
Un Momento Para Observar Tu Mente
by Marcela Rohr
En esta práctica te invito a observar tu mente con amabilidad, sin juzgar ni intentar cambiar nada. Al hacerlo, cultivamos claridad, calma y una relación más consciente con nuestros pensamientos y emociones. Solo necesitás unos minutos y una actitud curiosa. Tomá una respiración… y comenzamos.
Transcripción
Bienvenido,
Bienvenida.
Gracias por regalarte este momento solo para ti.
Antes de empezar busca una postura cómoda.
Puedes sentarte en una silla con los pies apoyados en el suelo o en el suelo sobre un cojín.
También puedes tumbarte si lo necesitas siempre que te mantengas despierto,
Despierta.
Permite que tu espalda esté erguida pero sin tensión,
Los hombros sueltos,
Las manos descansando donde sea más cómodo para ti.
Y cuando estés listo o lista,
Cierra suavemente los ojos o deja la mirada baja sin fijarla en nada.
No hay nada que lograr,
No hay nada que cambiar,
Solo estar aquí.
Lleva ahora tu atención a la respiración.
No intentes controlarla,
Simplemente observa cómo entra y cómo sale el aire.
Tal vez notes el movimiento en el pecho o en el abdomen o en las fosas nasales.
Cada respiración es diferente y todas están bien.
Si tu mente se distrae y es normal que lo haga,
Solo date cuenta y vuelve con amabilidad a la respiración como si acompañaras el aire con una actitud curiosa y suave.
Ahora,
Poco a poco,
Vamos a ampliar la atención para incluir lo que ocurre en la mente,
Pensamientos,
Imágenes,
Recuerdos,
Planes,
Palabras internas.
No vamos a luchar con ellos,
Tampoco a seguirlos.
La práctica de hoy consiste en observar.
Imagina que tu mente es como el cielo y los pensamientos son nubes que aparecen,
Se mueven y desaparecen.
El cielo no se pelea con las nubes,
Solo las deja pasar.
Permite ahora que los pensamientos aparezcan,
Tal como lo hacen normalmente.
No busques ninguno en especial,
No intentes detenerlos,
Simplemente observa.
Ah,
Aquí hay un pensamiento,
Tal vez sea una frase,
Tal vez una imagen,
Tal vez algo muy rápido,
Cuando notes un pensamiento,
Puedes nombrarlo suavemente en tu mente,
Pensando,
Y volver a observar.
Si te das cuenta que te has enganchado a una historia,
Si te has ido con el pensamiento,
No pasa nada.
Ese momento de darte cuenta ya es mindfulness.
Con amabilidad,
Regresa a la respiración y continúa observando.
Es posible que aparezcan pensamientos,
Agradables,
Neutrales o incómodos.
Recuerda,
No estamos evaluando la mente,
No estamos juzgando lo que aparece.
La mente piensa,
Es su naturaleza.
Tú estás practicando algo distinto,
Ser el observador.
Como si estuvieras sentado a la orilla de un río,
Viendo pasar hojas sobre el agua.
No necesitas subirte a ninguna hoja,
Solo mirar cómo fluye.
Si notas impaciencia,
Aburrimiento o dudas sobre si lo estás haciendo bien,
Observa también eso.
Esos también son pensamientos.
Volver una y otra vez.
Cada vez que vuelves,
Estás entrenando la atención.
No importa cuántas veces la mente se vaya,
Lo importante es el gesto de volver,
Una y otra vez,
Con suavidad.
Respiración.
Pensamiento.
Respiración.
Pensamiento.
Sin prisa.
Sin exigencia.
Ahora,
Poco a poco,
Comienza a ampliar de nuevo tu atención.
Siente el cuerpo completo,
Los puntos de contacto con el suelo o la silla,
Los sonidos que te rodean.
Observa cómo te sientes en este momento,
Sin necesidad de ponerle palabras.
Recuerda que esta forma de observar puede acompañarte en tu vida diaria.
En cualquier momento puedes parar un instante,
Respirar y observar lo que pasa en tu mente sin luchar con ello.
Cuando estés listo o lista,
Comienza a mover suavemente los dedos de las manos,
Los pies,
Y si lo deseas,
Abre lentamente los ojos.
Gracias por practicar.
Gracias por estar aquí.
Conoce a tu maestro
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