos han cortado para él Anoche,
Al oír pasos sobre el tejado del palacio,
Se despierta Sube a él y ve a dos seres misteriosos,
Que parecen estar buscando algo ¿Qué andáis buscando por aquí,
A una hora tan tardía?
Les preguntan ¿Estáis locos?
¿Cómo queréis encontrar un camello sobre este tejado?
¿Encontrar a Dios,
En un lecho de flores frescas?
Les responden ellos Una revelación en el rey,
Que abandona al instante su palacio Para hacerse monje mendicante y estudiar con un maestro Que es tejedor,
Se niega a aceptarle,
En vista de su condición regia El último insiste,
Arguyendo que no es sino un mendigo Acaba por dejarse convencer,
Y le permite quedarse con él Durante cinco años,
Se dedica a limpiar las telas con humildad La mujer del maestro,
Apiadada de él,
Le dice un día a su esposo Tu discípulo,
Parece ser merecedor de la iluminación Déle la sabiduría,
Eso es lo que él quiere ¿No está preparado?
Le responde el tejedor Claro que lo está,
Replica la mujer Estás equivocado Cuando pase por debajo de tu ventana Arrójale la basura sobre la cabeza Y verás Poco más tarde,
Aprovechando que el discípulo pasa por debajo de su ventana La mujer le arroja el cubo de la basura sobre la cabeza Ubierto de desperdicios,
El discípulo la mira con un enojo y exclama Si fuera rey,
No me habrían hecho nunca una cosa así Entonces el maestro concluye Como puedes ver,
No está todavía preparado Cinco años más tarde,
El maestro le hace saber a su mujer Ahora,
Mi discípulo está por fin preparado Pero si está igual que antes Haz lo mismo que la otra vez y verás El discípulo pasa por debajo de la ventana Se ve cubierto de porquería Levanta la cabeza y declara Bendito sea aquel que me ha arrojado esta basura Acabo de darme cuenta de que mi espíritu está lleno aún de ella Y he de liberarme de lo que lo invade Entonces el maestro le dice Ven,
Voy a iniciarte Y luego regresarás a tu mundo Que va a necesitar de tu sabiduría Algún tiempo después,
Abandona a su maestro Y en vestimenta de mendigo,
Regresa hacia su antiguo reino Mientras está haciendo sus abluciones a orillas de un río Su primer ministro,
Que ha partido de casa Se cruza con él y le reconoce Es un hombre bueno y fiel Le dice al rey Durante doce años he cuidado de vuestros hijos Del palacio y de todos los asuntos del reino Regresad,
Oh rey mío,
Vuestro es todo Mira esta aguja,
Le responde el rey mendigo Saca una aguja,
La arroja al río Y luego le dice a su primer ministro Ve a buscarla,
Pero si ello es imposible,
¿por qué?
Necesitaría años para conseguir buscar por todo el río Y aún así,
Tengo mis dudas de que fuera a encontrarla algún día Posee un millón de agujas en la capital Venid,
Y os las daré todas No,
Es esa la que yo quiero Pero eso es imposible ¿Imposible?
Mira,
El rey se inclina sobre la orilla del río Canta una melopea misteriosa,
Como saben hacerlo los gurús Un pececillo saca la cabeza del agua al rey Se vuelve entonces hacia su atónito ministro Le muestra la aguja y le dice ¿Ya lo veis?
¿Qué necesidad tengo yo de poseer un reino?
¿He encontrado la verdad?
El elefantillo grupo de derviches Llevaba andando varios días Sin haber encontrado nada que llevarse a la boca Con los estómagos vacíos Los religiosos soñaban más con los alimentos terrestres Que con la elevación espiritual De repente acertó a pasar cerca de ellos Un elefantillo que cruzó el camino Algunos pasos más lejos Un sabio que estaba meditando Les puso en guardia Os advierto que no debéis comeros a este pequeño animal Pues os arriesgáis a lamentar lo amarga Los derviches ofuscados Les respondieron que semejante idea Ni siquiera les había pasado por la cabeza Sin embargo Como hubieron perdido de vista al sabio Atrajeron al elefantillo Y lo mataron Lo asaron Y se lo comieron Uno de ellos se negó a participar en la matanza del animal Lamentarse de él Saciados Los otros hombres se acostaron y se durmieron El que no había comido Estaba medio adormecido Cuando vio una inmensa sombra Acercarse silenciosamente Era la madre del elefantillo Esta paseó su trompa por encima de él Olfateó su aliento y luego se alejó A continuación Se dirigió hacia donde estaban los otros derviches A los que olfateó a su vez Después de haber reconocido en el aliento de estos hombres El olor de su pequeño Los pisoteó a todos ellos El único superviviente Fue aquel que se abstuvo Las uvas Un persa Un árabe Un turco Y un griego Hambrientos Andan errantes por el desierto Soñador El persa evoca El sabor de los angurs En ese mismo momento
Conoce a tu maestro
4.6 (205)
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