
Anécdotas de los maestros griegos
"Anécdotas de los Maestros Griegos," exploramos fascinantes y enriquecedoras historias de los grandes filósofos de la antigua Grecia. A través de estas anécdotas, descubriremos las enseñanzas y lecciones de vida de figuras emblemáticas. Estas historias no solo nos ofrecen una mirada íntima a la sabiduría y el ingenio de estos maestros, sino que también nos invitan a reflexionar sobre cómo podemos aplicar sus valiosas enseñanzas en nuestra vida cotidiana. Únete a nosotros en este viaje al pasado y deja que la sabiduría de los antiguos griegos ilumine tu camino hacia una vida más plena y consciente.
Transcripción
Los griegos llamaron a autarquía a la capacidad de gobernarse a sí mismos.
Epicteto decía,
¿puede obligarte a alguien a desear lo que no quieres o a no pensar lo que se le antoje?
La consigna de ser autosuficiente nada tiene que ver con actitudes arrogantes y narcisistas.
Se trata de algo más básico y esencial,
Vivir sin amos.
Cualquiera puede convertirse en tu amo si éste posee algo que tú no tienes y quieres tenerlo a toda costa.
Necesito que me apruebes,
Necesito que me ames,
Necesito tu dinero,
Necesito tu prestigio o necesito tu protección.
La clave del autogobierno psicológico se puede resumir en esta expresión,
Si solo deseo lo que depende de mí,
¿quién podrá esclavizarme?
Duros de doblegar.
No todo da lo mismo.
Hay principios que tenemos que defender,
Creencias por las cuales vale la pena luchar.
La mayoría de los maestros griegos eran asertivos y enfáticos a la hora de expresar sus opiniones y sentimientos,
Y esta actitud de firmeza se veía reflejada en un sinnúmero de situaciones y anécdotas que todavía hoy golpean nuestros esquemas.
Cuentan que Diógenes tenía por costumbre entrar al teatro chocando con la gente que salía de ver el espectáculo.
Al preguntarle por qué hacía esto,
Se limitaba a decir,
Esto es lo que trato de hacer toda mi vida.
Aristipo,
Uno de los discípulos de Sócrates,
Había asistido a un banquete y siendo requerido de mala manera por el anfitrión para que hablara de filosofía,
Le respondió,
Sería ridículo que siendo tú el que aprendes de mí,
Me digas cuándo debo hablar.
Ante esta respuesta,
El hombre se enojó y lo envió a ocupar el último extremo de la mesa.
Entonces Aristipo expresó,
Comprendo,
Has querido dar más realce al último puesto.
Los antiguos filósofos no tenían espíritu de mártires y si había que dejar sentado su punto de vista o protestar por algo,
Lo hacían abiertamente y de frente.
Dos ejemplos.
En cierta ocasión Diógenes asistió con la cabeza en medio a feitar a un banquete donde unos jóvenes lo agredieron y apalearon.
Entonces en protesta comenzó a pasearse con una tablilla blanca colgada al cuello donde había escrito los nombres de los que le habían pegado.
De esta manera reivindicó la injuria,
Exponiéndolos a la censura y al desprecio de todos.
Crates posiblemente siguiendo el ejemplo del maestro hizo algo similar.
Habiendo irritado al músico Nicódromo,
Recibió un bofetón y le dejó la cara marcada.
Entonces se pegó en la frente una tablilla que decía obra de Nicódromo.
Nunca he tratado de hacer ese ejercicio pero no me han faltado ganas y no pienso en los agresores físicos sino en los timadores,
Los maleducados y los que no se utilizan o manipulan en el mundo de la compra y venta.
Creo que el sueño de cualquier consumidor maltratado es poder pasearse de lado a lado de la cena con cara de manifestante circunspecto y ofendido frente al lugar donde fue agraviado con un cartel que diga si eres masoquista entra.
Desplazarse en el más absoluto silencio escribiendo la consigna escrita la meta,
Sentar un precedente,
Ahorrarse varias horas de terapia,
Ser solidario con las nuevas víctimas.
La libertad de los peces.
¿Cuánto vale tu libertad?
Preguntaba Epicteto que era esclavo.
Es evidente que nadie es completamente libre y por eso la consigna que parece haber funcionado por siglos es la de la reciprocidad.
Ajustas tu libertad para no afectar la mía y yo hago lo mismo.
Un doble autocontrol sincronizado.
El problema se presenta cuando la vida es aprisionada y limitada en lo fundamental y los acuerdos son imposibles.
Epicteto comentaba acerca de los intentos de Diógenes para que el rey de los persas no invadiera la ciudad de Atenas.
Diógenes no puedes esclavizar a la ciudad de Atenas no más que a los peces.
Rey ¿pretendes que no los capture?
Conoce a tu maestro
4.6 (18)
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