
Cuando no sabes qué hacer con lo que sientes
Hay momentos en la vida en los que no sabemos qué hacer con lo que sentimos. No porque estemos fallados, sino porque nadie nos enseñó a estar con emociones como el fracaso, la decepción o el vacío. Este audio es una invitación a mirar esas emociones no como un error personal, sino como el contacto con una parte de la vida para la que no siempre hay mapa. Este audio acompaña ese momento en el que el marco habitual ya no alcanza.
Transcripción
La sociedad refuerza ciertas narrativas.
Éxito es igual a valor,
Logro es igual a identidad.
Por eso el fracaso,
Por ejemplo,
No duele solo por lo que pasó,
Sino por lo que simboliza.
Cuando sentimos emociones o sensaciones como el fracaso,
La decepción,
La novalía,
La tristeza profunda,
La culpa,
Estamos viviendo sensaciones,
Percepciones o emociones que no se enseñan en el colegio.
El fracaso,
Por ejemplo,
No se puede poner en el currículum,
Por eso queda fuera del lenguaje común.
No es que esté prohibido sentirlo,
Es que no hay espacio ni un marco para encuadrarlo,
No hay un contenedor.
Son sensaciones o percepciones o emociones que no han sido celebradas y que no suelen tener espacio en nuestras vidas.
Estamos viviendo lo salvaje de la vida,
Lo violento,
El desmoronamiento de ideas y conceptos que hemos aprendido.
Cuando aparece el fracaso,
La vergüenza,
La decepción,
La novalía,
No estás fallando ni te estás rompiendo,
Estás entrando en una zona de la vida real,
Una zona no domesticada,
No pedagógica,
No confortable,
Incómoda.
Es la vida cuando deja de ser explicada,
Pasada por la mente y comienza a ser encarnada,
A ser vivida.
El verdadero problema no es que haya una parte de la vida que sea dura,
Es que normalmente la vivimos solos,
Sin mapa,
Sin relato,
Sin sentido,
Sin permiso.
Tenemos la creencia de que si somos buenos,
Si nos esforzamos,
Conseguiremos lo que queramos.
O sea que la vida nos recompensará y será buena con nosotros.
Pero esa promesa no existe en la vida real.
La vida no es una madre amorosa y no es coherente desde el punto de vista mental.
Desde otro punto de vista más abierto,
Más espiritual sí que lo es,
Pero desde la mente no.
Y no es justa.
A veces quita,
Corta,
Interrumpe,
Deja sin suelo,
Te despoja quitándote lo que creías necesario y te deja sin formas conocidas.
No porque no seas bueno no te está castigando,
No porque hayas fallado,
Sino porque la vida,
Y esto es muy importante,
La vida también opera desde la pérdida.
La vida nutre y construye desde la carencia.
Y el verdadero crecimiento no sólo durante el día,
Sino también por la noche.
Hemos confundido la vida con nutrición,
Crecimiento,
Bienestar,
Expansión,
Pero en la vida también hay poda,
Muerte y contracción.
Entonces,
Todas estas sensaciones que decíamos de fracaso,
De novalía,
De vacío,
De culpa,
De duda,
No son un error psicológico.
Son el contacto con una zona de la vida que no ha sido domesticada por el lenguaje o la pedagogía.
¿Por qué?
Porque contradice las narrativas típicas como que una persona que es extrovertida o muy sociable,
Eso significa éxito relacional.
O que cuanto más produces más vales,
Que tu valor está en lo que produces.
O contradice el relato del mérito.
Entonces,
Estas emociones incomodan al sistema productivo,
No generan un buen discurso.
Significa que no sabemos cómo nombrar todo esto y por ende tampoco sabemos cómo integrarlo,
Cómo atravesarlo.
Y lo vivimos como algo amenazante,
Que invade nuestra identidad y empezamos a creer que nuestra identidad tiene que ver con lo que producimos y por lo tanto si producimos mucho valemos más,
Si producimos menos valemos menos.
Empezamos a creer que somos tontos,
Que tal vez somos erróneos y por eso comenzamos a tener un discurso violento con nosotros.
No porque sea verdad,
Sino porque no hay otro idioma disponible.
No hay un contenedor que recoja este tipo de emociones ni un espacio disponible donde esto se pueda mover.
Nadie nos dijo que esto también pasa,
Que a veces nos vamos a sentir así,
Ni nos enseñaron cómo atravesar este tipo de emociones,
Ni nos mostraron por ejemplo que que tú fracases no es un indicativo de un fracaso personal o que no seas válido.
Entonces todo esto lo vivimos como excepciones,
Como anomalías,
Como errores,
Cuando el error común es creer que si me siento así es porque yo tengo un problema.
La mayor parte de las veces lo que ocurre es estoy en una zona de la experiencia humana que no tiene lenguaje ni pedagogía suficiente para explicar lo que yo estoy sintiendo en este momento.
Es decir,
No existe un contenedor que incluya lo que yo siento y entonces el lenguaje habitual lo que dice es si das un paso hacia adelante en tu vida deberías estar contento y no sentir miedo.
O si tomas una decisión,
Pones un límite,
Deberías sentirte siempre fuerte por haber puesto ese límite.
Pero ¿y qué pasa con la duda y con el miedo?
Lo que nos dice nuestro contenedor habitual,
Nuestro lenguaje habitual,
Es que si tengo miedos es porque soy débil,
Etcétera.
Entonces el miedo no cabe,
No tiene lugar para la expresión y se vive en secreto o se convierte en vergüenza o se traduce en no soy suficiente.
Es decir,
Que no hay espacio donde el fracaso,
El miedo,
La decepción,
La sensación de vacío,
De duda sea legítimo.
Todas estas sensaciones de las que hablamos no son patologías,
No son señales de incapacidad,
Es el contacto con una zona de la vida adulta que no está suficientemente nombrada.
No hay espejos donde podamos ver reflejados en otros seres humanos lo que nosotros sentimos porque normalmente no dejamos verlo,
Ni tampoco nos sentimos acompañados.
Esta es la zona de la experiencia donde estamos sin garantías de que algo vaya a salir bien sin certezas,
No sabemos si vamos a poder o no,
Esa es la vida real.
Estas sensaciones de fracaso,
De decepción,
Etcétera,
Aparecen cuando llegamos a un borde o a la frontera y se cae una fantasía de control o de identidad que ya no vale,
Que ya no nos sirve.
Son señales de borde el momento en el que la realidad contradice una expectativa básica sobre cómo iban a ser resueltas las cosas para nosotros.
O lo que decíamos antes,
El idioma que hemos aprendido ya no nos sirve en la experiencia que estamos atravesando en este momento.
El límite al que hemos llegado es,
No todo depende de mí,
No todo puede resolverse con méritos,
No todo se abre aunque yo quiera.
Que yo tome una decisión que aparentemente me beneficia no significa que no duela,
Que yo me expanda en la vida no significa que no tengan miedo.
El borde es el lugar donde se cae la ilusión básica,
Ese momento en el que nos damos cuenta de que no tenemos control absoluto sobre la vida.
El borde también puede ser estar en el espacio de la contradicción,
Es decir,
Quiero hacer cosas en la vida,
Quiero cumplir muetas,
Sueños,
Pero a la vez estoy muy asustado para dar pasos.
La mayor parte de las emociones nos llevan al mismo punto.
No puedes evitar la pérdida y no puedes controlar el resultado.
Estas sensaciones nos llevan a romper ese borde.
Me esforcé y aún así no obtuve lo que quise.
Intenté ser más simpática,
Más extrovertida y aún así sigo sintiéndome fuera,
Sigo sintiendo que no pertenezco.
La mente nos hace creer que el problema somos nosotros,
En lugar de entender que en la vida a veces uno no consigue lo que quiere.
La dureza hacia nosotros mismos crea una falsa sensación de estructura,
De firmeza y de identidad.
Traspasar ese borde nos deja sin relato,
Sin identidad,
Sin explicación y eso para nuestra psique es insoportable.
Resumiendo,
Lo que estas sensaciones dicen es que no soy omnipotente,
No controlo el resultado,
No puedo quedarme fuera,
Soy vulnerable.
Y cuando aparece el fracaso no es que yo no valga,
Es que me encuentro de frente con un límite humano.
Y como no sé estar ahí,
Me ataco,
Me juzgo.
Cuando aparecen emociones intensas como el fracaso,
La decepción,
La novalía,
El vacío,
La culpa o la tristeza profunda,
No fracasa la persona,
Fracasa el marco simbólico con el que aprendimos a vivir.
Las emociones no son error,
El error es pensar que deberíamos poder resolverlas con el contenedor,
El marco,
El idioma,
El lenguaje que tenemos.
Porque nuestro lenguaje,
Nuestro idioma,
El marco,
El contenedor en el que hemos sido educados no tiene instrucciones para este tipo de experiencias,
No tiene las palabras adecuadas,
No ofrece una narrativa que no culpe.
Cuando no sé qué hacer con mis emociones más potentes no es porque yo falle,
Sino porque el marco en el que aprendí a vivir no sabe alojar la pérdida y la impotencia.
Mis emociones no son el problema,
Son humanas.
El problema es que nadie nos enseñó a estar ahí.
¿Y cómo sería aprender un nuevo marco,
Tener un nuevo marco o un nuevo contenedor?
Pues un lenguaje distinto,
Un ritmo más lento,
Una forma de estar sin corregirnos,
Sin ser violentos con nosotros,
Una manera de no quedarnos solos con lo que no tiene explicación.
Hay momentos en la vida en los que no hay mapa y cuando esto ocurre no siempre necesitamos dirección.
A veces solo necesitamos un lugar donde descansar un rato.
Conoce a tu maestro
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