
Volver Al Cuerpo-Día 2: Respiración Para Calmar La Mente
Segunda práctica de la serie 4 días para volver al cuerpo. Esta práctica te invita a sentir la respiración dentro del cuerpo como una forma simple y amable de calmar la mente. No necesitas respirar perfecto ni controlar nada: solo acompañar el movimiento natural del aire y permitir que cada exhalación te ayude a regresar a ti.
Transcripción
Bienvenida,
Bienvenido a esta práctica.
Soy Eugenia Flaivan y este es el día 2 de la serie 4 días para volver al cuerpo.
En la práctica anterior empezamos a regresar al cuerpo cuando nos sentimos desconectadas,
Desconectados,
Dispersos o demasiado tomados por la mente.
Hoy vamos a seguir ese camino,
Pero de una manera más específica.
Vamos a usar la respiración como una puerta de entrada al cuerpo.
No para controlarla,
No para hacer una técnica perfecta.
No para respirar de una forma especial.
Solo para sentirla.
Para dejar que la respiración nos muestre que el cuerpo está aquí.
Que hay movimiento.
Que hay vida.
Que hay un ritmo al que podemos volver.
Muchas veces cuando la mente está acelerada,
Intentamos calmarnos pensando.
Intentamos comprender.
Ordenar,
Resolver.
Pero a veces la calma no llega desde pensar.
A veces la calma empieza cuando dejamos que la tensión baje.
Del pensamiento al aire.
Del ruido mental al movimiento del cuerpo.
De la cabeza a la respiración.
Busca una posición cómoda.
Puede ser sentada o acostada,
Pero elige una postura que te permita sentir apoyo.
Si está sentada,
Deja que la columna esté cómoda,
Flexible,
Sin rigidez.
Si estás acostada,
Permite que el peso del cuerpo descanse sobre la superficie que te sostiene.
Afloja los hombros.
Suelta la mandíbula.
Deja que tus manos descansen.
Y si se siente bien para ti,
Cierra los ojos.
Empieza simplemente notando que estás aquí.
No tienes que llegar de ninguna manera en especial.
No tienes que sentir tranquilidad.
No tienes que sentirte bien para empezar.
Puedes llegar con ansiedad,
Con cansancio,
Con pensamientos o con tensión.
Con lo que sea que esté presente.
Todo eso puede estar aquí.
Y aún así.
Puedes respirar.
Lleva ahora la atención a tu respiración.
Sin modificarla.
Solo nota cómo está respirando tu cuerpo.
Si la respiración es corta,
Es profunda.
No hay una respiración correcta.
Hay esta respiración.
La tuya.
La de este momento.
Observa el aire entrando.
Observa el aire saliendo.
Inhala.
Exhala.
Otra vez,
Inhala.
Exhala.
No fuerces.
No empujes.
Sólo acompaña.
Lleva ahora una mano al pecho y otra mano a tu abdomen.
Si puedes,
Permite que tus manos te ayuden a sentir al cuerpo respirando.
Siente el contacto de la mano sobre el pecho.
Siente el contacto de la mano sobre el abdomen.
No busques cambiar nada.
Solo observa qué mano se mueve más.
Quizás sea la que está sobre el pecho.
Tal vez la del abdomen.
Tal vez las dos.
Quizá el movimiento es profundo.
O es muy sutil.
Todo está bien.
Respira y siente.
Inhala,
El cuerpo recibe aire.
Exhala y el cuerpo suelta.
Inhala y hay movimiento.
Exhala y hay descanso.
La respiración puede ser un lugar al que vuelves.
No porque sea perfecta,
Sino porque siempre está sucediendo.
Aunque la mente se vaya.
Aunque aparezcan pensamientos.
Aunque irrumpan emociones.
La respiración sigue.
Y cada vez que te das cuenta de que te fuiste,
Puedes simplemente volver a ella.
Sin reto.
Sin juicio.
Sin exigencia.
Simplemente volviendo.
Ahora observa si puedes sentir la respiración en tu pecho.
Tal vez el pecho se abre apenas al inhalar.
Y baja suavemente al exhalar.
No necesitas ampliarlo,
Simplemente sentirlo.
Como si estuvieras escuchándolo desde adentro.
El pecho sube.
El pecho baja.
El aire entra.
El aire sale.
Puede que haya tensión en esta zona,
Pero no intentes quitarla.
Solo permite que la respiración la toque.
Como una ola suave que baña la costa.
Que llega y se retira.
Llega.
Y se retira.
Lleva ahora la atención a tu abdomen.
Siente los movimientos.
Tal vez sea cómo se expande al inhalar y cómo se contrae al exhalar.
Quizá esté quieto o contraído.
No importa.
No vamos a obligarlo a relajarse.
Solo vamos a darle permiso para existir como está.
Inhala,
Siente tu abdomen.
Y exhala,
Permitiendo un poco más de espacio.
Inhala y siente el cuerpo,
Cómo se mueve.
Exhala y siente el cuerpo como afloja.
Imagina ahora que la respiración no ocurre solamente en la nariz o en los pulmones.
Imagina que todo el cuerpo respira.
Como si al inhalar una sensación suave de aire y espacio pudiera expandirse por dentro.
Y al exhalar el cuerpo pudiera bajar un poco más.
Inhalas,
Hay espacio.
Exhalas.
Hay entrega.
Inhalas,
Hay presencia.
Exhalas.
Hay descanso.
No necesitas hacerlo profundo.
Tampoco perfecto.
Solo sentir.
Tal vez puedas decir internamente,
Estoy respirando.
Estoy en mi cuerpo.
Puedo volver aquí.
Vamos ahora a acompañar tres respiraciones con un poco más de intención.
Sin forzar,
Solo siguiendo su ritmo natural.
En la próxima inhalación,
Siente que recibes aire.
Y en la exhalación suelta un poco más el peso de tu cuerpo.
Inhala,
Recibe.
Exhala,
Suelta.
Otra vez inhala,
Recibe.
Exhala suelta Una vez más inhala,
Recibe.
Exhala suelta Muy bien.
Deja ahora que la respiración vuelva a su ritmo natural.
No tienes que dirigirla más,
Solo observarla.
Como si estuvieras mirando el movimiento del mar.
No le dices al mar cómo moverse.
Simplemente lo miras.
Una ola llega.
.
.
Una ola se va.
Una inhalación llega.
Una exhalación se va.
Y tú puedes descansar en ese movimiento.
Si aparece un pensamiento simplemente nota.
Pensamiento.
Y vuelve al cuerpo respirando.
Si aparece una emoción,
Nota.
Emoción.
Y vuelve al cuerpo respirando.
Se aparece incomodidad,
Nota,
Sensación.
Y vuelve al cuerpo respirando.
No estamos intentando dejar la mente en blanco.
Estamos intentando un regreso amable.
Una y otra vez.
Ahora inhala.
Y procura que la exhalación sea apenas más larga que la inhalación.
No mucho,
No forzada.
Solo un poco más lenta.
Inhala de manera natural.
Y exhala un poco más largo.
Otra vez inhala.
Y exhala lento,
Largo.
Una vez más sin ala.
Y exhala como si soltaras un poco el día.
Cuando la exhalación se alarga suavemente,
El cuerpo recibe un mensaje.
No hay urgencia.
No hay peligro inmediato.
No tengo que correr.
Puedo estar aquí.
Repite internamente si te hace bien.
No tengo que resolver todo ahora.
Puedo volver a mi respiración.
Puedo volver a mi cuerpo.
Puedo volver a mí.
Deja que estas frases caigan en el cuerpo.
No como ideas para entender,
Sino como palabras para sentir.
Puedes volver.
Puedes respirar.
Puedes estar aquí.
Quédate unos momentos en silencio acompañando tu respiración.
Siente el pecho.
Siente el abdomen.
Siente tus manos.
Siente el cuerpo entero participando de este simple movimiento.
Inhalar.
Exhalar.
Recibir soltar.
Estar.
Ahora poco a poco empiezas a sentir nuevamente el lugar en el que estás.
El contacto del cuerpo con la superficie.
La temperatura del aire.
Los sonidos cercanos o lejanos.
La presencia de tus manos.
El peso del cuerpo.
Mueve suavemente los dedos,
Las manos,
Los pies.
Y tal vez quieras hacer una respiración un poco más profunda.
Inhalando.
.
.
Y exhalando suave.
Y cuando te sientas lista o listo.
.
.
Puedes abrir suavemente los ojos.
Gracias por compartir esta práctica conmigo.
Este fue el día dos de la serie Cuatro días para volver al cuerpo.
Hoy practicamos sentir la respiración como una forma de regresar al cuerpo y calmar la mente desde adentro.
Te espero en el día 3,
Donde vamos a seguir profundizando esta conexión,
Aprendiendo a habitar el cuerpo con más amabilidad.
Soy Eugenia Flyvan y te deseo que puedas volver a tu respiración cada vez que lo necesites.
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