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#10 Cuentos de la India

by Gracia Jiménez

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¡Namaste! Os traigo unos cuentos clásicos, extraídos del libro ‘101 cuentos clásicos de la India’, de Ramiro Calle. Los cuentos son transmisores de enseñanzas, que nos llegan a través de mensajes sencillos; son una fuente de reflexión que nos acercan a comprensiones sutiles y enriquecedoras. ¡¡Espero que los disfrutes!!

Transcripción

Hola,

Bienvenida y bienvenido a mi podcast de Caminamos Juntos,

Un espacio creado desde el corazón.

Soy Gracia Jiménez y te invito a que me acompañes en este camino,

Un camino hacia el propio conocimiento,

Un camino de crecimiento y desarrollo personal.

Hoy te traigo cuentos clásicos de la India.

Los cuentos son transmisores de enseñanzas que nos llegan a través de mensajes sencillos.

Son una fuente de reflexión que nos acercan a comprensiones sutiles y enriquecedoras.

A continuación te leeré varios cuentos extraídos del libro 101 cuentos clásicos de la India de Ramiro Calle.

Y al final de cada cuento también te leeré la conclusión propia que hace Ramiro sobre cada cuento.

Y entre cuento y cuento te dejaré unos minutos en silencio.

En silencio para reflexionar e integrar.

Comienzo.

Mañana te lo diré.

El rey era un hombre joven,

Sinceramente preocupado por las cuestiones metafísicas.

Aspiraba a conquistar la liberación interior y sabía que lograrla requería muchísima motivación y un enorme esfuerzo.

Comenzó a preguntarse si una persona necesitaría más de una liberación y atormentado por esa cuestión hizo llamar a su maestro.

Venerable Yogi,

Hay una cuestión que me inquieta mucho,

Incluso me roba el sueño.

Yo sé hasta qué punto hay que esforzarse para hallar la liberación,

Pero me pregunto ¿basta con que una persona se libere una vez?

¿o son necesarias más liberaciones?

El Yogi solo repuso Mañana,

Señor,

Te lo diré al amanecer.

El monarca ni siquiera pudo conciliar el sueño.

Estaba ansioso por recibir la respuesta.

Los primeros rayos del sol iluminaron su reino.

Se incorporó y comenzó a ataviarse.

Recordó que tenía que estar presente en una ejecución que iba a llevarse a cabo.

Por haber violado y matado a varias mujeres,

Un hombre había sido condenado a la horca.

El juez había anunciado.

Este hombre cruel y perverso debería ser ahorcado por cada uno de sus crímenes.

Cuando el rey salió de su cámara,

El Yogi le estaba esperando.

Estoy ansioso por conocer tu respuesta,

Dijo el rey nada más verle.

La conocerás,

Señor,

Si me permites acompañarte a contemplar la ejecución.

El monarca y el Yogi asistieron a la ejecución.

El asesino fue ahorcado.

Entonces el rey se volvió hacia el Yogi y le preguntó,

¿cuándo responderás a mi pregunta?

Ahora mismo,

Majestad,

Repuso el Yogi.

Ese hombre que acaba de ser ejecutado debería haber sido ahorcado,

Según el juez,

Una vez por cada uno de sus crímenes.

¿Podés acaso ahorcarlo de nuevo?

—Claro que no,

Afirmó el monarca.

Un hombre ahorcado no puede ser ahorcado de nuevo.

Y el Yogi dijo,

¿y un hombre liberado puede liberarse de nuevo?

Y el maestro dice,

Con la liberación pierdes el ego,

Pero ganas el todo.

Viaje al corazón.

Bastami era uno de los más grandes sufíes de la India.

Se proponía efectuar una larga peregrinación a la Meca cuando se encontró con un instructor espiritual que le preguntó,

¿por qué has de ir a la Meca?

Para ver a Dios,

Repuso.

El instructor le ordenó,

Dame ahora mismo todo el dinero que llevas contigo para el viaje.

Bastami le entregó el dinero,

El instructor se lo guardó en el bolsillo y dijo,

Sé que habrías dado siete vueltas alrededor de la piedra sagrada.

—Pues bien,

En lugar de eso,

Da ahora siete vueltas a mi alrededor.

Bastami obedeció y dio siete vueltas alrededor del instructor,

Quien declaró a continuación,

Ahora sí has conseguido lo que te proponías.

Ya puedes regresar a tu casa con el ánimo sereno y satisfecho.

Si bien antes,

Quiero decirte algo más.

Desde que la Meca fue construida,

Ni un solo minuto Dios ha morado allí.

Pero desde que el corazón del hombre fue creado,

Ni un solo instante Dios ha dejado de habitar en él.

Ve a tu casa y medita.

Viaja a tu corazón.

Y el maestro dice,

Busca refugio dentro de ti.

¿Qué otro refugio puede haber?

Las fantasías de una abeja.

Era una abeja llena de alegría y vitalidad.

En cierta ocasión,

Volando de flor en flor y embriagada por el néctar,

Se fue alejando imprudentemente de su colmena más de lo aconsejable.

Y cuando se dio cuenta,

Ya se había hecho de noche.

Justo cuando el sol se estaba ocultando,

Se hallaba ella deleitándose con el dulce néctar de un loto.

Al hacerse la oscuridad,

El loto se plegó sobre sí mismo y se cerró,

Quedando la abeja atrapada en su interior.

Despreocupada,

Esta dijo para sí.

No importa.

Pasaré aquí toda la noche.

Y no dejaré de libar este néctar maravilloso.

Mañana,

En cuanto amanezca,

Iré en busca de mis familiares y amigos para que vengan también a probar este manjar tan agradable.

Seguro que les va a hacer muy felices.

La noche cayó por completo.

Un enorme elefante hambriento pasó por el paraje e iba engullendo todo aquello que se hallaba a su paso.

La abeja,

Ignorante de todo lo que sucediera en el exterior y cómodamente alojada en el interior del loto,

Seguía libando.

Entonces se dijo,

¡Qué néctar tan fantástico,

Tan dulce,

Tan delicioso!

¡Esto es maravilloso!

No solo traeré aquí a todos mis familiares,

Amigos y vecinos para que lo prueben,

Sino que me dedicaré a fabricar miel y podré venderla y obtener mucho dinero a cambio de ella y adquirir todas las cosas que me gusten en el mundo.

Subitamente,

Tembló el suelo a su lado.

El elefante engulló el loto y la abeja apenas tuvo tiempo de pensar,

¡Este es mi fin!

¡Me muero!

El maestro dice,

¡Sólo existe la seguridad de la aquí y ahora!

¡Aplícate al instante!

¡Haz lo mejor que puedas en el momento!

Y no divagues.

Mi hijo está conmigo.

Era un hombre que tenía un hijo al que amaba profundamente.

Por algún motivo se vio obligado a viajar y tuvo que dejar a su hijo en casa.

El niño tenía ocho años y su padre sólo vivía para él.

Habiéndose enterado de la partida del dueño de la casa,

Unos bandoleros aprovecharon su ausencia para entrar en ella y robar todo lo que contenía.

Descubrieron al jovencito y se lo llevaron con ellos.

No sin antes incendiar la casa.

Pasaron unos días.

El hombre regresó a su hogar y se encontró con la casa derruida por el incendio.

Alarmado,

Buscó entre los restos calcinados y halló unos huesecillos que dedujo que eran los del cuerpo abrasado de su amado hijo.

Con ternura infinita los introdujo en un saquito que se colgó al cuello junto al pecho,

Convencido de que aquellos eran los restos de su hijo.

Unos días más tarde,

El niño logró escapar de los perversos bandoleros y tras poder averiguar dónde estaba la nueva casa de su padre,

Corrió hasta ella e insistentemente llamó a la puerta.

—¿Quién es?

—preguntó el padre.

—Soy tu hijo —contestó el niño.

—No,

No puedes ser mi hijo —repuso el hombre,

Abrazándose al saquito que colgaba de su cuello.

—Mi hijo ha muerto.

—No,

Padre,

Soy tu hijo.

Conseguí escapar de los bandoleros.

—Vete,

¿me oyes?

Vete y no me molestes —ordenó el hombre,

Sin abrir la puerta y aprisionando el saquito de huesos contra su pecho.

—Mi hijo está conmigo.

—Padre,

Escúchame,

Soy yo.

—He dicho que te vayas —replicó el hombre.

—Mi hijo murió y está conmigo.

¡Vete!

Y no dejaba de abrazar el saquito de huesos.

El maestro dice,

El apego te deja ver,

Te deja oír,

Te deja comprender.

El apego te aferra a lo irreal e ilusorio y cierra tus oídos a lo real y trascendente.

Los sueños del rey Había un monarca en un floreciente y próspero reino del norte de la India.

Era rico y poderoso.

Su padre le había enseñado a ser magnánimo y generoso,

Y antes de fallecer le había dicho,

Hijo,

Cualquiera puede,

Por destino o por azar,

Tener mucho.

Pero lo importante no es tenerlo,

Sino saberlo dar y compartir.

No hay peor cualidad que la avaricia.

Sé siempre generoso.

Tienes mucho,

Así que da mucho a los otros.

Durante algunos años,

Tras la muerte de su padre,

El rey se mostró generoso y espléndido.

Pero a partir de un día,

Poco a poco,

Se fue tomando ávaro,

Y no solo empezó a no compartir nada con los otros,

Sino que comenzó incluso a negarse hasta a las necesidades básicas a sí mismo.

Realmente se comportaba como un pordiosero.

Su asistente personal,

Que también lo había sido de su padre,

Estaba tan preocupado que hizo llamar a un rishi que vivía en una cueva en las altas montañas del Himalaya.

Es increíble,

Se lamentó el asistente ante el rishi.

Es uno de los reyes más ricos y se comporta como un pordiosero.

Te estaríamos todos muy agradecidos si pudieras descubrir la razón.

El asistente le pidió al rey que recibiera al rishi.

El monarca convino.

De acuerdo,

Siempre que no vaya a solicitarme nada,

Porque soy tan pobre.

El rishi y el monarca se encerraron en una de las cámaras del palacio.

El rey iba vestido con harapo sucio y maloliente,

En contraste con el palacio esplendoroso en el que habitaba.

Incluso iba descalzo y ni siquiera lucía ningún adorno real.

—Estoy arruinado,

Se quejó el rey.

—Pero,

Señor,

Eres rico y poderoso,

Replicó el rishi.

—No me vengas con zarandajas,

Dijo el monarca.

Nada puedes sacarme porque nada tengo.

Incluso cuando estos harapos se terminen de arruinar,

¿con qué cubriré mi cuerpo?

Y el rey se puso a llorar sin poder impedirlo.

Entonces el rishi entornó los ojos,

Concentró su mente y como un punto de luz se colocó en el cerebro del monarca.

Allí vio el sueño que tenía el rey noche tras noche.

Soñaba que era un mendigo,

El más misérrimo de los mendigos.

Y de este modo,

Aunque era un rey rico y poderoso,

Se comportaba como un pordiosero.

Logró en días sucesivos enseñar al rey a que dominara sus pensamientos y cambiar la actitud de su mente.

El monarca volvió a ser generoso,

Pero no consiguió que el rishi aceptara ningún obsequio.

El maestro dice,

Tal es el poder del pensamiento.

Así como piensas y así eres.

Conquista el pensamiento y te habrás conquistado a ti mismo.

El anciano y el niño Eran un anciano y un niño que viajaban con un burro de pueblo en pueblo.

Llegaron a una aldea caminando junto al asno y al pasar por ella,

Un grupo de mozalbetes se rió de ellos gritando.

Mirad qué par de tontos,

Tienen un burro y en lugar de montarlo van los dos andando a su lado.

Por lo menos el viejo podría subirse al burro.

Entonces el anciano se subió al burro y prosiguieron la marcha.

Llegaron a otro pueblo y al pasar por el mismo algunas personas se llenaron de indignación cuando vieron el viejo sobre el burro y al niño caminando al lado y dijeron,

Parece mentira,

Qué desfachatez,

El viejo sentado en el burro y pobre niño caminando.

Al salir del pueblo el anciano y el niño intercambiaron sus puestos,

Siguieron haciendo camino hasta llegar a otra aldea.

Cuando las gentes lo vieron exclamaron escandalizados.

Esto es verdaderamente intolerable,

Habéis visto algo semejante,

El muchacho montado en el burro y el pobre anciano caminando a su lado,

Qué vergüenza.

Puestas así las cosas,

El viejo y el niño compartieron el burro.

El fiel jumento llevaba ahora el cuerpo de ambos sobre sus lomos.

Cruzaron junto a un grupo de campesinos y estos comenzaron a vociferar,

Sinvergüenzas,

Es que no tenéis corazón,

Vais a reventar al pobre animal.

El anciano y el niño optaron por cargar al burro sobre sus hombros.

De este modo llegaron al siguiente pueblo.

La gente se apiñó alrededor de ellos,

Entre las carcajadas los pueblerinos se mofaban gritando.

Nunca hemos visto gente tan boba,

Tienen un burro y en lugar de montarse sobre él lo llevan a cuestas,

Esto sí que es bueno,

Qué par de tontos.

De repente el burro se revolvió,

Se precipitó en un barranco y murió.

Y el maestro dice,

Si escucháis las opiniones de los demás acabaréis muertos como este burro.

Cerrar de los oídos a la opinión ajena,

Que aquello que los demás censuran te sea indiferente.

Escucha únicamente la voz de tu corazón y no te pierdas en opiniones ajenas.

Los monos.

Era un aspirante espiritual con mucha motivación pero tenía una mente muy dispersa.

Tuvo noticias de un sobresaliente mentor y no dudó en desplazarse hasta donde vivía y decirle.

Respetado maestro,

Perdona que te moleste,

Pero mi gratitud sería enorme si pudieras proporcionarme un tema de meditación,

Puesto que tengo decidido retirarme al bosque durante unas semanas para meditar sin descanso.

Me complace tu decisión,

Ve al bosque y estate contigo mismo.

Puedes meditar en todo aquello que quieras,

Excepto en monos.

Trae lo que quieras a tu mente,

Pero no pienses en monos.

El discípulo se sintió muy contento diciendo,

¡qué fácil es el tema que me ha proporcionado el maestro!

Sí,

Realmente es sencillo.

Se retiró a un frondoso bosque y dispuso una cabaña para la meditación.

Transcurrieron las semanas y el aspirante puso término al retiro.

Regresó junto al mentor y este,

Nada más verlo,

Preguntó,

¿qué tal te ha ido?

Apesadumbrado el aspirante repuso,

¡ha sido agotador!

Traté incansablemente de pensar en algo que no fuesen monos,

Pero los monos iban y venían por mi mente sin poderlo evitar.

En realidad,

Llegó un momento en que solo pensaba en monos.

Y el maestro dice,

La mente es amiga y enemiga.

Es una mala dueña,

Pero una buena aliada.

Por eso es necesario aprender a contener el pensamiento y poner la mente bajo el yugo de la verdad.

¿La verdad es la verdad?

El rey había entrado en un estado de honda reflexión durante los últimos días.

Estaba pensativo y ausente.

Se hacía muchas preguntas,

Entre otras,

¿por qué los seres humanos no eran mejores?

Sin poder resolver este último interrogante,

Pidió que trajeran a su presencia a un ermitaño que moraba en el bosque cercano y que llevaba años dedicado a la meditación.

Habiendo cobrado fama de sabio y ecuánime,

Solo porque se lo exigieron,

El eremita abandonó la inmensa paz del bosque.

—Señor,

¿qué deseas de mí?

—preguntó ante el meditabundo monarca.

—He oído hablar mucho de ti —dijo el rey—.

Sé que apenas hablas,

Que no gustas de honores ni placeres,

Que no haces diferencia entre un trozo de oro y uno de arcilla,

Pero todos dicen que eres un sabio.

—La gente dice,

Señor —repuso indiferente el ermitaño—.

—A propósito de la gente quiero preguntarte —dijo el monarca—,

¿cómo lograr que la gente sea mejor?

—Puedo decirte,

Señor —repuso el ermitaño—,

Que las leyes por sí mismas no bastan en absoluto para hacer mejor a la gente.

El ser humano tiene que cultivar ciertas actitudes y practicar ciertos métodos para alcanzar la verdad de orden superior y la clara comprensión.

Esa verdad de orden superior tiene,

Desde luego,

Muy poco que ver con la verdad ordinaria.

El rey se quedó dubitativo,

Luego reaccionó para replicar.

—De lo que no hay duda,

Ermitaño,

Es de que yo,

Al menos,

Puedo lograr que la gente diga la verdad.

Al menos puedo conseguir que sean veraces.

El eremita sonrió levemente,

Pero nada dijo.

Guardó un noble silencio.

El rey decidió establecer un patíbulo en el puente que servía de acceso a la ciudad.

Un escuadrón a las órdenes de un capitán revisaba todo aquel que entraba a la ciudad.

Se hizo público lo siguiente.

—Toda persona que quiera entrar en la ciudad será previamente interrogada.

Si dice la verdad,

Podrá entrar.

Si miente,

Será conducida al patíbulo y ahorcada.

Amanecía,

Y el ermitaño,

Tras meditar toda la noche,

Se puso en marcha hacia la ciudad.

Su amado bosque quedaba a sus espaldas.

Caminaba con lentitud.

Avanzó hacia el puente.

El capitán se interpuso en su camino y le preguntó.

—¿A dónde vas?

—Voy camino de la horca,

Para que podáis ahorcarme.

Repuso sereno el eremita.

El capitán aseveró.

—No lo creo.

—Pues bien,

Capitán,

Si he mentido,

Ahorcame.

—Pero si te ahorcamos por haber mentido,

Repuso el capitán,

Habremos convertido en cierto lo que has dicho.

Y en ese caso no te habremos ahorcado por mentir,

Sino por decir la verdad.

—Así es,

Afirmó el ermitaño.

Ahora usted sabe lo que es la verdad.

Su verdad.

El maestro dice,

El aferramiento a los puntos de vista es una traba mental.

Y un fuerte obstáculo en el viaje interior.

LA LLAVE DE LA FELICIDAD El divino se sentía solo y quería hallarse acompañado.

Entonces decidió crear unos seres que pudieran hacerle compañía.

Pero cierto día,

Estos seres encontraron la llave de la felicidad,

Siguieron el camino hacia el divino y se reabsorbieron en él.

Dios se quedó triste,

Nuevamente solo,

Reflexionó.

Pensó que había llegado el momento de crear al ser humano,

Pero temió que éste pudiera descubrir la llave de la felicidad,

Encontrar el camino hacia él y volver a quedarse solo.

Siguió reflexionando y se preguntó dónde podría ocultar la llave de la felicidad para que el hombre no diese con ella.

Tenía desde luego que esconderla,

En un lugar recóndito donde el hombre no pudiera hallarla.

Primero pensó en ocultarla en el fondo del mar,

Luego en una caverna de los Himalayas,

Después en un remotísimo confín del espacio sideral.

Pero no se sintió satisfecho con estos lugares.

Pasó toda la noche en vela preguntándose cuál sería el lugar seguro para ocultar la llave de la felicidad.

Pensó que el hombre terminaría descendiendo a lo más abismal de los océanos y que allí la llave no estaría segura.

Tampoco lo estaría en una gruta de los Himalayas,

Porque antes o después hallaría esas tierras.

Ni siquiera estaría bien oculta en los vastos espacios siderales,

Porque un día el hombre exploraría todo el universo.

¿Dónde ocultarla?

Continuaba preguntándose al amanecer.

Y cuando el sol comenzaba a disipar la bruma matutina,

Al divino se le ocurrió de súbito el único lugar en el que el hombre no buscaría la llave de la felicidad.

Dentro del hombre mismo.

Creó al ser humano y en su interior colocó la llave de la felicidad.

El maestro dice,

Busca dentro de ti mismo.

Desafía a Dios y róbale la suprema felicidad.

Espero que te hayan gustado y nos vemos en el próximo episodio.

Besos.

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Reseñas Recientes

Irma

September 19, 2025

Gracias muchas gracias, fue hermoso

Alejandra

April 25, 2022

Gracias!!!

Cris

March 14, 2021

Me encanta escuchar cuentos. Gracias! Tu voz, tu tono y tu intención son súper agradables.

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