
El Ego
¿Qué es el Ego? ¿Cómo podemos superarlo y sentirnos libres? Esas son dos de las preguntas que trato de contestar en este capítulo. Superar el ego nos hará superar el sufrimiento como seres humanos, pero para conseguirlo debemos indagar en las raices del ego.
Transcripción
Hola a todos,
¿cómo estáis?
Bienvenidos a este nuevo podcast,
Nuevo programa,
Nuevo capítulo en el que vamos a hablar sobre el ego.
Me parece uno de los conceptos más interesantes y más importantes si queremos superar y trascender esa visión que tenemos de nosotros mismos,
Esa visión que nos dan los pensamientos y la mente y aprender mucho más sobre quiénes somos y sobre todo tener una visión mucho más objetiva de lo que es la realidad.
Recuerda antes de comenzar que no eres tus pensamientos y que no eres tu mente.
Es una afirmación muy importante,
Muy poderosa y que te va a dar la capacidad justamente de tener esa distancia con los pensamientos y con la mente y como te decía de ser mucho más objetivo y ver esa realidad con otros ojos,
Sin el filtro que nos proporciona esa mente.
Entendemos el ego o una vez que empezamos a hablar sobre el ego nos encontramos con que es uno de los conceptos más complejos de definir.
Kant y diferentes filósofos,
Pero vamos a hablar sobre Kant,
Entendía este concepto como una dimensión en la que se incluían todas las representaciones mentales que la persona lleva a cabo.
Sartre,
En cambio,
Entendía el ego como parte de la propia conciencia y también conoceréis seguramente la idea del psicoanálisis,
La idea de Sigmund Freud que hablaba del ego como la representación de la realidad y de la razón,
Que además tenía la función de controlar las pulsiones del ello y satisfacerlo también,
Satisfacer esos deseos del ello.
Esa yo creo que es una visión bastante popular,
Pero la visión que a nosotros más nos interesa y más nos atañe es la visión que da el budismo sobre el ego y las filosofías orientales también.
Y entendemos ego como la fuente de cualquier sufrimiento.
Edgar Tull que hablaba de que estamos apegados en exceso a nuestros pensamientos y también a nuestras necesidades,
A los códigos heredados también por la familia,
Por la sociedad,
Entonces vamos creando una dimensión falsa y alineada.
Como ese ser es esa parte,
Esa parte que vamos generando nosotros con estos apegos.
Es como una ilusión,
Una fantasía que además pretende situarse por encima de los demás y que necesita ese alimento,
Necesita que la cuidemos,
Necesita que la sigamos alimentando con diferentes pensamientos y diferentes puntos de vista que no son parte de la realidad.
Esa visión distorsionada de nosotros y que además,
Y es importante,
Nos aleja y nos complica el conocernos a nosotros mismos.
Y yo creo que cada paso en el que vamos alimentando ese ego más distancia vamos tomando para poder conocernos y para poder despertar como personas.
Como decía,
También necesita ese alimento,
Necesita ese halago,
Esa aprobación,
Necesita ese control,
Esa necesidad de control de personas y situaciones,
Porque en el fondo lo que el ser humano tiene es un profundo temor.
Entonces el ego es el encargado de alguna manera,
Esa construcción mental de supuestamente alejarnos de ese temor,
Pero al contrario lo que hace es acercarnos todavía más,
Aferrarse a ese temor.
Pero si queremos comprender la naturaleza del ego para poder transcender y para poder librarnos del sufrimiento,
Quizá,
De alguna manera,
Lo veamos como con perplejidad,
Porque al fin y al cabo creemos que es nuestra entidad fundamental,
Creemos que nosotros somos ese ego.
Cuando yo digo quiero superar el ego es como si dijese quiero deshacerme de la vid,
No quiero que la vida exista más,
Quiero que la vida se destruya,
Desaparezca y de repente apareceré yo.
Y eso a ojos de una persona común puede resultar como algo difícil,
Algo incluso negativo,
Una destrucción del propio yo y en cambio es la única posibilidad que tenemos de superar esos sufrimientos,
Esos apegos,
Como decíamos.
Además desde el instante de nuestro nacimiento nosotros somos un cuerpo que se va transformando continuamente después de innumerables experiencias y pensamos que esa entidad tiene que ser algo que dure o que perdure durante toda nuestra vida y que es una realidad sólida y que pertenece a nuestra persona.
Es algo que nos parece tan evidente que no consideramos necesario examinar con atención esa intuición.
De ello se deriva un fuerte apego primero a las nociones del yo y posteriormente a las del mío y así es como la dualidad irreducible entre yo y el prójimo se va cristalizando en esos que nosotros llamamos pensamientos.
Este proceso nos asimila a una entidad imaginario,
A ese yo falso.
El ego es también el sentimiento exacerbado de la importancia de uno mismo que emana de la construcción mental y que nos sitúa en una ficticia o en un ficticio centro de todas las experiencias.
Nuestra identificación con el ego es fundamentalmente disfuncional porque entra en conflicto con la propia realidad y en efecto en este caso le atribuimos cualidades de permanencia y además de singularidad,
De autoestima,
Mientras que por el contrario la realidad es cambiante,
Múltiple,
Independiente.
Al estar basado en un error se ve constantemente amenazado por esa propia o esa misma realidad,
Lo que lo que mantiene en nosotros un sentimiento de miedo,
De terror y de inseguridad.
Como somos conscientes de esa vulnerabilidad tratamos por todos los medios de protegerlo y de reforzarlo,
Lo que comentábamos al principio de alimentarlo,
Sintiendo adversión por todo aquello que lo amenaza y atracción por todo aquello que lo va sustentando.
Y de estas pulsiones de atracción y repulsión nacen también emociones muy conflictivas para nosotros.
El ego no es más que una construcción mental,
Más duradera que otras porque constantemente se ve reforzado por nuestra cadena de pensamientos.
Para desenmascarar la impostura de ese yo hay que seguir investigando hasta el final.
Todo aquel que sospecha,
Por ejemplo,
Que en su casa ha entrado un ladrón tiene que revisar o inspeccionar cada una de las habitaciones o cada escondite hasta estar convencido y seguro de que no hay nadie en la casa.
Cuando dejamos de considerar ese yo como si fuera el centro del mundo nos sentimos de alguna manera implicados de un modo natural con otras personas.
La contemplación egocéntrica de nuestros propios sufrimientos nos desanima mientras que la preocupación altruista por los demás nos ayuda y nos genera a construir bienestar para nosotros y para el resto de personas.
Abandonar la fijación en el ego y dejar de identificarnos con esa imagen nos va a permitir adquirir una inmensa libertad interior.
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