
Aquietar El Cuerpo Para Serenar La Mente
by The Yoger
Esta práctica guiada de kāya sthairyam, la quietud del cuerpo, te invita a encontrar una postura estable y permanecer en ella con atención. A través de la observación de las sensaciones y del impulso de moverte, aprenderás a reaccionar con menos automatismo y a cultivar estabilidad, presencia y concentración. Una práctica accesible para iniciarte en la meditación, aquietar la agitación corporal y favorecer una mente más serena.
Transcripción
Esta práctica se inspira en Kaya Esairiam.
La estabilidad.
La firmeza y la quietud del cuerpo como base para la meditación.
No se trata de inmovilizarte a la fuerza ni de aguantar.
Sino de encontrar una postura suficientemente estable para permanecer presente en ella.
Desde esa quietud atenta.
¿Iremos reconociendo tanto lo que sucede en el cuerpo?
Como los movimientos que aparecen en la mente.
Antes de comenzar,
Recuerda algo sencillo.
Meditar no consiste en dejar la mente en blanco.
Ni en fabricar una experiencia especial.
En esta práctica Vamos a entrenar la atención utilizando un soporte muy concreto.
Tu cuerpo.
Al reducir el movimiento externo,
Podemos percibir con mayor claridad las sensaciones y observar el impulso de reaccionar automáticamente ante ellas.
Ahora sí busca una postura sentada,
Estable y cómoda.
Puedes sentarte sobre un cojín,
Una manta.
Un banco de meditación o incluso una silla.
Lo importante no es la forma externa de tu postura.
Sino que puedas permanecer con cierta estabilidad.
Con la columna erguida y el cuerpo lo suficientemente relajado como para no convertir la práctica en una lucha.
Ve cerrando suavemente los ojos.
Comenzamos.
Después de escuchar estos tres toques de cuenco.
Subtítulos realizados por la comunidad de Amara.
Org Subtítulos realizados por la comunidad de Amara.
Org Subtítulos realizados por la comunidad de Amara.
Org permite que el sonido se disuelva y deja que el cuerpo termine de llegar a la postura.
Siente el contacto con el suelo,
Con el cojín o con tu silla.
Siente el peso del cuerpo descendiendo.
Y al mismo tiempo Observa la dirección natural de la columna hacia arriba.
No busques una postura rígida busca una postura viva.
Estable pero no tensa.
Atenta.
Pero no forzada.
Sigue haciendo ahora cualquier pequeño ajuste que necesites.
Quizás colocando la pelvis.
Soltando los hombros,
Aflojando la mandíbula.
Permitiéndote relajar el espacio del rostro.
Y cuando sientas que tu postura es suficientemente cómoda?
Permite que el cuerpo empiece a aquietarse.
Lleva la atención a tus pies.
Siente.
Tus pies.
El contacto quizás con el suelo.
Su temperatura.
BLEE.
Que notes claramente algunas zonas y puede que otras parezcan más apagadas o más lejanas.
No importa.
No estamos buscando sentir de una manera determinada.
Solo estamos empezando a escuchar.
Lleva ahora la atención a las piernas.
Tus tobillos.
Pantorrillas.
Rodillas.
Toda la superficie de tus muslos.
Observa la forma en que las piernas participan en la postura.
Si hay comodidad,
Reconocela.
Si hay tensión.
Reconózcela también.
Si hay alguna zona neutra sin una sensación clara.
Incluyela igualmente.
Toma conciencia ahora de tu pelvis,
La base de tu postura.
El peso del cuerpo.
La relación con el suelo.
Observa.
Si tu cuerpo cae más hacia un lado,
Hacia delante o hacia atrás.
Y permite sin entrar a corregir en exceso.
Que la postura encuentre un poco más de equilibrio Lleva ahora la atención a la columna.
Desde la base hasta la coronilla.
No necesitas estirarte de forma artificial.
Solo permite que la columna recuerde su dirección.
Como si el cuerpo pudiera.
.
.
Expresar en la postura una actitud de claridad de presencia.
Conciencia de tu abdomen.
Observando el movimiento que aparece con la respiración.
El abdomen se expande suavemente al inspirar.
Y se recoge.
Al espiral.
No modifiques nada,
Solo.
.
.
Siente la respiración tal como sucede.
Lleva ahora la atención a tu pecho.
A las costillas,
Al espacio del corazón.
Observa si aparece amplitud.
Presión.
Calma.
Quizá sensación de cierre.
De movimiento o de quietud.
Pero no hagas nada con ello,
Solo.
.
.
Permite que entre en el campo de tu práctica.
Observa tus hombros.
Brazos Codos y antebrazos.
Tus manos.
Deja que las manos descansen.
No como algo abandonado sino como algo que ya no necesita sostener nada.
Permite ahora que La atención se dirija a tu cuello.
Tu garganta.
Mandíbula.
Deja que la lengua descanse,
Que el rostro se suavice la frente,
El entrecejo.
Los párpados.
El espacio alrededor de los ojos.
Y toma conciencia ahora del cuerpo completo.
Tu cuerpo sentado respirando.
Tu cuerpo presente.
Cuando nos sentamos y dejamos que el cuerpo se aquiete Algo empieza a abrirse de manera natural.
A veces no es nada extraordinario,
Simplemente.
.
.
Que empezamos a percibir lo que el ritmo del día a día suele tapar.
Una tensión en los hombros,
Una presión en la mandíbula Una zona del cuerpo que apenas sentíamos una.
.
.
Incomodidad pequeña.
Que estaba ahí esperando.
Ser escuchada.
La quietud no crea esas sensaciones más bien.
Nos permite verlas.
Y al verlas Empiezan a mostrarse las tensiones que vamos acumulando muchas veces sin darnos cuenta.
En la forma de sentarnos,
De responder,
De protegernos,
De sostener el cuerpo a lo largo del día.
Ahora no necesitas corregirlo todo.
Solo empezar a verla.
Con atención Con respeto.
Con una actitud más amable.
A partir de aquí.
.
.
La práctica consiste en incluir las sensaciones corporales que aparezcan.
Las sensaciones agradables,
Las que no lo son tanto.
Las sensaciones neutras.
Las sensaciones más claras y las más imprecisas.
Todo puede formar parte de tu meditación.
Puede aparecer quietud Puede aparecer tensión.
Puede aparecer sensación de bienestar.
O quizá picor.
Calor,
Frío.
Sensaciones de hormigueo,
Depresión o algún dolor leve.
También de cansancio,
Incomodidad.
O quizá Una sensación sencilla de.
.
.
Estar.
Sentada o sentado sin nada especial.
Cuando aparezca una de esas sensaciones intenta reconocerla internamente con una palabra simple.
Como tensión.
Pico.
Impaciencia.
Hormigueo.
Incomodidad.
Abertura.
Quietud.
No hace falta que te lo repitas muchas veces,
No hace falta.
Analizarlo.
Nombrar una sensación no es convertirla en un problema,
Es darle un espacio en la conciencia.
Si por ejemplo aparece picor Observa primero.
Siente.
.
.
¿Cómo se manifiesta?
¿Dónde está?
Si cambias y se mueve.
Si crece o si se disuelve.
Si simplemente permanece.
No se trata de prohibirte a rascarte,
Se trata de descubrir qué ocurre antes de reaccionar.
Si aparece tensión,
Observa.
Te dices internamente tensión te permite sentir su forma.
Su intensidad.
Sus bordes.
Quizás descubras que no es una cosa fija sino.
.
.
Una sensación cambiante hecha de muchas pequeñas sensaciones.
Si aparece.
.
.
Comodidad.
Obsérvala también.
Puedes decirte agradable suavidad.
Descanso.
Pero observa si aparece la tendencia a retenerla.
A querer que dure.
A creer que la meditación sea siempre así.
Cuando detectes incomodidad.
Observa si surge precisamente la tendencia contraria.
A rechazarla,
A tensarte más,
A impacientarte,
A querer que desaparezca cuanto antes.
No lo juzgues,
No te juzgues.
Solo date cuenta.
El cuerpo empieza a enseñarnos mucho sobre la mente.
Meditar no es luchar contra las sensaciones corporales.
Tampoco es obedecerlas automáticamente.
Es aprender a permanecer unos instantes con lo que aparece antes de responderlo.
Si en algún momento aparece un dolor claro,
Una incomodidad que no conviene sostener,
Mueve suavemente el cuerpo,
Hazlo despacio con atención.
Sabiendo que te mueves.
Y después vuelve a tu postura.
La quietud no tiene valor si se convierte en violencia contra el cuerpo.
Vuelve ahora a tomar conciencia del cuerpo completo.
Desde la base la columna.
Los hombros.
El rostro las manos.
La respiración.
Toda la experiencia del cuerpo incluida en tu práctica.
Mantente ahí en la experiencia.
De todo tu cuerpo al mismo tiempo.
Quizá la mente se vaya a un pensamiento a una imagen,
A una conversación,
A algo pendiente No pasa nada,
La mente se mueve.
Cuando te des cuenta vuelve al cuerpo.
Vuelve al contacto Vuelve a la postura.
Vuelve a la sensación de estar aquí.
Este regreso es parte esencial de la práctica.
No es un fallo,
No es una interrupción.
Es precisamente el entrenamiento.
Darse cuenta y volver.
Permanece Ahora unos momentos observando las sensaciones del cuerpo.
Cuando algo aparezca reconocelo.
Si es útil.
Nómbralo internamente.
Y después vuelve a sentir sin añadir demasiada historia.
Sin convertir cada sensación en una explicación.
Solo sentir reconocer.
Y volver al cuerpo completo.
Te dejo unos instantes en silencio.
Simplemente siente.
Y observa ahora la relación entre quietud y movimiento.
El cuerpo puede estar relativamente quieto.
Y sin embargo dentro de esa quietud hay respiración.
Hay pulso.
Hay temperatura.
Hay pequeñas vibraciones.
Ibiza.
La quietud no es rigidez.
La quietud es una forma más fina de atención.
Y desde ahí vuelve.
De nuevo a tu respiración.
No la dirijas,
No la mejores.
Solo observa como la respiración sucede en tu cuerpo.
El cuerpo recibe la inspiración.
Y el cuerpo se suelta con la expiración.
Permite que la atención descanse unos instantes en esa respiración natural.
Sin perder del todo la sensación del cuerpo.
Cuerpo y respiración.
Postura y presencia.
Quietud y vida.
Si aparece una sensación intensa incluyela.
Si aparece un pensamiento,
Reconocelo.
Y vuelve.
Si aparece impaciencia obsérvala también.
No hay nada que expulsar de la práctica.
Sólo aprender a relacionarse con lo que aparece de una forma o de otra.
Menos automática.
Antes de terminar.
Siente de nuevo el cuerpo completo Observa si algo ha cambiado desde el inicio.
Quizá la postura esté más asentada.
Quizá haya más calma.
Quizá no.
No necesitamos evaluar la meditación.
Solo reconocer que durante unos minutos hemos practicado una forma distinta de estar con el cuerpo.
Con las sensaciones.
Y con la mente.
Esta es una de las bases de la práctica meditativa.
Sentarse,
Sentir.
Observar.
Nombrar con sencillez cuando sea necesario.
Y volver.
Una y otra vez con paciencia.
Con honestidad.
Sillucha.
Ve haciendo ahora una respiración algo más profunda.
Continúa ampliando sintiendo el apoyo del cuerpo.
Tomando Consciencia del espacio a tu alrededor.
De cualquier sonido.
De la temperatura del aire.
Y desde ahí permite que las manos empiezan a moverse suavemente.
Los dedos de los pies las piernas,
Tal vez el cuello los hombros.
Y cuando lo sientas adecuado abre los ojos a espacio.
Y termina tu meditación.
Conoce a tu maestro
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