
Reto De Gratitud I 3 Días Para Transformar La Mente
by Ismael Abós
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Transcripción
Tan solo unos minutos cada mañana.
Es todo lo que necesitas para que algo en ti empiece a moverse.
La gratitud.
No es una práctica espiritual reservada para quien ya tiene todo resuelto.
Sino que es exactamente lo contrario.
Es la herramienta que funciona mejor cuando las cosas todavía no están.
Donde quieres que estén.
Porque el cerebro tiene un sesgo muy concreto hacia lo negativo.
Un mecanismo de supervivencia que nos mantiene atentos a lo que nos falta.
A lo que puede fallar.
O a lo que todavía no ha llegado.
Y eso fue útil en la sabana africana.
Pero hoy.
.
.
Es lo que hace que nos levantemos pensando en los problemas antes de que el café esté listo.
Esta práctica interrumpe ese patrón.
Hoy.
Simplemente vas a experimentarlo.
Y mi consejo es que hagas esta meditación al menos durante tres mañanas seguidas.
Tómate esto como un reto para empezar a transformar tu mente tu mirada respecto a tu vida.
Y por qué no,
En sí mismo.
Tu día a día y tu realidad.
Comenzamos.
Donde sea que estés ahora mismo.
Sentado o sentada.
O en posición de tumbado.
Quizás.
Con la mano.
Abrazando tu café.
Es igual.
Lleva la atención al cuerpo.
Por un momento.
Este cuerpo.
Que esta mañana volvió a despertarse.
Eso parece obvio.
Y sin embargo no lo es.
Hay personas que ayer se acostaron y esta mañana no se despertaron.
Tú sí.
No te pido.
Que lo conviertas en algo dramático.
Solo que lo notes.
Un segundo.
Sin pasarlo de largo.
Como pasamos casi todo.
Siente.
El corazón.
Que lleva latiendo desde antes de que nacieras.
Pulmones respirando sin que nadie lo recuerde.
El cuerpo entero haciendo miles de cosas.
De manera simultánea.
Mientras tú dormías.
Mientras soñabas.
Sin pedirte absolutamente nada.
Y ahora toma una inhalación consciente.
Para estar presente en este cuerpo que ya está haciendo su trabajo.
Y exhala.
Como si el aire que sale.
Llevar a los restos del sueño.
Lo que ya no necesitas de ayer.
Se lo lleva a la exhalación.
Estás aquí.
Eso ya es suficiente punto de partida.
La gratitud grande es fácil de entender.
Pero a veces complicado de sentir.
Cuando alguien dice.
.
.
Agradece tu salud.
Agradece por tu familia.
Agradece por tener un techo.
La mente lo entiende.
Pero el cuerpo no siempre lo siente.
Y esto es.
.
.
Porque estamos demasiado acostumbrados a esas cosas como para que generen emoción real.
Así que.
.
.
Empezamos por otro lado.
Piensa en algo pequeño.
Algo de ayer.
O de esta mañana.
Algo.
Que no salió de ninguna lista de cosas.
Por las que te sientes agradecido.
O agradecida.
Que si no hubiera estado.
Lo habrías notado.
Puede ser algo tan trivial.
Como el agua caliente de la ducha.
El sabor del primer sorbo de café.
Una canción que sonó en el momento exacto.
Quizás ese momento de silencio.
.
.
Antes de que empezara el ruido del día.
Una cama cómoda.
O la luz de la mañana entrando por tu ventana.
¿Lo tienes?
Quédate con eso por un momento.
No lo analices,
Solo siéntelo.
Eso que acabas de sentir.
Ese calorcito discreto que se mueve en algún lugar del pecho.
Es la gratitud real.
No la gratitud pensada,
Sino la sentida.
Y es exactamente esa frecuencia la que cambia el tono del día entero.
Añade otra cosa pequeña si lo deseas.
O quédate con la misma.
Y deja.
Que se expanda un poco.
Como cuando una luz tenue.
Se va haciendo más intensa sin que nadie cambie el interruptor.
¿Y ahora trae a alguien a este espacio?
No tiene por qué ser la persona más importante de tu vida.
Puede ser alguien que ayer hizo algo pequeño.
Que te abrió una puerta.
Que te respondió con amabilidad.
Que te escuchó aunque estuviera ocupado.
O simplemente alguien cuya presencia en tu vida sientes como un regalo.
Tráela aquí.
Su cara.
Su voz.
La sensación de estar cerca de ella.
Y sin necesitar decírselo en voz alta.
Sin necesitar que ella lo sepa.
Siente gratitud por su existencia en tu vida.
La gratitud que sientes por alguien no necesita llegar a esa persona para hacer algo.
Hace algo en ti.
Cambia la calidad de lo que emites.
Y eso que emites.
.
.
Inevitablemente.
Afecta a todo lo que te rodea.
Ahora piensa en alguien que haya sido difícil para ti.
No para forzar gratitud.
Por algo que no sientes.
Sino para preguntarte.
Hay algo que esa persona o esa situación.
Te dio sin querer.
Algo que aprendiste que no habrías aprendido sin esa fricción,
Sin ese conflicto.
No tienes que responder ahora.
Solo dejar que la pregunta esté ahí.
Abierta.
Porque tu cerebro.
Que recibe esa pregunta por la mañana,
Trabaja con ella durante el día sin que te des cuenta.
Hay un tipo de gratitud que muy poca gente practica y que sin embargo es la forma de agradecer más transformadora de todas.
La gratitud por la que todavía.
.
.
No ha llegado algo.
Como una postura ante el futuro.
La postura de alguien que confía en que lo bueno está en camino.
Aunque hoy no pueda verlo todavía.
Y que desde esa confianza.
Ya da las gracias.
Piensa en algo que quieres que forme parte de tu vida.
Algo real.
Algo que,
Cuando lo imaginas,
Genera una respuesta en el cuerpo.
Y desde ese lugar.
Del pecho.
Que ya sabe lo que es la gratitud.
Porque acabas de practicarla.
Da las gracias.
Por eso que viene.
Desde la tranquilidad de quien ya hizo su parte,
Que es exactamente esto que estás haciendo ahora mismo.
El día que empieza con gratitud por lo que ya hay.
Y confianza en lo que viene.
Es el día que empieza.
Diferente.
En expansión.
En determinación.
Sabiendo que todo aquello.
.
.
Que nace del deseo.
De la esencia.
Es Yamunecho.
Ahora simplemente lleva tus manos al corazón.
Toma una respiración bien profunda.
Y una última vez,
Da las gracias.
Simplemente por el hecho de estar aquí.
Vivo.
Viva.
Un día más.
Con una oportunidad nueva.
De experimentar.
Yo te doy las gracias.
Por dejarme acompañarte.
Y recuerda.
.
.
Que tu esencia es.
Siempre te acompaña.
Conoce a tu maestro
4.9 (8)
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