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Cuento Para Dormir: Pulgarcito

by Maria Fernanda Martinez

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4.6
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Actividad
Meditación
Adecuado para
Niños
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Pulgarcito es un cuento para niños que nos habla sobre el valor de la generosidad, la importancia de confiar el uno en el otro y el coraje. Es una historia que habla de cómo el amor se mantiene a pesar de los obstáculos y como las raíces del amor familiar son indestructibles cuando a pesar de situaciones difíciles ha sido contruida con lazos fuertes e indestructibles.

Transcripción

Érase un pobre campesino que estaba una noche junto al hogar,

Prendiendo la chimenea,

Mientras su mujer cosía,

Sentada a su lado.

Dijo el hombre,

—¡Qué triste es no tener hijos!

¡Silencio en esta casa,

Mientras en las otras todo es ruido y alegría!

¡Que pa'cá,

Que pa'allá,

Que vengan los niños,

Que vayan,

Que coman,

Que jueguen,

Que se calló!

—Sí,

Respondió la mujer suspirando,

Aunque fuese uno solo,

Y aunque fuese pequeño como el pulgar,

Me daría por satisfecha,

Lo querríamos más que a nuestra vida.

Sucedió que la mujer se sintió descompuesta,

Y al cabo de siete meses trajo al mundo un niño que,

Si bien perfectamente conformado en todos sus miembros,

No era más largo ni más grande que un dedo pulgar.

Y dijeron los padres,

—Es tal como lo habíamos deseado.

Sí,

Es hermoso,

Lo amo,

Y lo vamos a querer con toda el alma.

En consideración a su tamaño,

Le pusieron por nombre Pulgarcito.

Lo alimentaban tan bien como podían,

Pero el niño no crecía,

Sino que seguía tan pequeño como al principio.

De todos modos,

Su mirada era avispada y bivaracha,

Y muy capaz de salirse con la suya en cualquier cosa que emprendiera.

Un día,

En que el leñador se disponía a ir al bosque a buscar leña,

Dijo para sí hablando a media voz,

—Si tuviese alguien para llevarme el carro.

—Padre,

Exclamó Pulgarcito,

Yo te llevaré el carro.

Puedes estar tranquilo.

A la hora de vida estaré en el bosque.

Se puso el hombre a reír,

Diciendo,

—¿Cómo te la vas a arreglar?

¿No ves que eres demasiado pequeño para manejar las riendas?

No vas a poder hacerlo.

—No importa,

Padre.

Solo con que madre enganche,

Yo me instalaré en la oreja del caballo y lo conduciré a donde tú quieras.

—Bueno,

Pensó el hombre,

No se perderá nada con probarlo.

¡Probemos!

Cuando sonó la hora convenida,

La madre enganchó el caballo y puso a Pulgarcito en su oreja.

Y así iba el pequeño dando órdenes al animal.

—¡Arre,

Arre,

Arre,

Arre,

Arre,

Relámpago,

Atrás,

Corre,

Corre,

A la derecha,

A la izquierda,

Relámpago,

Vas bien.

Todo marchó a pedir de boca,

Como si el pequeño hubiese sido un carretero consumado,

Y el carro tomó el camino del bosque.

Pero he aquí que cuando al doblar la esquina,

El rapazuelo gritó,

—¡Arre,

Arre,

Arre,

Relámpago!

Acertaban a pasar dos forasteros.

—¡Toma!

—exclamó uno.

—¿Qué es esto?

—Ahí va un carro.

El carretero le grita al caballo y,

Sin embargo,

No se le ve por ninguna parte.

—Esto es una carreta sin una persona que lo conduzca.

—Esto está muy raro.

Aquí hay algún misterio —asintió el otro.

—Sigamos al carro y veamos dónde va.

Pero el carro entró en el bosque dirigiéndose en línea recta al sitio en que el padre estaba cortando leña.

Al verlo,

Pulgarcito gritó,

—¡Padre,

Aquí estoy,

Con el carro bájame,

Padre,

Aquí estoy con el carro,

Bájame a tierra!

El hombre sujetó el caballo con la mano izquierda,

Mientras con la derecha sacaba de la oreja del Rocín a su hijito,

El cual se sentó sobre una brisna de hierba.

Al verlo,

Dos forasteros a Pulgarcito quedaron mudos de asombro,

Hasta que,

Al fin,

Llevando uno aparte al otro,

Le dijo,

—Oye,

Esta merudencia podría ser nuestra fortuna si lo exhibimos de ciudad en ciudad.

—¡Comprémoslo!

Dirigiéndose al señador,

Dijeron,

—Véndenos ese hombrecillo,

Lo pasará bien con nosotros.

—No,

Respondió el padre,

Es la luz de mis ojos,

Y no lo daría por todo el oro del mundo.

Pero Pulgarcito,

Que había oído la proposición,

Agarrándose a un pliegue de los calzones de su padre,

Se encaramó hasta su hombro y le murmuró al oído,

—Padre,

Déjame que vaya,

Yo voy a volver,

No te preocupes.

Después el leñador se lo entregó a los hombres por una bonita pieza de oro.

—¿Dónde quieres sentarte?

Le preguntaron.

—Ponme en el ala de vuestro sombrero,

Podré pasearme por ella y contemplar el paisaje.

Ya tendré cuidado de no caerme.

Hicieron ellos lo que les pedía,

Y una vez Pulgarcito se hubo despedido de su padre,

Los forasteros partieron con él y anduvieron hasta el amanecer.

Entonces dijo el pequeño,

—Déjame bajar,

Lo necesito.

—No te muevas,

Le replicó el hombre en cuyo sombrero viajaba el enanillo,

No voy a enfadarme,

También los pajaritos sueltan algo de vez en cuando.

—No,

Protestó Pulgarcito,

Yo soy un chico bien educado,

Bájame,

¡deprisa!

El hombre se quitó el sombrero y depositó al pequeñuelo en un campo que se extendía al borde del camino.

Pegó él unos brincos entre unos terruños y de pronto escabullóse en una gazapera que había estado buscando.

—¡Buenas noches,

Señores,

Pueden seguir sin mí!

Les gritó desde su refugio en tono de burla.

Acudieron ellos al agujero y estuvieron hurgando en él con palos pero en vano.

Pulgarcito se metía cada vez más adentro,

Y como la noche no tardó en cerrar,

Hubieron de reemprender su camino enfurruñados y con las bolsas vacías.

Cuando Pulgarcito estuvo seguro de que se había marchado,

Salió de su escondrijo.

—Eso de andar por el campo a oscuras es peligroso,

Al menor descuido te rompes la crisma.

Por fortuna dio con una valva de caracol vacía.

—¡Bendito sea Dios!

Exclamó.

—¡Aquí puedo pasar la noche seguro!

Y se metió en ella.

Al poco rato,

A punto ya de dormirse,

Oyó que pasaban dos hombres y que uno de ellos decía.

—Yo puedo decírtelo,

Como nos compondremos para hacernos con el dinero y la plata del cura.

—¡Yo puedo decírtelo!

Gritó Pulgarcito.

—¿Qué es esto?

Preguntó,

Asustado,

Uno de los ladrones.

—He oído hablar a alguien.

Separaron los dos a escuchar,

Y Pulgarcito prosiguió.

—¡Llévenme con ustedes!

Yo los ayudaré.

—¿Dónde estás?

—Busca por el suelo,

Fíjate de dónde viene la voz.

Respondió.

Al fin lo descubrieron los ladrones y lo levantaron en el aire.

—¡Infeliz microbio!

¿Tú pretendes ayudarnos?

—¡Mira,

Mira!

Respondió él.

—Me meteré entre los barrotes de la reja,

En el cuarto del cura,

Y les pasaré todo lo que quieran llevar.

—Está bien,

Dijeron los ladrones.

Veremos cómo te portas.

Al llegar a la casa del cura,

Pulgarcito se deslizó en el interior del cuarto,

Y ya,

Dentro,

Gritó con todas sus fuerzas,

—¿Quieren llevarse todo lo que hay aquí?

Los rateros asustados dijeron,

—¡Habla bajito!

No vayas a despertar a alguien.

Entonces Pulgarcito,

Como si no los hubiese oído,

Repitió a grito pelado,

—¿Qué quieren?

¿Van a llevarse todo lo que hay?

Olloré la cocinera,

Que dormía en una habitación continua,

E incorporándose en la cama,

Se puso a escuchar.

Los ladrones asustados habían echado a correr,

Pero al cabo de un trecho,

Recobraron ánimos,

Y pensando que aquel diablillo solo quería gastarles una broma,

Retrocedieron y le dijeron,

—Vamos,

No juegues y pásanos algo.

Entonces Pulgarcito se puso a gritar por tercera vez,

Con toda la fuerza de sus pulmones,

—¡Se los daré todo enseguida,

Solo tienen que alargar las manos!

La criada,

Que seguía al acecho,

Oyó con toda claridad sus palabras,

Y saltando de la cama precipitóse a la puerta,

Ante lo cual los ladrones echaron a correr como alma que lleva el diablo.

La criada,

Al no ver nada sospechoso,

Salió a encender una vela,

Y Pulgarcito se aprovechó de su momentánea ausencia para irse al pajar sin ser visto por nadie.

La criada,

Después de explorar todos los rincones,

Volvió a la cama convencida de que había estado soñando despierta.

Pulgarcito trepó por los tallitos de hino,

Y acabó por encontrar un lugar a propósito para dormir.

¡Ay!

Deseaba descansar hasta que amaneciese,

Y encaminarse luego a la casa de sus padres.

Pero aún le quedaban por pasar muchas otras aventuras.

Ya se acababan las penas y tribulaciones en este bajo mundo.

Al rayar el alba,

La criada saltó de la cama para ir a alimentar al ganado.

Entró primero en el pajar y tomó un brazado de hierba,

Precisamente aquella en que el pobre Pulgarcito estaba durmiendo.

Y es el caso que su sueño era tan profundo que no se dio cuenta de nada ni se despertó hasta hallarse ya en la boca de la vaca que lo había arrebatado junto con la hierba.

¡Válgame!

¡Válgame,

Dios!

Exclamó.

¿Cómo habré ido a parar este molino?

Pero pronto comprendió dónde se había metido.

Era cosa de prestar atención para no meterse entre los dientes y quedar reducido a papilla.

Luego hubo de deslizarse con la hierba hasta el estómago.

En este cuartito se han olvidado de las ventanas,

Dijo.

Aquí el sol no entra,

Ni enciende en una lucecita siquiera.

El aposento no le gustaba.

Y lo peor era que como cada vez entraba más hino por la puerta,

El espacio se reducía continuamente.

Al fin,

Asustado de veras,

Se puso a gritar con todas sus fuerzas.

¡Basta de forraje!

¡Basta de forraje!

La criada,

Que estaba ordeñando a la vaca,

Al oír hablar sin ver a nadie y observando que era la misma voz de la noche pasada,

Se espantó tanto que cayó de su taburete y vertió toda la leche.

Corrió hacia el señor cura y le dijo al borotada.

¡Santo Dios!

¡Señor párraco!

¡La vaca ha hablado!

¿Estás loca?

Respondió el cura,

Pero con todo bajó al establo a ver qué ocurría.

Apenas puesto el pie en él,

Pulgarcito volvió a gritar.

¡Basta de forraje!

¡Basta de forraje!

Se pasmó al cura a su vez,

Pensando que algún mal espíritu se había introducido en la vaca y dio orden de que la mataran.

Así lo hicieron,

Pero el estómago,

En que se hallaba encerrado Pulgarcito,

Fue arrojado al estercolero.

Allí trató el pequeñín de abrirse paso hacia el exterior y,

Aunque le costó mucho,

Por fin pudo llegar a la entrada.

Ya iba a asomar la cabeza,

Cuando le sobrevino una nueva desgracia,

En forma de un lobo hambriento que se tragó el estómago de un bocado.

Pulgarcito no se desanimó.

Tal vez pueda entenderme con el lobo,

Pensó,

Y desde su panza le dijo.

Amigo lobo,

¿sabe un lugar donde podrás comer a gusto?

¿Dónde está?

Preguntó el lobo.

En tal y tal casa.

Tendrás que entrar por la alcantarilla y encontrarás bollos,

Tocino y embutidos para darte un hartazgo,

Y le dio la seña de la casa de sus padres.

El lobo no se lo hizo repetir,

Se escurrió por la alcantarilla y,

Entrando en la despensa,

Se hinchó hasta hartarse.

Ya harto de comer y comer,

Quiso marcharse,

Pero se había llenado de tal mono que no podía salir por el mismo camino.

Con esto había contado Pulgarcito,

El cual,

Dentro del vientre del lobo,

Se puso a gritar y alborotar con todo el vigor de sus pulmones.

Cállate,

Le decía el lobo,

Vas a despertar a la gente de la casa.

¿Y qué?

Replicó el pequeñuelo.

Tú bien te has llenado,

Ahora me toca a mí divertirme,

Y reanudó el griterío.

Despertaron por fin su padre y su madre y corrieron a la despensa,

Mirando el interior por una rendija.

Al ver que dentro había un lobo,

Volvieron a buscar,

El hombre un hacha y la mujer una hoz.

Quédate tú detrás,

Dijo el hombre al entrar en el cuarto.

Oyó Pulgarcito la voz de su padre y gritó,

Padre mío,

Estoy aquí,

En la panza del lobo,

Y exclamó entonces el hombre gozoso,

Alabado sea Dios,

Ha aparecido nuestro hijo.

Levantando el brazo,

Asestó un golpe tal en la cabeza a buscar cuchillo y tijeras,

Y abriendo la barriga del animal,

Sacaron de ella a su hijito.

¡Ay!

,

Exclamó el padre,

¡cuánta angustia nos has hecho pasar,

Hijo mío amado!

Sí,

Padre,

He corrido mucho mundo,

A Dios gracias vuelvo a respirar el aire puro.

¿Y dónde estuviste?

Ay,

Padre,

Estuve en una gazapera,

En el estómago de una vaca y en la panza de un lobo,

Pero desde hoy me quedaré con ustedes.

Y no volveremos a venderte por todos los tesoros del mundo,

Dijo su madre,

Acariciando al querido Pulgarcito.

Le dieron de comer y de beber,

Y le encargaron vestidos nuevos,

Pues los que llevaba se habían estropeado durante sus correrías.

¿Qué piensas de Pulgarcito?

¿Crees que van a ser una familia feliz ahora que están juntos?

¿Crees que a veces por ayudar a las personas que uno ama,

Hace cosas que no debería?

4.5 (33)

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Javier

December 20, 2022

Hermoso cuento, contado de manera maravillosa

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