
Un Espacio Para Todo
En esta práctica cultivamos una conciencia amable y abierta. Aprendemos a incluir en ella tanto lo difícil como lo agradable. Y nos damos espacio para relacionarnos con nuestra experiencia de un modo más amplio y receptivo.
Transcripción
Un espacio para todo.
Durante esta meditación trataremos de cultivar una conciencia amable,
Amplia y abierta hacia la totalidad de nuestra experiencia.
Vamos a comenzar tomando un momento para situarnos en el lugar donde estamos.
Nota los sonidos del entorno,
La temperatura del aire y lleva lentamente la atención al cuerpo.
Observa los puntos de apoyo,
El contacto con la superficie que te sostiene,
Las zonas donde hay más peso o más ligereza.
Permite que el cuerpo se asiente con estabilidad y presencia,
Dejando que el peso descienda sin esfuerzo.
Dirige la atención hacia la respiración.
Nota el movimiento natural del aire al entrar y al salir.
No hace falta intervenir,
Basta con acompañar el ritmo que ya está ocurriendo.
Deja que cada respiración te ancle un poco más en el momento presente.
Empezaremos el ejercicio observando si hay algún aspecto de nuestra experiencia que genere resistencia o rechazo.
Puede ser una emoción,
Un pensamiento,
Una incomodidad física.
Llévalo a la respiración,
Inhalando conciencia y exhalando suavidad.
Responde a tu malestar con la misma amabilidad con la que acompañarías a alguien que sufre.
Respiramos suavemente con esta experiencia por unos momentos.
Puedes dirigir la inhalación hacia la zona donde sientes la incomodidad y con la exhalación suavizar la tensión o el rechazo.
Permite que todo el cuerpo sea acunado por una respiración comprensiva y amable.
Poco a poco ampliamos la conciencia.
Incluimos los sonidos,
La temperatura de la habitación,
La sensación del cuerpo respirando.
Permite que cualquier sensación difícil suceda dentro de un espacio amplio y abierto,
Donde todo surge y pasa.
Ahora dirige la atención hacia algún aspecto agradable de tu experiencia.
No tiene que ser algo intenso,
Puede ser una sensación sutil como la calidez de las manos,
Un sonido agradable,
El contacto con la respiración o incluso la ausencia de malestar.
Descansa en estas sensaciones placenteras del momento presente.
Imagina ahora que amplías la lente de tu conciencia como si abrieras el ángulo de visión.
Incluye en un mismo espacio tanto lo agradable como lo desagradable,
Sin preferencia ni rechazo.
Observa como todo surge,
Cambia y se desvanece.
Permite que lo desagradable surja y pase sin resistirte.
Permite que lo agradable surja y pase sin aferrarte.
Igual que la respiración cambia continuamente,
Deja que las sensaciones fluyan en un movimiento constante.
Puedes imaginar que estas sensaciones son como olas en el océano.
Suben,
Bajan,
Se transforman.
Si reaccionas a cada ola,
Tu conciencia es como una pequeña barca movida por el oleaje.
Pero si cultivas una conciencia amplia,
Estable y receptiva,
Tu conciencia es como un gran barco que navega con firmeza a través del océano.
Respira con una actitud de aceptación y amabilidad hacia toda tu experiencia,
Manteniendo esta perspectiva amplia,
Estable y profunda,
En lugar de quedar atrapado o atrapada en las olas cambiantes del placer y el dolor.
Poco a poco vamos a ir dejando atrás toda la experiencia y vamos a ir centrando la atención en la respiración.
Vamos a ir concluyendo esta práctica,
Llevando la atención a todo el cuerpo respirando aquí y ahora.
Quizá puedas traer a tu corazón la intención de extender esta mirada amplia y receptiva al resto de tu día.
Cuando lo sientas,
Empieza a mover suavemente manos y pies y amablemente disponte a abrir tus ojos.
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