
Dar Voz a mi Niño Interno
En esta meditación iremos a sanar a nuestro niño(a) interno a través de una mirada amorosa y una escucha atenta de lo que nuestra alma necesita y anhela para poder crecer y vivir de acuerdo a su verdadero potencial. Porque sanar está en MI.
Transcripción
Meditación.
Dar voz a mi niño interno.
En esta meditación iremos a sanar a nuestro niño o niña interno a través de una mirada amorosa y de una escucha atenta de la voz que nos habla de lo que nuestra alma necesita y anhela para poder crecer y vivir de acuerdo a su verdadero potencial.
Me coloco en una postura cómoda para mi meditación.
Inhalo profundo y cierro los ojos.
Llevo la mirada hacia adentro.
Pongo mi atención en mi respiración sintiendo el ir y venir del aire como si fuera un oleaje.
Con cada ola de aire que inhalo me voy haciendo más presente y con cada exhalación voy soltando todo lo que no pertenece a este momento.
Con cada inhalación recibo la nueva ola de energía abriéndome,
Relajándome para recibir.
Con cada exhalación me desprendo de toda la prisa el acelere,
Los pendientes y me relajo.
Y ahora con la siguiente inhalación imagino que entro en mi corazón y observo por un momento este espacio interno.
Con una segunda inhalación voy más profundo dentro de mí hasta llegar al espacio más sagrado de mi propio corazón.
Ahí en donde habita mi esencia divina.
Imagino que se abre ante mí un portal que me conduce a un hermoso jardín con un enorme árbol en el centro y rodeado de flores.
Y de pronto veo asomarse de detrás del tronco del árbol en el centro del jardín la cara de un pequeño niño o niña que me mira con sonrisa traviesa.
Empiezo a caminar hacia el árbol y mientras lo hago siento una suave brisa sobre mi piel.
Y mientras más me acerco el niño da vuelta por detrás del gran tronco y se sienta sobre la hierba.
Sentado ahí con los brazos cruzados sobre las rodillas y la cabeza agachada parece ignorarme.
Al llegar frente a él lo saludo y tomándolo suavemente de la barbilla le levanto la cara para mirarle bien.
Y al mirar de cerca los ojos de ese pequeño niño me doy cuenta de que soy yo mismo hace muchos años atrás.
Me siento frente a ese niño o niña y lo observo intrigado buscando en sus ojos y la expresión de su cara alguna pista.
Algo que me recuerde cómo me sentía yo cuando tenía unos cinco o seis años.
Le sonrío y espero ver su reacción.
Busco suavizar mi mirada limpiándola de toda severidad o juicio.
Intento mirarle tal y como me hubiera gustado que me miraran los adultos a mi alrededor en ese tiempo.
Me mantengo alerta para tajar cada juicio o pensamiento negativo que cruza mi mente sobre ese niño y vuelvo a suavizar la mirada.
Y conforme mi mirada se va suavizando la expresión de este pequeño niño va cambiando ante mis ojos.
Sus ojos se abren enorme y sé que ahora tengo su atención completa.
Y yo aprovecho para tocar suavemente su mano y mirándole a los ojos empiezo a decirle yo soy y le digo mi nombre.
Soy tú mismo unos años más tarde.
Ya he crecido y ahora soy un adulto.
Estoy aquí porque quiero escucharte porque ahora yo puedo cuidar de ti.
Dime qué necesitas de mí y guardo silencio atento para escuchar lo que mi niño interno tiene que decirme.
Sin presionarlo si no quiere hablar en este momento también está bien.
Lo invito con toda suavidad a buscar el momento adecuado para decirme qué necesita para que yo pueda dárselo.
Y en este intercambio amoroso mis manos y las del niño se han entrelazado.
Nuestras miradas también están profundamente conectadas y puedo sentir como hasta nuestra respiración y los latidos de nuestros corazones se han sincronizado.
Percibo como una energía muy suave nos va rodeando abrazando como un aro de luz de los colores del arco iris.
Mi niño y yo seguimos sumergidos uno en la mirada del otro.
Mientras nos vamos entregando al abrazo de la luz arco iris que nos acerca hasta que nos fundimos en el más amoroso y suave de los abrazos.
Inhalo y exhalo.
Me encuentro de regreso en el jardín bajo la sombra del árbol frondoso.
Miro a mi alrededor buscando con la mirada pero el niño que fui hace tantos años ha desaparecido.
Imagino que me pongo de pie sobre la hierba y de pronto escucho una suave voz hablándome desde mi interior.
Reconozco la voz del pequeño niño o niña del jardín que me habla claramente desde el interior de mi propio corazón.
Y yo conmovido coloco ahora las manos sobre mi corazón y le digo a mi niño interno estoy aquí para ti.
Nunca más te sentirás solo.
Yo me haré cargo de nuestra vida y cuidaré de ti siempre.
Estaré atento a escucharte para que me recuerdes nuestros sueños de niños para darles las alas que les hacen falta para volar.
A partir de hoy me hago cargo de mi niño interno y escucho su voz en mi corazón.
Y siento a mi niño interno sonreír y relajarse dentro de mí y yo me siento feliz y satisfecho de poder ser ahora yo mismo quien da a ese niño o niña todo lo que necesita para ser y crecer en amor.
Me permito unos momentos de intimidad conmigo mismo sintiendo el poder sanador de mi meditación.
Respiro profundo,
Reconecto con las sensaciones de mi cuerpo ahí en donde me encuentro sentado o recostado.
Agradezco la oportunidad de conectar con mi niño interno para darle voz a esa parte de mí que siempre será niña.
Inhalo profundo y al exhalar empiezo a abrir los ojos poco a poco para reconectar con el mundo de afuera y ya con los ojos abiertos percibo mi estado interno en este momento y recuerdo mantener abierto el canal de comunicación para escuchar mi propia voz porque sanar está en mí.
Conoce a tu maestro
4.7 (46)
Reseñas Recientes
Meditaciones Relacionadas
Trusted by 35 million people. It's free.

Get the app
