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Cap 1 - Audiolibro - El Libro Tibetano la Vida y la Muerte

by Ciencia del Saber

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1º Parte: La Vida - Capítulo 1: En el espejo de la muerte. Dedico este libro a Jamyang Khyentse Chókyi Lodró, a Dudjom Rimpoché, a Dilgo Khyentse Rimpoché, a Khyentse Sangyum Khandro Tsering Chódrón y a todos mis queridos maestros, que han sido la inspiración de mi vida. Que este libro sirva de guía para la liberación, que sea útil para los vivos, los moribundos y los muertos. ¡Qué sirva de ayuda a todos quienes lo lean y los aliente en su viaje hacia la Iluminación! Narrador: Juan José palanca

Transcripción

El libro tibetano de la vida y la muerte,

Sogyal Rinpoche.

Primera parte.

La vida.

Capítulo 1.

En el espejo de la muerte.

Mi primera experiencia de la muerte se produjo cuando yo tenía unos siete años.

Nos disponíamos a dejar las tierras altas del este para viajar al Tíbet central.

Samten,

Uno de los asistentes personales de mi maestro,

Era un monje maravilloso que fue muy bueno conmigo durante mi niñez.

Tenía una cara resplandeciente,

Rollizo y redondeada,

Siempre a punto de esbozar una sonrisa.

Debido a su buen carácter,

Era el favorito de todos en el monasterio.

Mi maestro daba cada día enseñanzas e iniciaciones y dirigía prácticas y rituales.

Al terminar la jornada,

Yo solía reunir a mis amigos y organizaba una pequeña representación teatral en la que ponía en escena los acontecimientos de la mañana y era Samten quien me prestaba siempre las vestiduras que había utilizado mi maestro durante el día.

Jamás me negaba nada.

Pero entonces Samten cayó enfermo repentinamente y pronto se hizo evidente que no iba a vivir.

Tuvimos que aplazar la partida.

Nunca olvidaré las dos semanas que siguieron.

El rancio olor de la muerte lo cubría todo como una nube y cada vez que pienso en aquellos días vuelvo a sentir ese olor.

El monasterio estaba saturado de una intensa conciencia de la muerte.

Sin embargo,

La atmósfera no era en absoluto morbosa ni de temor.

En presencia de mi maestro,

La muerte de Samten cobraba un significado especial.

Se convertía en una enseñanza para todos nosotros.

Samten permanecía acostado junto a la ventana de un pequeño templo situado en la residencia de mi maestro.

Yo sabía que estaba muriéndose.

De vez en cuando iba a verlo y me sentaba un rato a su lado.

Por entonces Samten ya no podía hablar y me impresionaba el cambio que había experimentado su rostro,

Ya macilento y demagrado.

Comprendí que iba a dejarnos y que no volveríamos a verlo más.

Me sentía profundamente triste y solitario.

La muerte de Samten no fue fácil.

El sonido de su laboriosa respiración nos seguía por todas partes y podíamos oler la descomposición de su cuerpo.

El monasterio se hallaba asumido en un silencio abrumador,

Roto únicamente por sus estertores.

Todo estaba centrado en Samten.

Sin embargo,

Aunque había tanto sufrimiento en su prolongada agonía,

Todos nos dábamos cuenta de que en lo más hondo tenía paz y confianza interior.

Al principio no podía explicármelo,

Pero enseguida comprendí de dónde procedía esa sensación,

De su fe y su preparación y de la presencia de nuestro maestro.

Y aunque seguí estando triste,

Supe entonces que si nuestro maestro estaba allí,

Todo acabaría siendo para bien,

Pues él podría guiar a Samten hacia la liberación.

Más tarde llegué a saber que todo practicante sueña con morir ante su maestro y con tener la buena fortuna de ser guiado por él en el trance de la muerte.

Mientras Jamyang Kiyan se guiaba serenamente a Samten en su muerte,

Le iba explicando una por una todas las fases del proceso por el que estaba pasando.

Me asombraban la precisión de sus conocimientos y su confianza y serenidad.

Cuando estaba presente,

Su serena confianza tranquilizaba aún a la persona más angustiada.

En aquellos momentos,

Jamyang Kiyanche nos revelaba su intrepidez ante la muerte.

No es que se tomara jamás la muerte a la ligera.

A menudo nos decía que él le tenía miedo y nos recomendaba que no nos la tomáramos de un modo ingenuo o complaciente.

¿Qué era,

Entonces,

Lo que le permitía afrontar la muerte de una manera tan solemne y al mismo tiempo tan libre de cuidados,

Tan práctica pero tan misteriosamente despreocupada?

Esta pregunta me fascinaba y me absorbía.

La muerte de Samten fue una conmoción para mí.

A los siete años de edad vislumbré por primera vez el enorme poder de la tradición que se me estaba instruyendo y empecé a comprender el sentido de las prácticas espirituales.

La práctica había conferido a Samten la aceptación de la muerte,

Así como una clara comprensión de que el sufrimiento y el dolor pueden formar parte de un profundo proceso natural de purificación.

La práctica había conferido a mi maestro un conocimiento completo de lo que es la muerte y una tecnología precisa para guiar a las personas en ese trance.

Tras la muerte de Samten partimos hacia Lhasa,

La capital de Tíbet,

Emprendiendo un arduo viaje de tres meses a lomo de caballo.

Desde allí proseguimos nuestra peregrinación hacia el Tíbet central y meridional,

Hacia los lugares sagrados de los santos reyes y letrados que introdujeron el budismo en Tíbet.

Mi maestro era emanación de muchos maestros de todas las tradiciones y a causa de su reputación recibía una tumultuosa bienvenida allí donde iba.

Aquel viaje fue sumamente emocionante para mí y todavía guardo de él muchos hermosos recuerdos.

Los tibetanos se levantan temprano con objeto de aprovechar plenamente la luz del día.

Nos acostábamos al caer la noche y nos levantábamos antes del alba,

Para que los yaks que transportaban la carga pudieran ponerse en marcha con la primera luz del amanecer.

Se desmontaban las tiendas y las últimas que permanecían en pie eran las de la cocina y la de mi maestro.

Siempre se adelantaba un explorador con la misión de elegir un buen lugar para acampar.

Y hacia el mediodía nos deteníamos y montábamos las tiendas hasta la mañana siguiente.

A mí me gustaba acampar a orillas de algún río y escuchar el rumor del agua o sentarme dentro de la tienda y escuchar el chapaleteo de la lluvia en el techo.

Nosotros un grupo pequeño,

De unas treinta tiendas en total.

Durante el día yo montaba un caballo de color dorado al lado de mi maestro.

Mientras cabalgábamos él me daba enseñanzas,

Contaba historias,

Practicaba y componía diversas prácticas especialmente para mí.

Un día cuando nos acercábamos al lago sagrado de Yamdrog Tso y divisábamos ya el resplandor turquesa de sus aguas,

Otro lama de nuestro grupo,

Lama Tseten,

Empezó a morir.

La muerte del Lama Tseten fue para mí otra sólida enseñanza.

Este lama había sido el tutor de la esposa espiritual de mi maestro,

Khandrot Tserinchodron,

Que en la actualidad todavía vive.

Son muchos quienes la consideran la más destacada practicante de Tíbet,

Una maestra oculta que en mi opinión personifica la devoción y enseñanza mediante la sencillez de su presencia amorosa.

Lama Tseten era un personaje enormemente humano,

Como un abuelo de todos.

Tenía más de sesenta años,

Era alto,

De cabellos grises y rediaba una bondad espontánea.

También era un consumado practicante de la meditación y el mero hecho de estar junto a él suscitaba en mí una sensación de paz y serenidad.

A veces me regañaba y entonces le tenía miedo,

Pero a pesar de sus momentos de severidad nunca perdía su talante afectuoso.

Lama Tseten murió de una forma extraordinaria.

Aunque había un monasterio cercano,

Se negó a ir allí,

Diciendo que no quería darles el trabajo de deshacerse de su cadáver.

Así pues,

Nos detuvimos y levantamos las tiendas en círculo,

Como de costumbre.

Kandro cuidaba y atendía a Lama Tseten,

Puesto que era su tutor.

Ella y yo éramos las únicas personas que había en su tienda cuando de pronto el Lama la llamó a su lado.

Tenía la costumbre de llamarla cariñosamente Ami,

Que en su dialecto natal significa hija mía.

Ami le dijo con ternura,

Ven aquí.

Ha llegado el momento,

No tengo más consejos que darte,

Estás bien como estás,

Estoy contento de ti,

Sirve a tu maestro tal como has venido haciéndolo.

Ella se giró de inmediato para salir corriendo de la tienda,

Pero él la cogió por la manga.

¿A dónde vas?

Le preguntó.

Voy a llamar a Rinpoche,

Respondió ella.

No lo molestes,

No hay necesidad,

Sonrió el Lama.

Con el maestro no existe la distancia.

Dicho eso,

Alzó la mirada hacia el cielo y falleció.

Kandro liberó la manga y salió a toda prisa para avisar a mi maestro.

Yo permanecí sentado en la tienda,

Incapaz de moverme.

Me asombraba que una persona que estaba contemplando la muerte cara a cara pudiera mostrar tal confianza.

Si era Mazeten,

Habría podido tener junto a él a su Lama en persona para que lo ayudara,

Algo que cualquier otro hubiera deseado ardientemente,

Pero no lo necesitaba.

Ahora sé por qué.

Ya tenía la presencia del maestro en su interior.

Yam Yan Kiyansé estaba siempre con él,

En su mente y en su corazón.

Nunca y en ningún momento notaba una separación.

Kandro fue a buscar a Yam Yan Kiyansé.

Nunca olvidaré cómo él se agachó para entrar en la tienda,

Dirigió una mirada al rostro del Lama Mazeten y luego,

Contemplando fijamente sus ojos,

Empezó a reírse entre dientes.

Siempre solía llamarlo la Gen,

Viejo Lama,

En señal de afecto.

Mi maestro advirtió al instante,

Ahora lo comprendo,

Que el Lama Mazeten estaba practicando una meditación especial en la que el practicante funde la naturaleza de su mente con el espacio de la verdad.

Ya sabes,

La Gen,

Que cuando se hace esta práctica pueden surgir obstáculos sutiles.

Vamos,

Yo te guiaré.

Observé paralizado lo que ocurrió a continuación.

De no haberlo visto yo mismo,

Jamás lo habría creído.

Lama Mazeten volvió a la vida.

Acto seguido,

Mi maestro se sentó a su lado y lo condujo en la práctica de Foua,

Cuyo fin es guiar la conciencia en los momentos anteriores a la muerte.

Hay muchas maneras de realizar esta práctica,

Y la que utilizó entonces culminaba con la sílaba A,

Pronunciada tres veces por el maestro.

Cuando dijo A,

Por primera vez,

Oímos que Lama Mazeten la acompañaba de un modo perfectamente audible.

A la segunda,

Su voz ya no fue tan clara,

Y a la tercera vez permaneció en silencio.

No se había dejado.

La muerte de Samten me había enseñado el propósito de la práctica espiritual.

La muerte de Lama Mazeten me enseñó que no es insólito que los practicantes de su calibre oculten sus notables cualidades durante su vida.

Algunos,

En realidad,

Solo las muestran una vez en el momento de la muerte.

Aunque era un niño,

Me di cuenta de que había una asombrosa diferencia entre la muerte de Samten y la de Lama Mazeten.

Y comprendí que era la diferencia entre la muerte de un buen monje que había practicado a lo largo de su vida y la de un practicante mucho más consumado.

Samten murió de un modo corriente y doloroso,

Aunque con la confianza de la fe.

La muerte de Lama Mazeten fue una demostración de maestría espiritual.

Poco después del entierro de Lama Mazeten,

Nos trasladamos al monasterio de Yamdrog.

Como de costumbre,

Me acosté en la habitación de mi maestro y recuerdo que estuve contemplando las sombras producidas por los candiles de manteca que se agitaban en la pared.

Mientras todos los demás dormían tranquilamente,

Yo permanecí despierto y me pasé la noche llorando.

Aquella noche comprendí que la muerte es real y que yo también tendría que morir.

Mientras yací allí tendido,

Pensando en la muerte en general y en mi propia muerte,

Por entre toda mi tristeza fue emergiendo una profunda sensación de aceptación y,

Con ella,

La resolución de dedicar mi vida a la práctica espiritual.

Así pues,

Empecé a afrontar la muerte y sus implicaciones a una edad muy temprana.

Entonces,

No habría podido imaginar cuántas clases de muerte debían sobrevenir aún.

Amontonándose la una sobre la otra.

La muerte que fue la trágica pérdida de mi país,

Tíbet,

Tras la ocupación china.

La muerte que es el exilio.

La muerte de perder todo lo que poseíamos mi familia y yo.

Mi familia Lakart Sang se había contado entre las más ricas de Tíbet.

Desde el siglo XIV era conocida como uno de los más importantes benefactores del budismo,

Que sostenía la enseñanza de Buda y ayudaba a los grandes maestros en su tarea.

Pero la muerte más desoladora aún estaba por venir.

La de mi maestro Yam Yan Kiyensé.

Al perderlo tuve la sensación de que había perdido el fundamento de mi existencia.

Sucedió en 1959,

El año de la caída de Tíbet.

Para los tibetanos,

La muerte de mi maestro fue un segundo golpe demoledor y para Tíbet señaló el fin de una era.

La muerte en el mundo moderno.

Cuando llegué a Occidente me sorprendió el contraste entre las actitudes hacia la muerte con que me había criado y las que entonces encontré.

A pesar de sus éxitos tecnológicos,

La sociedad occidental carece de una verdadera comprensión de la muerte y de lo que ocurre durante la muerte y después de ella.

Descubrí que a la gente de hoy se le enseña a negar la muerte y se les enseña que no significa otra cosa que aniquilación y pérdida.

Eso quiere decir que la mayor parte del mundo vive o bien negando la muerte o bien aterrorizado por ella.

El mero hecho de hablar sobre la muerte se considera morboso y muchas personas creen que el solo hecho de mencionarla es correr el riesgo de atraérsela.

Otros contemplan la muerte con un buen humor ingenuo e irreflexivo,

Pensando que,

Por alguna causa desconocida,

La muerte les irá bien y que no hay por qué preocuparse.

Cuando pienso en estas personas recuerdo lo que dice un maestro tibetano.

La gente suele cometer el error de tomarse la muerte con frivolidad y pensar,

Bueno,

Morirse es algo que le pasa a todo el mundo,

No es nada grave,

Es un hecho natural,

Todo irá bien,

Esa es una teoría muy bonita hasta que llega el momento de la muerte.

De estas dos actitudes hacia la muerte una la considera algo de lo que hay que escabullirse y la otra algo que se resolverá por sí solo.

Qué lejos están las dos de comprender la verdadera importancia de la muerte.

Las grandes tradiciones espirituales del mundo,

Incluyendo por descontado el cristianismo,

Siempre han dicho claramente que la muerte no es el final.

Todas transmiten la visión de alguna clase de vida venidera que infunda un sentido sagrado a esta vida que estamos llevando ahora.

Pero a pesar de sus enseñanzas,

La sociedad moderna es en gran medida un desierto espiritual en el que la mayor parte de la gente imagina que esta vida es lo único que existe.

Carentes de toda fe auténtica en una vida posterior,

Son mayoría las personas que llevan una vida en último término desprovista de sentido.

He llegado a descubrir que los desastrosos efectos de esta negación de la muerte van mucho más allá del individuo y que afectan a todo el planeta.

Debido a su creencia en que esta es la única vida,

La gente moderna no ha desarrollado una visión a largo plazo.

En consecuencia,

No hay nada que les impida devastar el planeta para sus propios fines inmediatos y vivir de una manera egoísta que podría resultar fatal para el futuro.

¿Cuántas advertencias más necesitamos como esta del anterior ministro brasileño de medio ambiente responsable de la selva tropical amazónica?

La moderna sociedad industrial es una religión fanática.

Estamos demoliendo,

Envenenando,

Destruyendo todos los sistemas vitales del planeta.

Estamos firmando letras que nuestros hijos no podrán pagar.

Nos comportamos como si fuéramos la última generación que va a vivir en el planeta.

Sin un cambio radical de corazón,

De mente,

De visión,

La Tierra acabará como Venus,

Calcinada y muerta.

El miedo a la muerte y el desconocimiento de la vida futura alimentan esta destrucción del medio ambiente que amenaza las vidas de todos.

Por eso,

¿no es aún más preocupante que no se le enseñe a la gente qué es la muerte ni cómo morir?

¿O que no se les dé ninguna esperanza en lo que hay después de la muerte,

Ni por tanto en lo que realmente hay detrás de la vida?

Podría resultar más irónico que los jóvenes sean tan cuidadosamente instruidos en todos los temas excepto en aquel que encierra la clave del sentido total de la vida,

Y acaso de nuestra misma supervivencia.

He pensado a menudo en la manera en que algunos maestros budistas,

Que conozco,

Formulan una pregunta sencilla a quienes los abordan buscando sus enseñanzas.

¿Cree usted que hay una vida después de esta?

No se les pregunta si lo aceptan en cuanto proposición filosófica,

Sino más bien si lo sienten en lo profundo del corazón.

El maestro sabe que si alguien cree en una vida después de esta,

Toda su actitud ante la vida será distinta y tendrá un claro sentido de la moralidad y la responsabilidad personal.

Lo que los maestros deben sospechar es que existe el peligro de que la gente,

Que carece de una intensa creencia en una vida venidera,

Acabe creando una sociedad centrada únicamente en los resultados a corto plazo,

Sin pararse a reflexionar en las consecuencias de sus actos.

¿Podría ser este el motivo principal de que hayamos creado un mundo tan brutal como el que ahora ocupamos,

Un mundo en el que hay tan poca compasión?

A veces creo que los países más ricos y poderosos del mundo desarrollado son como el reino de los dioses de que hablan las enseñanzas budistas.

Se dice que los dioses viven en un lujo fabuloso,

Deiletándose en todos los placeres imaginables.

Sin conceder el menor pensamiento en la dimensión espiritual de la vida.

Todo parece ir bien hasta que se acerca la muerte y aparecen inesperados signos de decadencia.

Entonces los cónyuges y amantes de los dioses ya no osan acercárseles,

Sino que les arrojan flores desde cierta distancia y rezan,

A la ligera para que vuelvan a renacer como dioses.

Y todos sus recuerdos de gozo y felicidad pueden protegerlos ahora del sufrimiento que afrontan.

Solo sirven para volverlo más cruel.

Así que a los dioses moribundos se les deja morir solos en su desdicha.

El destino de los dioses me recuerda la forma en que se trata hoy a los ancianos,

Los enfermos y los moribundos.

Nuestra sociedad está obsesionada por la juventud,

El sexo y el poder.

¿No es aterrador que desechemos a los ancianos cuando terminan su vida productiva y dejan de ser útiles?

¿No es inquietante que los llevemos a asilos donde mueren solos y abandonados?

¿No es hora ya de volver a examinar cómo tratamos en ocasiones a quien padecen enfermedades terminales como el cáncer y el sida?

He conocido a varias personas que han muerto de sida y he visto con cuanta frecuencia hasta sus propios amigos las trataban como a proscritas y cómo el estigma que va unido a la enfermedad las reducía a la desesperación y les hacía sentir que su vida era repugnante y que a los ojos del mundo ya había llegado a su fin.

Aun cuando la persona que muere es alguien a quien conocemos o amamos,

Muchas veces comprobamos que no se nos da casi ninguna idea acerca de cómo asistirla y tras su muerte no se nos alienta a pensar en su futuro,

En cómo va a continuar ni en cómo podemos seguir prestándole nuestra ayuda.

De hecho,

Cualquier reflexión de este tipo corre el riesgo de ser desechada por absurda y ridícula.

Lo que todo esto nos muestra con olorosa claridad es que ahora más que nunca necesitamos un cambio fundamental en nuestra actitud hacia la muerte y el morir.

Afortunadamente empieza a haber un cambio de actitud el movimiento de los hospicios,

Por ejemplo está realizando un maravilloso trabajo para ofrecer cuidados prácticos y afectivos.

Sin embargo,

Los cuidados prácticos y afectivos no bastan.

Las personas que se hallan en las puertas de la muerte necesitan amor y cuidados,

Pero también necesitan algo todavía más profundo.

Necesitan descubrirle un sentido auténtico a la muerte y a la vida.

Sin ello,

¿cómo podemos ofrecerles verdadero consuelo?

La ayuda a los moribundos,

Pues,

Ha de incluir la posibilidad de cuidados espirituales,

Ya que sólo con el conocimiento espiritual podemos afrontar realmente la muerte y comprenderla.

Me ha alentado a ver cómo en estos últimos años se ha abierto en Occidente toda la cuestión de la muerte y el morir gracias a pioneros como Elizabeth Kubler-Ross y Raymond Moody.

Contemplando detenidamente la manera en que cuidamos de los moribundos,

Elizabeth ha demostrado que con amor incondicional y una actitud más comprensiva,

Morir puede ser una experiencia serena e incluso transformadora.

Los estudios científicos sobre los numerosos aspectos de la experiencia de casi muerte que siguieron al valeroso trabajo de Raymond Moody han ofrecido a la humanidad la vivida y poderosa esperanza de que la vida no termina con la muerte y que efectivamente hay una vida después de la vida.

Por desgracia,

Hubo quienes no comprendieron realmente el pleno significado de estas revelaciones sobre la muerte y el morir.

Se ha llegado al extremo de buscarle un atractivo a la muerte y me han hablado de casos trágicos de jóvenes que se suicidaron porque creían que la muerte era bella y que les permitiría escapar de la depresión que vivían.

Pero igualmente se trivializa la muerte si se la teme y se rehúsa a afrontarla como si se la convierte en algo romántico.

Tanto la desesperación como la euforia ante la muerte son formas de evasión.

La muerte no es deprimente ni emocionante,

Es sencillamente un hecho de la vida.

Es muy triste que la mayoría solo empecemos a apreciar la vida cuando estamos a punto de morir.

Muchas veces pienso en las palabras del gran maestro budista Padmasambhava.

Quienes creen que disponen de mucho tiempo solo se preparan en el momento de la muerte.

A veces los desgarra el arrepentimiento,

Pero ¿no es ya demasiado tarde?

¿Qué observación sobre el mundo moderno podría ser más escalofriante que la de que casi todos mueren sin estar preparados para la muerte,

Tal como han vivido sin estar preparados para la vida?

El viaje por la vida y la muerte.

Según la sabiduría de Buda,

Realmente podemos utilizar nuestra vida para prepararnos para la muerte.

No tenemos que esperar a que la dolorosa muerte de un ser querido o la conmoción de una enfermedad terminal nos obliguen a examinar nuestra vida.

Tampoco estamos condenados a ir a la muerte con las manos vacías,

Al encuentro de lo desconocido.

Podemos empezar aquí y ahora,

A encontrarle un sentido a nuestra vida.

Podemos hacer de cada instante una oportunidad de cambiar y prepararnos,

De todo corazón,

Con precisión y serenidad,

Para la muerte y la eternidad.

Desde el punto de vista budista,

La vida y la muerte son un todo único,

En el cual la muerte es el comienzo de otro capítulo de la vida.

La muerte es un espejo en el que se refleja todo el sentido de la vida.

Esta idea es fundamental en las enseñanzas de la escuela más antigua del budismo tibetano.

Muchos de ustedes habrán oído hablar del libro tibetano de los muertos.

Lo que pretendo hacer en este libro es explicar y ampliar el libro tibetano de los muertos,

Tratar no sólo de la muerte,

Sino también de la vida.

Exponer en detalle toda la enseñanza de la que el libro tibetano de los muertos sólo es una parte.

En esta enseñanza maravillosa encontramos la totalidad de la vida y la muerte presentada conjuntamente como una serie de realidades transitorias y en constante cambio llamadas bardos.

La palabra bardo se utiliza corrientemente para designar el estado intermedio entre la muerte y el renacimiento,

Pero en realidad los bardos se suceden continuamente tanto en la vida como en la muerte y son coyunturas en las que se intensifica la posibilidad de liberación o iluminación.

Los bardos son oportunidades de liberación particularmente poderosas porque,

Como lo muestran las enseñanzas,

Hay momentos que son mucho más poderosos que otros y mucho más cargados de potencialidad en los que todo cuanto una hace tiene un efecto decisivo y de largo alcance.

Yo me figuro un bardo como el momento en que se avanza hacia el borde del precipicio.

Un momento así,

Por ejemplo,

Ocurre cuando un maestro le expone a un discípulo la naturaleza esencial,

Original e íntima de su propia mente.

De estos momentos,

No obstante,

El mayor y el más cargado es el de la muerte.

Así pues,

Según el punto de vista del budismo tibetano,

Podemos dividir toda nuestra existencia en cuatro realidades continuamente entrelazadas.

1.

La vida 2.

El morir y la muerte 3.

Después de la muerte 4.

El renacimiento Se las conoce como los cuatro bardos.

1.

El bardo natural de esta vida 2.

El bardo doloroso del morir 3.

El bardo luminoso de Dharmata 4.

El bardo cármico del devenir Debido a la inmensidad y la exhaustividad de las enseñanzas del bardo,

Este libro se ha estructurado cuidadosamente.

Será usted guiado etapa por etapa a medida que se va desplegando la visión del viaje por la vida y la muerte.

Nuestra exploración empieza necesariamente con una reflexión directa sobre el significado de la muerte y las múltiples facetas de la verdad de la impermanencia,

El tipo de reflexión que nos capacite para hacer un uso enriquecedor de esta vida cuando aún tenemos tiempo y nos permita morir sin tener que arrepentirnos ni reprocharnos el haber malgastado la vida.

El célebre santo y poeta tibetano Milarepa lo expresó así.

Mi religión es vivir y morir sin remordimientos.

La contemplación profunda del mensaje secreto de la impermanencia,

Lo que hay en realidad más allá de la impermanencia y la muerte,

Nos lleva directamente al corazón de las antiguas y profundas enseñanzas tibetanas.

La introducción a la naturaleza esencial de la mente.

¿Comprender la naturaleza de la mente,

Lo que se podría llamar nuestra esencia íntima?

Esa verdad que todos buscamos es la clave para comprender la vida y la muerte.

Porque lo que ocurre en el momento de morir es que la mente ordinaria y sus conceptos ilusorios mueren y en ese espacio que se abre se revela,

Ilimitada como el cielo,

La naturaleza de nuestra mente.

Esta naturaleza esencial de la mente es el telón de fondo de toda la vida y la muerte,

Como el cielo,

Que abarca a todo el universo en su abrazo.

Las enseñanzas dejan claro que,

Si todo lo que conocemos de la mente es ese aspecto de ella que se disuelve al morir,

Quedaremos sin tener ninguna idea de lo que sigue,

Ningún conocimiento de esta nueva dimensión de la realidad más profunda de la naturaleza de la mente.

Así pues,

Es esencial que nos familiaricemos con la naturaleza de la mente cuando aún estamos vivos.

Sólo entonces estaremos preparados cuando se revele espontáneamente y poderosamente en el instante de la muerte,

Podremos reconocerla,

Dicen las enseñanzas,

Tan naturalmente como corre un niño hacia el regazo de su madre y permaneciendo en ese estado,

Quedar finalmente liberados.

La descripción de la naturaleza de la mente conduce naturalmente a una instrucción completa sobre la meditación,

Ya que la meditación es el único medio por el que podemos desvelar repetidamente y poco a poco,

Comprender y estabilizar esa naturaleza de la mente.

A continuación,

Se ofrece una explicación de la naturaleza de la evolución humana,

El renacer y el karma,

A fin de proporcionarle el contexto y el sentido más amplios posibles de nuestra andadura por la vida y la muerte.

A estas alturas,

Ya tendrá usted suficientes conocimientos para introducirse con confianza en el corazón del libro,

Una exposición completa,

Derivada de muchas fuentes distintas,

De los cuatro bardos y de todas las fases de la muerte y el morir.

Se exponen detalladas instrucciones,

Consejos prácticos y prácticas espirituales para ayudarnos a nosotros mismos y a los demás durante la vida,

Durante el morir,

Durante la muerte y después de la muerte.

Finalmente,

El libro concluye con una visión de cómo las enseñanzas del bardo pueden ayudarnos a comprender la naturaleza más profunda de la mente humana y del universo.

Mis alumnos suelen preguntarme cómo sabemos qué son estos bardos y de dónde procede la pasmosa precisión de las enseñanzas sobre los mismos y su conocimiento asombrosamente claro de todas las fases del morir,

La muerte y el renacimiento.

A muchos lectores la respuesta les parecerá difícil de comprender al principio,

Porque el concepto de la muerte que se tiene actualmente en Occidente es muy estrecho.

Ante los importantes avances de los últimos años,

Sobre todo en la ciencia del cuerpo-mente y la psicología transpersonal,

La gran mayoría de los científicos sigue reduciendo la mente a meros procesos físicos que se producen en el cerebro,

Lo que va contra el testimonio de milenios de experiencias de místicos y meditadores de todas las religiones.

¿Desde qué fuente,

Con qué autoridad puede escribirse entonces un libro como este?

La ciencia interior del budismo se basa,

Como lo expresa un estudioso de Estados Unidos,

En un completo y cabal conocimiento de la realidad en una profunda y ya experimentada comprensión del yo y el entorno,

Es decir,

En la iluminación completa de Buda.

La fuente de las enseñanzas sobre los bardos es la mente iluminada,

La mente de Buda completamente despierta,

Tal como ha sido experimentada,

Explicada y transmitida por un largo linaje de maestros que se remonta al Buda primordial.

Sus cuidadosas,

Meticulosas,

Casi se podría decir científicas,

Exploraciones y formulaciones de sus descubrimientos sobre la mente en el curso de muchos siglos nos proporcionan la imagen más completa posible de la vida y la muerte.

Es esta imagen completa la que,

Inspirado por Yam Yan Kiyensé y mis otros grandes maestros,

Intento humildemente transmitir por primera vez a Occidente.

Tras muchos años de contemplación,

Enseñanza y práctica,

Y de aclarar preguntas y conceptos con mis maestros,

He escrito el libro tibetano de la vida y de la muerte,

Con ánimo de presentar la quinta esencia de los sinceros consejos de todos mis maestros,

Para que sea un nuevo libro tibetano de los muertos y un libro tibetano de la vida.

Mi deseo es que sea un manual,

Una guía,

Una obra de consulta y una fuente de inspiración sagrada.

Estudiar a fondo este libro,

Leerlo una y otra vez,

Es,

Creo yo,

La única manera de revelar sus muchos significados.

Comprobará que cuanto más lo utilice,

Más profundamente captará sus implicaciones y mejor percibirá la hundura de la sabiduría que se le transmite por medio de las enseñanzas.

Las enseñanzas sobre el bardo explican con precisión lo que ocurrirá si nos preparamos para la muerte y lo que ocurrirá si no lo hacemos.

La elección no podría estar más clara.

Si nos negamos a aceptar la muerte ahora,

Cuando aún estamos vivos,

Lo pagaremos muy caro durante toda nuestra vida,

En el momento de la muerte y después de ella.

Los efectos de tal negativa repercutirán sobre esta vida y sobre todas las vidas por venir.

No podremos vivir plenamente.

Quedaremos aprisionados justamente en aquel aspecto de nosotros mismos que deben morir.

Esta ignorancia nos robará la base del viaje hacia la iluminación y nos mantendrá atrapados eternamente en el reino de la ilusión,

El ciclo incontrolado del nacimiento y la muerte,

Ese océano de sufrimiento que los budistas denominamos samsara.

Sin embargo,

El mensaje fundamental de las enseñanzas budistas es que,

Si estamos preparados,

Existe una enorme esperanza,

Tanto en la vida como en la muerte.

Las enseñanzas nos revelan la posibilidad de una libertad asombrosa y en último término ilimitada por la que podemos empezar a trabajar ahora mismo,

En la vida.

Una libertad que nos permitirá también elegir nuestra muerte y,

Por ello,

Elegir nuestro nacimiento.

Para la persona que se ha preparado y ha practicado,

La muerte llega no como una derrota,

Sino como un triunfo,

El momento más glorioso que corona toda la vida.

Gracias.

Fin del capítulo 1.

Siguiente capítulo,

Capítulo 2.

La impermanencia.

Gracias.

4.9 (259)

Reseñas Recientes

Antonio

November 23, 2025

Gran trabajo. Muchas graxias

Cecilia

August 19, 2024

Muy bueno

Maurice

November 25, 2023

Maravillosa reflexión e introducción al camino de vida y de la muerte! Gracias 🙏🏻

Jaime

July 26, 2023

Dá gusto escucharte, qué voz tan agradable y tan expresiva. Gracias🙏

Rocío

February 9, 2023

Interesante 🙏🏻

Pau

December 21, 2022

Muchas gracias!

Totoya

October 17, 2022

Gracias🙏

Imme

May 20, 2022

Maravilloso. Gracias.

Mirena

April 9, 2022

Hermosa enseñanza! Gracias! Seguiré escuchando los siguientes capítulos! ✨🙏

BBdM

April 3, 2022

Fantástico! Gracias! ❤️

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