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Shamata en La Respiración

by Andrea Halaby

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Meditación
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La meditación shamata (o samatha) es una práctica budista que significa "Morar en calma" o "Habitar la Presencia". La idea es calmar la mente a través de la concentración en un objeto puntual, como la respiración, para desarrollar tranquilidad y estabilidad mental. Es una manera de cultivar la atención plena, los pensamientos y las emociones. Una forma de volver al centro y habitar la presencia. Música maravillosa creada por Pablo Villegas, especialmente para una serie de meditaciones canalizadas por mí y grabadas por mí en su estudio.

Transcripción

Shámata significa habitar la presencia en sánscrito.

Habitar la presencia para volver al cuerpo,

Para tenerlo en calma.

Es una práctica para atender un objeto puntual y tener la mente enfocada en ese lugar,

Para que no esté dispersa,

Para que no sienta angustia,

Para que no se vaya hacia el mañana o hacia el pasado.

Y logremos esa atención plena que da el estar centrado en un objeto único.

En esta práctica,

Ese objeto va a ser la respiración.

Una práctica que en muchas culturas hacen como ritual del día o como forma de vida.

Esta meditación idealmente se hace sentado.

Puede ser en una silla,

En un sofá,

En la cama,

Pero tener un poco de postura para evitar el sueño.

Nos acomodamos,

Que los hombros queden cómodos,

Que las piernas estén en una buena posición,

Que la columna esté recta,

Que tengamos buenos soportes hacia los lados.

Inclusive la cabeza puede estar apoyada,

Pero en una postura un poco más recta.

Y nuestro objeto en esta práctica va a ser la respiración.

Más adelante ustedes pueden coger una frase,

Una palabra,

Una imagen,

Alguna parte del cuerpo y convertirla en ese objeto a la que van a volver una y otra vez con total devoción durante estos minutos.

Pero en este instante es la respiración.

Es ese punto por el que la respiración entra por primera vez al cuerpo.

Vamos a escoger ese lugar.

Vamos a escoger si queremos que sea la punta de la nariz,

O el borde de las fosas nasales,

O la piel que hay entre la nariz y los labios.

Como si nos tocara escoger un milímetro cuadrado de piel.

Y ese va a ser nuestro objeto de meditación.

Y vamos a volver a él una y otra vez,

Con dulzura,

Con tranquilidad,

Si la mente se va para un pensamiento,

Para una idea,

Para algo pendiente.

La volvemos a traer una y otra vez,

Las veces que sea necesario.

Y respiramos despacio,

Profundo y lento,

De una manera sutil.

Pero con determinación.

Llevando ese aire al fondo del estómago,

Pasándolo por los pulmones.

Pero muy conscientes de ese lugar que escogimos,

Ese milímetro cuadrado de piel.

Y somos conscientes qué pasa en la inhalación en ese lugar.

Se siente más frío.

Se siente que se mueve.

Se siente quieto.

¿Y qué pasa cuando sale el aire por la nariz?

¿El aire a otra temperatura?

¿Qué sentimos en ese lugar que es diminuto pero a la vez es gigante?

Que en ese momento es nuestro único objeto de atención.

Que el mundo afuera es transparente.

Y lo único que importa es este lugar.

Y vamos a contar hasta diez.

Diez inhalaciones.

Y cada vez que inhalamos,

Contamos uno.

Siguiendo ese punto de respiración puntual.

Y exhalamos despacio.

Y luego cuando volvamos a inhalar,

Seguimos al número dos.

Pero todo el tiempo poniendo el punto de atención en ese lugar.

Y me voy a quedar en silencio unos segundos.

Para que vamos contando con atención plena.

Y volvemos a ese punto de atención.

Soltamos el conteo.

Y ya solo nos importa inhalar y exhalar.

Ya no le ponemos atención a los pulmones o al estómago.

Ya solo le ponemos atención a ese milímetro que hemos escogido.

Como si fuera lo único urgente en este instante.

Podemos dirigir la mirada,

La atención,

El foco a ese lugar.

Y persistimos en encontrar ese punto.

Aunque la mente se vaya a pensamientos,

A emociones,

A situaciones.

Volvemos una y otra vez.

Porque así estamos entrenando nuestra mente para que atienda los pensamientos que queremos que atienda.

Porque así le recordamos a nuestra mente que puede estar en quietud.

Que habitarnos en presencia es habitarnos en calma.

Y volvemos a ese punto una y otra vez.

Puede ser difícil,

Puede ser inclusive aburrido.

Pero es la forma de entrenar nuestra mente para que funcione a favor nuestro.

Y volvemos a ese punto una vez más.

Con los sentidos todos magnificados hacia esa respiración que estamos teniendo en ese lugar.

La forma en la que entra el aire,

El olor del aire,

La temperatura,

La textura,

La forma de ese aire.

Y sentimos como vuelve y sale con otra forma distinta.

En otra temperatura y sabemos que ese aire que respiramos nunca,

Jamás en la vida,

Lo vamos a volver a inhalar.

Que fue un instante,

Un suspiro,

Una inhalación que nunca se va a repetir.

Que nuestro cuerpo nunca va a ser igual.

Que ese respiro que estamos teniendo en este instante es único.

Y ponemos la atención en ese lugar,

En esa presencia absoluta.

En la mente en calma.

En la mente que persiste.

Que insiste.

Y que se va cultivando.

Y pueden regresar a una respiración tranquila,

Natural.

A mover un poco los hombros y la cabeza.

Y los brazos y las piernas.

Y regresar a casa.

O se pueden quedar un rato más persistiendo,

Dominando,

Desde la compasión,

La atención plena.

Gracias.

Gracias.

Gracias.

© 2026 Andrea Halaby. All rights reserved. All copyright in this work remains with the original creator. No part of this material may be reproduced, distributed, or transmitted in any form or by any means, without the prior written permission of the copyright owner.

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