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Audiolibro El Curioso Caso De Benjamin Button 2

by Yaima (Green Witch Meditation Guide)

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Disfruta esta historia para dormir. "El curioso caso de Benjamin Button" es un relato escrito por el autor estadounidense F. Scott Fitzgerald, que fue publicado por primera vez en la revista Collier's, el 27 de mayo de 1922. Posteriormente fue publicado dentro del libro antología "Tales of the Jazz Age". Cuenta la historia de un hombre que envejece a la inversa: nace como un débil anciano de 70 años y se vuelve más joven a medida que avanzan los años, para gran desconcierto y consternación de él y su familia. Esta extraña e inquietante historia encarna la aguda percepción social que ha convertido a Fitzgerald en una de las grandes voces de la historia de la literatura estadounidense. En 2008 se realizó la adaptación al cine, que fue dirigida por David Fincher, con guion de Eric Roth, y protagonizada por Brad Pitt y Cate Blanchett.​ El guion difiere bastante de la historia original, y solo coincide en el título, el nombre de Benjamin y algunos aspectos del proceso de rejuvenecimiento.

Transcripción

El curioso caso de Benjamin Button.

Escrito por Francis Scott Fitzgerald.

Narrado por Jaima Lorenzo.

Dos.

Buenos días.

Dijo el señor Button nervioso al dependiente de la mercería Chesapeake.

Quisiera comprar ropa para mi hijo.

¿Qué edad tiene su hijo,

Señor?

Seis horas.

Respondió el señor Button sin pensárselo dos veces.

La sección de bebés está en la parte de atrás.

Bueno,

No creo.

No estoy seguro de lo que busco.

Es,

Es un niño extraordinariamente grande.

Excepcionalmente,

Excepcionalmente grande.

Allí puede encontrar tallas grandes para bebés.

¿Dónde está la sección de chicos?

Preguntó el señor Button cambiando desesperadamente de tema.

Tenía la impresión de que el dependiente se había olido ya su vergonzoso secreto.

¿Aquí mismo?

Bueno.

El señor Button dudó.

Le repugnaba la idea de vestir a su hijo con ropa de hombre.

Si,

Por ejemplo,

Pudiera encontrar un traje de chico grande,

Muy grande,

Podría cortar aquella larga y horrible barba y teñir las canas.

Así conseguiría disimular los peores detalles y conservar algo de su dignidad,

Por no mencionar su posición social en Baltimore.

Pero la búsqueda afanosa por la sección de chicos fue inútil.

No encontró ropa adecuada para el Button que acababa de nacer.

Roger Button le echaba la culpa a la tienda.

Claro está.

En semejantes casos,

Lo apropiado es echarle la culpa a la tienda.

¿Qué edad me ha dicho que tiene su hijo?

Preguntó el dependiente con curiosidad.

Tiene 16 años.

Ah,

Perdone.

Había entendido 6 horas.

Encontrará la sección de jóvenes en el siguiente pasillo.

El señor Button se alejó con aire triste.

De repente se paró,

Radiante,

Y señaló con el dedo hacia un maniquí del escaparate.

Aquel,

Exclamó,

Me llevo ese traje,

El que lleva el maniquí.

El dependiente lo miró asombrado.

Pero hombre,

Protestó,

Ese no es un traje para chicos.

Podría ponérselo un chico,

Sí,

Pero es un disfraz.

También se lo podría poner usted.

Envuélvamelo,

Insistió el cliente nervioso.

Es lo que buscaba.

El sorprendido dependiente obedeció.

De vuelta en la clínica,

El señor Button entró en la sala de los recién nacidos y casi le lanzó el paquete a su hijo.

Aquí tienes la ropa,

Les petó.

El anciano desenvolvió el paquete y examinó su contenido con mirada burlona.

Me parece un poco ridículo,

Se quejó.

No quiero que me conviertan en un mono de,

Tú sí que me has convertido en un mono,

Estalló el señor Button feroz.

Es mejor que no pienses en lo ridículo que pareces.

Ponte la ropa o te pegaré.

Le costó pronunciar la última palabra,

Aunque consideraba que era lo que debía decir.

De acuerdo,

Padre.

Era una grotesca simulación de respeto filial.

Tú has vivido más,

Tú sabes más,

Como tú digas.

Como antes,

El sonido de la palabra padre estremeció violentamente al señor Button.

Y date prisa.

Me estoy dando prisa,

Padre.

Cuando su hijo acabó de vestirse,

El señor Button lo miró desolado.

El traje se componía de calcetines de lunares,

Leotardos rosa y una blusa con cinturón y un amplio cuello blanco.

Sobre el cuello ondeaba la larga barba blanca que casi llegaba a la cintura.

No producía buen efecto.

Espera.

El señor Button empujó unas tijeras de quirófano y con tres rápidos tijeretazos cercenó gran parte de la barba.

Pero a pesar de la mejora,

El conjunto distaba mucho de la perfección.

La greña enmarañada que aún quedaba,

Los ojos acuosos,

Los dientes de viejo,

Producían un raro contraste con aquel traje tan alegre.

El señor Button,

Sin embargo,

Era obstinado.

Alargó una mano.

Vamos,

Dijo con severidad.

Su hijo le cogió la mano confiadamente.

¿Cómo me vas a llamar,

Papi?

Preguntó con voz temblorosa cuando salían de la sala de los recién nacidos.

Nene a secas hasta que pienses un nombre mejor.

El señor Button gruñó.

No sé.

Respondió agriamente.

Creo que te llamaremos Matusalén.

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