
Relajación Facial
by Nina Zahir
Cuando más lo necesites tomate 5 minutos para cerrar tus ojos y relajar los músculos de tu cara. Te sentirás renovado, listo para continuar tu día.
Transcripción
Esta meditación está diseñada para ofrecerte un respiro,
Para ayudarte a relajarte unos minutos y poder continuar con tu día sintiéndote renovada.
Nos vamos a centrar en eliminar la tensión acumulada en el rostro.
Encuentra una postura cómoda.
Puedes sentarte o tumbarte,
Pero asegúrate de poder mantener la espalda recta para que pueda fluir la energía.
Cierra los ojos y comienza a relajarte.
Tu descanso acaba de empezar.
Inhala profundamente por la nariz y aguanta la respiración,
Sintiendo cómo se expanden tus pulmones.
Visualízalos.
Al soltar el aire por la boca,
Hazlo con fuerza,
Como si quisieras sacarte todo lo que llevas dentro.
Repite uno o dos veces más,
A tu ritmo.
Nota cómo tus músculos se sueltan y te sobrevienen un leve cosquillo en las manos.
Ahora vuelve a tu respiración normal.
Lleva la atención a tu frente y desde ahí comienza a bajar muy despacito,
Dándote permiso para relajar cada parte de tu rostro que recorre tu atención.
Asegúrate de que la frente está serena.
Permita que tus cejas vuelvan a su posición original,
Sentadas cómodamente sobre tus ojos.
¿Cómo están tus ojos?
Todos los músculos que nos dotan de expresividad merecen un descanso.
Dáselo.
Los párpados están cerrados ligeramente.
Los globos oculares están quietecitos.
Ahora le toca el turno a la nariz.
Puedes dejarla que caiga por su propio peso.
Permite que las mejillas se recoloquen donde estén más cómodas.
Nadie te está viendo.
Siente cómo se relaja tu rostro.
Nota tus labios.
¿Los puedes soltar un poco más?
La boca puede estar entreabierta.
Lo importante es que los músculos descansen.
No te olvides de que el contacto de un labio sobre el otro o el aire pasando entre ellos es importante.
Siente ahora el interior de tu boca,
La cara interna de tus mejillas.
Fíjate en tu lengua,
Ese conjunto de músculos que tienes dentro de la cabeza.
Déjala reposar cómodamente.
Nota cómo la saliva la envuelve y la mantiene hidratada.
Continúa bajando hacia la mandíbula.
¿La puedes relajar un 10% más?
¿Un 20%?
Siéntela tan floja que se podría desprender.
Los dientes no se tocan.
Los músculos están en un estado de completa relajación.
Disfruta de esta sensación.
Siente cómo el aire entra y sale de tu nariz mientras tú descansas.
Quédate ahí unos instantes más.
Alarga esta pausa.
Ahora inspira profundamente y poco a poco comienza a activarte de nuevo.
Mueve la lengua.
Traga saliva.
Despierta tus músculos de su merecida siesta.
Cuando estés lista,
Abre los ojos mientras sonríes con serenidad y vuelve a tu día.
Permite que esa sensación te acompañe.
Y recuerda que siempre que te apetezca hacer una pausa,
Puedes volver a repetir esta meditación.
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