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Gestión del estrés, la ansiedad y la depresión.

by Pablo Cabrera

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Puntuación
4.5
Group
Actividad
Meditación
Adecuado para
Todos
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154

En esta meditación de 15 minutos se contactará con el cuerpo a través de la respiración y repetiremos un mantra que nos ayude a anclarnos en el presente. Además podremos escuchar un cuento al final que nos ayude en nuestro camino de evolución personal. Siéntate y ponte cómoda para hacer este viaje!!!

Transcripción

Bienvenida a esta meditación para gestionar el estrés,

La ansiedad,

La depresión,

Para poder tomar conciencia sobre tus dolores y reducir los dolores de cabeza,

Dolores corporales y poder residir más en el presente.

Una meditación para poder volver a ser un niño,

Una meditación para recordar cómo era ese eterno presente,

Ese eterno verano,

Esas eternas vacaciones cuando éramos pequeños.

Pues asegúrate de tener un espacio en el que nadie te vaya a molestar,

En el que nadie vaya a interrumpirte y ponte cómoda.

Puedes tumbarte o sentarte en una postura que para ti sea cómoda,

Descruzando brazos y piernas,

Entornando los ojos o cerrándolos.

Puedes apagar el móvil,

Ponerlo en modo y en primer lugar agradecerte mucho este espacio que te das.

Probablemente el silencio sea la única forma de combatir la violencia del mundo.

El silencio personal,

La meditación,

Sea la única forma de volver al instante presente y alejarnos de la ansiedad que provoca el futuro o la depresión por posibles fracasos,

Nostalgias o tiempos mejores que trae el pasado.

Esas dos enfermedades son las del futuro y las del pasado.

Futuro,

Ansiedad,

Estrés,

El pasado,

La depresión.

Pero en el presente,

Ahí sí,

Ahí se abre un espacio de eternidad donde podemos ser felices.

Pues toma una inhalación profunda,

Inhala,

Aguantas el aire cuatro segundos y lo sueltas despacio,

Soltando tus músculos,

Relajándote.

No hay ninguna prisa.

No tenemos que ir a ningún sitio.

No tenemos que hacer nada.

Libérate del tengo que y simplemente vive en el soy.

Toma otra inhalación profunda,

Inhala,

Aguantas el aire cuatro segundos y lo sueltas despacio,

Relajando todo tu cuerpo.

Suelta tus músculos,

Suelta tus piernas,

Tu cabeza,

Tus brazos,

Relaja tu rostro,

Relaja tus pómulos,

Tus labios.

Puedes entreabrir ligeramente la mandíbula.

Relaja la lengua.

Siente la luz que pasa a través de tus párpados.

Escucha los sonidos de la sala o de fuera de ella donde te encuentres,

Como haciendo una lista de todo lo que puedes escuchar ahora.

Y pregúntate cómo te sientes.

Tal vez estás contenta y alegre,

Tal vez triste y apagada,

Crispada,

Calmada.

Mira a ver cómo estás hoy.

En el silencio de tu interior te puedes decir,

Me alegro de ser quien soy.

Estoy llena,

Lleno de dones,

De talentos,

Cosas que se me da bien hacer.

Y puedes repetir,

Al inhalar siento mi calma,

Al exhalar siento mi calma,

Al inhalar siento mi calma,

Al exhalar siento la calma,

Al inhalar siento la calma,

Al exhalar siento la calma.

Y puedes repasar en tu cuerpo qué partes de tu cuerpo están doloridas,

Tensas,

Por ejemplo,

Cómo tienes tu cabeza,

Cómo está tu garganta,

Tu cuello,

Tu espalda,

Tu diafragma,

Dónde sientes tensión,

Dónde sientes dolor o estrés.

Y por otro lado,

Qué partes de tu cuerpo están relajadas,

Por ejemplo,

Tus pies.

Puedes soltar tus pies y dejar que se relajen tus piernas,

Qué hay de tus brazos.

Busca ver qué parte de tu cuerpo sí que está relajada y enfócate en ella.

Tal vez puedas sentir los latidos de tu corazón en tus manos,

Enfócate en ellos.

Y repite,

Al inhalar siento la calma,

Al exhalar siento la calma,

Al inhalar siento la calma,

Al exhalar siento la calma.

Joneyez y el barbero.

El santo Joneyez acudió a la meca vestido de mendigo.

Estando allí vio cómo un barbero afeitaba a un hombre rico.

Al pedirle al barbero que le afeitara a él,

El barbero dejó inmediatamente al hombre rico y se puso a afeitar a Joneyez y al cabo no quiso cobrarle.

En realidad lo que hizo fue además dar a Joneyez una limosna.

Joneyez quedó tan impresionado que decidió dar al barbero todas las limosnas que pudiera recoger aquel día.

Sucedió que un acaudolado peregrino se acercó a Joneyez y le entregó una bolsa de oro.

Joneyez se fue aquella tarde a la barbería y ofreció el oro al barbero.

Pero el barbero le gritó,

¿qué clase de santo eres?

¿No te da vergüenza pretender pagar un servicio hecho con amor?

A veces se oye decir a la gente,

Señor he hecho mucho por ti,

¿qué recompensa me vas a dar?

Siempre que se ofrece o se busca una recompensa,

El amor se hace mercenario.

Una fantasía.

El discípulo clamó al señor,

¿qué clase de dios eres?

¿No te da vergüenza pretender recompensar un servicio hecho con amor?

El señor sonrió y dijo,

Yo no recompenso a nadie,

Lo único que hago es regocijarme con tu amor.

Pues toma una inhalación profunda,

Inhala,

Aguántas el aire y suelta despacio y vas abriendo los ojos ligeramente,

Moviendo los dedos de los pies y de las manos,

Teniendo un pensamiento de gratitud por este rato que acabamos de compartir.

Gracias.

© 2026 Pablo Cabrera. All rights reserved. All copyright in this work remains with the original creator. No part of this material may be reproduced, distributed, or transmitted in any form or by any means, without the prior written permission of the copyright owner.

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