
Pequeños Viajes Sensoriales: Un Encuentro
En un lugar especial que te hará sentir lleno de paz, tendrás un encuentro imposible de olvidar... quién te espera del otro lado? En este primer viaje sensorial vivirás una sorpresa única e impactante.
Transcripción
Hola,
Soy Marcela Loria.
Me encanta que estemos juntos en este momento y en este espacio que es solo tuyo.
Una pausa que te pertenece para viajar conmigo en el insondable espacio de la imaginación.
Ahora solo te pido que te dejes llevar por mi voz y la música.
Por lo tanto,
Te voy a dar un momento para que te pongas cómodo.
Puede ser en la cama o en un sillón,
Donde tu cuerpo pueda estar relajado,
Totalmente relajado.
Antes de empezar,
Te voy a pedir cerrar los ojos.
Vamos a hacer cuatro respiraciones profundas.
Inhalamos a la cuenta de 4.
1,
2,
3,
4.
Sostenemos 1 y exhalamos el aire en 4.
4,
3,
2,
1.
Vamos de nuevo.
Lo estás haciendo muy bien.
Inhalamos en 1,
2,
3,
4.
Sostenemos 1 y exhalamos el aire en 4,
3,
2,
1.
Otra vez.
Inhalamos en 1,
2,
3,
4.
Sostenemos 1 y exhalamos en 4,
3,
2,
1.
Una última vez.
Inhalamos 1,
2,
3,
4.
Sostenemos 1 y exhalamos 4,
3,
2,
1.
Ahora sí.
Siempre con los ojos cerrados,
Vas a sentir una sensación de cosquilleo en tus pies.
Es un cosquilleo suave y frío.
Estás de pie en el césped de un hermoso jardín.
Tus pies descalzos sienten la frescura de este césped acolchado con cada paso que das.
Es un jardín con lirios,
Rosas y claveles.
Ese aroma.
Vas a caminar adentrándote cada vez más en ese jardín embriagante.
Caminas un poco más y a tu izquierda vas a encontrar un muro de piedra que te parece familiar.
Un muro al que ya se le ven los años en sus filos gastados y en el tímido musgo que sobresale por entre sus grietas.
Al tocarlo,
Sentís la humedad de la piedra,
Aunque hace sol y todo está seco a tu alrededor.
Luego,
Miras de cerca con atención.
Sobre el muro,
Una fila de hormigas diminutas transportan pedacitos de hojas a paso ligero y decidido.
Tu mirada elige una de esas hormigas y la persigue en su misión inacabable.
Pensás que su carga parece liviana,
Aunque doble su tamaño.
De pronto,
Te das cuenta de que si fueras esa hormiga,
Tus cargas pesarían mucho menos.
Mucho menos.
Te despedís de la hormiga agradeciendo lo que acaba de enseñarte,
Mientras ella desaparece por un agujero del muro de piedra.
Te espaldas al muro.
Una banca de grueso hierro espera de frente a la puesta de sol.
Decidís sentarte y notás también en ella el paso del tiempo.
Pensás en cuántos enamorados se habrán sentado juntos allí.
De cuántas conversaciones habrás sido testigo.
Disfrutás este precioso momento de quietud identificándote con todas las posibles historias que aquí han sucedido.
Sonreís.
Este instante te pertenece.
Te pertenece la tibieza de los rayos del sol,
La sensación de la hierba bajo tus pies,
La plenitud de tu presente,
El constante latido de tu corazón.
Y es tuya también la sonrisa dibujada en tu rostro.
De pronto,
Escuchás a lo lejos una risa infantil.
Es un niño que camina haciendo equilibrio sobre el muro.
En la medida en que se acerca,
Te das cuenta que se parece mucho a vos.
Se agacha.
Se desliza con dificultad raspando su ropa en la piedra.
Y una vez en el suelo,
Oculta una bolsita de tela roja entre los helechos que bordean el muro.
Y en ese instante te mira.
Sonríe y corre a sentarse a tu lado.
Luego extiende su pequeña mano y pones su cabeza en tu regazo,
Con el rostro mirando el atardecer.
Tu mano acaricia su cabello en este fantástico encuentro con tu yo infantil.
Recordás esa bolsita roja y sabes que contiene aquello que significaba tanto para vos.
Ese tesoro que vos escondiste ahí hace tantos años.
Recordás también la ropa que lleva puesta.
Sí,
Era tu ropa favorita.
Cuando salías con esa ropa,
Te sentías invencible.
¿Te gustaría compartir otro hermoso recuerdo entre ambos?
Vamos a volver por un instante a ese momento en el que fuiste feliz.
Siempre habrá un recuerdo feliz en algún rincón de nuestra memoria esperando a ser revivido.
El día está llegando a su ocaso y sabes que es hora de abrazar a ese chiquitín o chiquitina y decirle hasta pronto.
Le prometes que vas a intentar no bajar las líneas de las aceras.
Le decís que la luna todavía te persigue y que aún hoy esperas con ilusión la Navidad.
Es hora de regresar.
Das una última mirada a este lugar que te refugió en los últimos minutos y sentís tu corazón pleno y agradecido.
Podés mover ahora lentamente tus dedos de los pies,
De las manos y abrir los ojos.
O podés quedarte así como estás,
Con los ojos cerrados y disfrutando la quietud de este momento.
Gracias por compartir este viaje conmigo.
Te espero muy pronto en el próximo.
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