
Escribí Esto Mientras Algo En Mí Cambiaba
Hoy, mientras sostengo una taza de café en mis manos y estoy recostada sobre mi sillón de lectura, reflexionamos sobre el cambio, cuán necesario es cambiar, a pesar de tener la voz quebrada y el corazón roto.
Transcripción
El cambio casi nunca llega como lo imaginamos.
A veces creemos que cambiar significa sentir una fuerza inmensa,
Tener claridad absoluta.
Levantarnos un día con la certeza de que ya estamos listos para dejar atrás lo que fuimos.
Pero muchas veces el cambio empieza de una forma mucho más silenciosa.
Empieza con un cansancio que se acumula.
En una incomodidad que ya no podemos ignorar.
En una sensación interna.
De saber que algo ya no encaja.
Aunque todavía no tengamos claro hacia dónde ir.
Recuerdo una etapa de mi vida.
En la que sabía que tenía que cambiar.
Pero no me atrevía a aceptarlo del todo.
Por fuera todo parecía estar más o menos en orden.
Seguía haciendo lo que tenía que hacer.
Respondiendo.
Cumpliendo.
Sosteniendo mi rutina.
Pero por dentro.
Había una voz muy bajita que me decía.
Esto ya no es para ti.
Al principio no la escuché.
Lo fui tapando con excusas.
Con miedo,
Con la necesidad de tener todo bajo control.
Hasta que un día comprendí.
Que no siempre nos quedamos en un lugar porque sea bueno para nosotros.
A veces nos quedamos porque es conocido.
Porque sabemos cómo movernos ahí.
Porque incluso lo que nos duele puede parecernos más seguro de lo que todavía no conocemos.
¿Y sabes algo?
Esa comprensión me dolió.
Porque cambiar.
No solo significa dejar algo atrás.
A veces significa reconocer que una parte de nosotros ha estado sobreviviendo.
Durante demasiado tiempo.
Significa mirar con honestidad una vida.
Una relación.
Una forma de pensar.
O una manera de tratarnos.
Y aceptar que ya no podemos seguir ahí sin perdernos un poco más.
Cambiar no siempre se siente como valentía.
A veces se siente como un miedo.
Como confusión.
Como una especie de duelo por una versión de nosotros.
Que aunque se nos quedaba pequeña.
También nos sostuvo.
Durante demasiado tiempo.
Esa versión hizo lo que pudo.
Nos protegió como supo.
Nos ayudó a atravesar momentos difíciles.
Por eso no merece rechazo.
Merece gratitud.
Hay algo muy profundo en poder decirnos.
Gracias por haberme traído hasta aquí.
Ahora necesito seguir de otra manera.
Porque el cambio verdadero no siempre empieza con grandes decisiones.
A veces empieza con pequeños actos casi invisibles.
Responder diferente Poner un límite Pedir ayuda.
Descansar sin culpa.
Alejarnos de lo que nos apaga.
Dejar de dar tantas explicaciones.
Elegirnos.
Aunque todavía nos tiemble la voz.
Y quizá eso es lo más difícil.
Que el cambio ocurre mientras seguimos sintiendo miedo,
No después,
No cuando todo está resuelto.
No cuando ya somos fuertes.
Seguros o perfectos.
Cambiamos en medio de la duda.
Con el corazón roto o apretado.
Con nostalgia.
Con lágrimas en los ojos.
Con pasos torpes.
Con días en los que avanzamos.
Y otros en los que parece que volvemos atrás.
Pero incluso entonces.
Algo dentro de nosotros ya lo sabe.
Sabe que no podemos traicionarnos solo para seguir encajando.
Sabe que permanecer en lo conocido no siempre es paz.
A veces es solo costumbre.
A veces es una jaula decorada con recuerdos.
A veces es una comodidad que nos va apagando lentamente.
El cambio nos pide confianza.
Pero no una confianza ingenua.
De esas que niegan el dolor.
Sino una confianza más profunda,
La de aceptar que no necesitamos ver todo el camino para dar el primer paso.
La de creer que hay partes de nosotros que sólo pueden nacer cuando dejamos de aferrarnos a lo que ya se terminó.
Yo he aprendido que cambiar no siempre se siente como avanzar.
A veces,
Durante un tiempo,
Se siente como estar en tierra de nadie.
Ya no pertenecemos del todo a la vida que estás dejando.
Pero todavía no has construido la nueva.
Y ese espacio intermedio.
Puede ser incómodo.
Puedes sentirte muy vulnerable.
Incluso es muy solitario.
Pero también es sagrado.
Porque ahí,
En ese lugar donde nada está completamente definido,
Empezamos a escucharnos de verdad.
Cambiar duele porque nos transforma.
Porque nos obliga a despedirnos.
Porque nos deja por un tiempo.
Sin suelo firme.
Pero también nos devuelve algo que quizá habíamos perdido.
La posibilidad de volver a elegir.
Y eso,
Aunque asuste,
También es libertad.
Tal vez cambiar no sea convertirse en alguien completamente nuevo.
Tal vez sea recordar quiénes somos cuando dejamos de vivir solo para sobrevivir.
Sólo para complacer.
O sólo para resistir.
Tal vez sea regresar,
Poco a poco,
A una verdad más honesta.
Más limpia.
Más nuestra.
Así que si estás cambiando o te sientes perdido o perdida,
No significa que vayas mal.
A veces perderse es parte del camino hacia una vida más auténtica.
A veces el desorden es solo la señal de que algo viejo se está moviendo para dejar espacio a algo más vivo.
No tengas prisa para entenderlo todo.
Honra el proceso.
Permítete extrañar lo que estás dejando.
Incluso si sabes que ya no es para ti.
Permítete tener miedo.
Sin convertir ese miedo en una orden para detenerte.
Y sobre todo.
Recuerda esto.
No estás rompiéndote.
Estás transformándote.
Y aunque ahora no puedas verlo con claridad.
Puede que este cambio,
Que tanto te mueve por dentro,
Sea precisamente la forma en que la vida está intentando devolverte a ti.
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