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Historia para Dormir El Jardín del Descanso

by Gisela Bollo

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Puntuación
4.8
Group
Actividad
Meditación
Adecuado para
Todos
Reproducciones
33

Esta historia guiada para dormir te invita a dejar atrás el ritmo del día y entrar, poco a poco, en un lugar de calma. A través de un recorrido sereno por un jardín tranquilo, la atención se va simplificando, el cuerpo encuentra apoyo y la mente calma Con un ritmo pausado, silencios amplios e imágenes suaves de la naturaleza, esta práctica acompaña la transición hacia el descanso sin esfuerzo, permitiendo que el sueño llegue a su propio tiempo. Música: "Meditation relaxing music" Danamusic

Transcripción

Bienvenido,

Bienvenida.

Esta noche.

No hace falta llegar a ningún lugar.

Solo escuchar.

Y dejar que las palabras vayan perdiendo importancia.

Imagina que caminas por un sendero tranquilo.

No sabes exactamente dónde comienza.

No sabes a dónde conduce.

Y descubres que tampoco hace falta saberlo.

El suelo bajo tus pies es firme.

El aire es fresco.

No hace frío,

No hace calor.

Es esa temperatura agradable que permite que el cuerpo se sienta a gusto y caminas despacio no porque tengas que ir lento.

Sino porque aquí no existe ninguna prisa.

Cada paso encuentra su propio ritmo.

A un lado del sendero aparecen árboles altos.

Sus ramas apenas se mueven.

Las hojas producen un sonido muy suave tan suave que casi se confunde con el silencio.

Y respiras.

Y con cada paso tu respiración se hace más profunda.

Cada vez un poco más agradable y continúas caminando.

No hay nada que buscar.

Nada que descubrir.

Simplemente seguir por el sendero.

Después de un rato aparece un pequeño portón de madera.

Está entreabierto.

Como si hubiese estado esperándote.

Lo empujas apenas.

Y sin hacer ningún ruido se abre con suavidad.

Del otro lado hay un jardín.

No es un jardín perfecto.

No está diseñado para impresionar.

Es un jardín tranquilo.

Un lugar donde todo parece ir a su propio ritmo se ven flores.

Hierbas árboles muy antiguos.

Pequeños caminos de piedra.

Y muchos espacios vacíos.

Espacios donde simplemente se puede estar.

Caminas lentamente.

Observas como algunas plantas se inclinan con la brisa otras permanecen quietas.

No parece haber ninguna diferencia importante entre unas y otras.

Cada una encuentra su manera de estar Más adelante descubres un banco de madera.

Está bajo un árbol muy grande.

La sombra es suave.

El banco conserva todavía un poquito del calor que recibió del sol.

Te sientas.

Y por primera vez desde hace mucho tiempo.

Nada se espera de ti.

El jardín No necesita que hagas nada.

Que resuelvas nada.

Simplemente te permite estar.

Hacerle compañía.

Ni siquiera te pide que descanses.

Simplemente te recibe.

Tal como llegaste.

Permaneces unos instantes sintiendo este lugar.

Escuchas los sonidos tal vez algún pájaro.

Quizás el viento entre las hojas tal vez nada.

El silencio también forma parte del jardín.

Frente al banco.

Hay un pequeño estanque.

El agua está completamente en calma.

De vez en cuando cae una hoja.

Y se forman círculos y luego todo vuelve a aquietarse.

Observas esta escena por unos minutos.

Sin necesidad de pensar.

Solo mirando.

Respirando.

Y tu respiración cada vez más tranquila.

Más profunda.

Más agradable.

Y cada vez que sueltas el aire tu cuerpo se relaja un poco más sobre ese banco.

Poco a poco la luz cambia.

El cielo se vuelve más oscuro.

No de repente,

Sino muy lentamente.

¿Cómo sucede?

Cada atardecer.

El jardín parece conocer este momento.

Nada se resiste.

Todo acompaña este cambio.

Las flores cierran lentamente sus pétalos Los pájaros poco a poco dejan de cantar.

El viento también parece descansar.

Y quizás.

.

.

Notes que el cuerpo comienza a imitar ese cambio.

Ese ritmo.

Sin proponérselo.

Simplemente.

Respondiendo a la tranquilidad del jardín.

La respiración encuentra.

Un movimiento cada vez más lento.

Los hombros se relajan un poco más Las manos descansan.

No hay nada que hacer.

El jardín lo sabe.

Permanece aquí el tiempo que quieras.

No hace falta recorrer todo el lugar.

No hace falta.

Conocer cada rincón.

Puedes quedarte simplemente.

En este banco.

Escuchando la noche.

Mientras el mundo continúa alejándose.

Poco a poco.

Y cuando llegue el sueño ni siquiera hará falta notarlo.

Simplemente llega.

Y será como otra hoja.

Que cae sobre el agua.

Silenciosamente.

Sin esfuerzo.

© 2026 Gisela Bollo. All rights reserved. All copyright in this work remains with the original creator. No part of this material may be reproduced, distributed, or transmitted in any form or by any means, without the prior written permission of the copyright owner.

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