
No Tengo Tiempo - Capítulo 12: Detrás de una Vida Radiante
El tiempo es el regalo de estar vivos, nos distraemos tanto que solo nos quejamos. En el capítulo de hoy te invito a reconocer la trampa que nos ponen las quejas y lo que realmente oculta nuestro deseo de estar ocupados. Abrazos y Amor. Vane y el Equipo Radiante.
Transcripción
Hola,
Hola,
Gente linda.
Mi nombre es Vane Jaramillo.
Bienvenidos a un capítulo más de este podcast.
Gracias por estar aquí escuchándome en Detrás de una Vida Radiante.
Estoy súper segura de que estás muy bien,
Y más aún porque has decidido regalarme unos minutos de tu tiempo prestándome tus oídos para escuchar esta historia.
Una vez más,
Permítete disfrutar de este relato y conecta con el mensaje que te dejo.
Cada mañana despertaba.
A toda prisa salía con pensamientos incómodos.
Que pesa ir.
No quiero ver a mi jefe.
Qué mamera.
Seguro la reunión de hoy va a tardar más de lo habitual.
No creo llegar temprano a casa.
No tengo vida.
¿Cuándo?
¿Cuándo voy a poder quedarme en casa al menos un día en calma?
Siempre tengo cosas que hacer.
Todos los días corriendo.
Además,
Este tráfico que es una pesadilla.
Casi dos horas para llegar a la oficina.
Hola,
Mamá.
Sí,
Sí,
Todo bien.
Corriendo,
Como raro.
Voy tarde para la oficina.
¿Y tú,
Cómo estás?
Sí,
Mamá,
Salí a tiempo,
Pero hay un trancón terrible.
Debe haber algún accidente.
No,
Madre,
No creo poder ir este fin de semana.
Tengo muchas cosas que hacer.
Justo estamos en cierre de mes.
No,
No,
No,
No me ha quedado tiempo para hacer eso.
Déjame esta noche y lo hago.
Ay,
Mamá,
Ya vas a empezar de nuevo con eso.
¿Qué quieres que haga?
¿Qué hago?
Tengo mucho por hacer.
Cada vez me piden más cosas en la oficina.
Mi jefe es incansable.
Parece que duerme frente al correo electrónico y se despierta por intervalos de media hora para enviarme otro mail más.
Bueno,
Madre,
Ya,
Ya.
Dejemos así,
Madre.
Igual ya estoy llegando a la oficina.
Te hablo luego.
Gracias por llamar.
Entra deprisa a la oficina.
Duras penas puede recoger su agenda.
Le esperan en la sala de juntas.
Una reunión más.
Qué pérdida de tiempo,
Piensa.
Todo se hubiera resuelto en un correo electrónico.
Ocho personas en esta sala de juntas discutiendo esta nimiedad.
Las reuniones deberían estar abolidas.
¡Qué bien!
Terminamos a tiempo.
Alcanzo a ir por un café.
Sale deprisa hacia la cafetería y justo se encuentra el responsable de ese X proyecto que no ha logrado terminar.
Se transforma todo en una pausa muy incómoda que va terminando de desmejorar la mañana.
Mira el reloj.
Faltan dos minutos para las nueve.
Su siguiente reunión está por empezar.
La excusa perfecta para escaparse de esa incómoda conversación.
Rápido regresa a su oficina.
Recoge su computador portátil.
Llega unos minutos tarde.
Mientras todos están sentados,
Quince personas disgustados le ven la cara.
Es como un susurro generalizado en donde llega tarde porque alcanzó a ir por un café mientras todos estamos esperándole aquí.
Se sienta.
Inicia otra interminable reunión llena de opiniones en donde no se logra poner ni la mitad de los quince asistentes de acuerdo.
Y vuelve y piensa.
Se hubiera hecho una votación o alguna cosa por mail y ya está.
Sigo con trabajo represado por estar aquí dentro del parloteo de tantos.
.
.
Termino la penuria.
Regresa a su oficina.
Respira profundo.
El teléfono suena.
Otro asunto urgente.
Tantos urgentes.
Regresa a su lista de pendientes.
Son casi las once de la mañana.
Su estómago cruje.
Tiene hambre.
Revisa el mail.
Cien correos electrónicos nuevos.
Se masajea la cabeza.
Quiere salir corriendo,
Pero vuelve a revisar sus pendientes planeados para el día.
Así que elige la tarea más rápida y sencilla.
Al menos dejar alguna cosa hecha antes de que se acabe el día.
Teclea un poco más.
Contesta el teléfono.
Responde un par de mails.
Es el tiempo del almuerzo.
Así que sale de la oficina.
Entra a su restaurante habitual.
Un grupo de compañeros de trabajo están conversando.
Conversaciones van y vienen.
Algunos de risas.
Otras quejas.
Entre tantas palabras dichas,
Hay frases que se repiten una y otra vez.
El tiempo no alcanza.
El tiempo pasa tan rápido.
No tengo tiempo suficiente para compartir con mi familia.
Mi familia se queja de mí,
De que no comparto con ellos.
Muchas veces no veo a mis hijos antes de que vayan a la cama.
Pareciera como si hubiera una plegaria colectiva.
Que reza.
Quiero más tiempo.
Quiero estar en casa temprano.
Quiero desperdiciar menos tiempo en el tráfico.
Quiero dejar de perder tantas horas entre el trayecto de mi casa,
El trabajo y de regreso,
Que podría aprovechar de tantas maneras.
Quisiera un tiempo para mí.
Quisiera estar en casa sin salir,
Sin prisas,
Solo quedarme en casa.
Quiero poder responder el teléfono a mis padres en calma y sin correr.
Quiero tiempo para leer todos esos libros que no he terminado.
Quisiera estar en casa temprano antes del anochecer.
Quisiera tener menos reuniones sin sentido y que todo fuera más ágil.
O que no se resolviera únicamente en una reunión presencial.
Quisiera poder disponer del tiempo para hablar con esos amigos con los que no me veo en meses o en años.
Quiero.
Quisiera.
Quiero.
Quisiera.
Y seguía la lista y seguía la lista,
Aún sin número de peticiones,
Peticiones colectivas.
Años y años así de quiero y quisiera y quiero y quisiera.
Hasta que un día una serie de eventos generalizados en el mundo llevaron a casi toda la población a trabajar,
Estudiar y estar 24 horas en casa,
En un obligatorio aislamiento de más de 30 días por protección y cuidado de la salud personal y colectiva.
Entonces,
Fue como si la plegaria colectiva se hubiera atendido.
Las personas ahora no solo tienen momento para estar en familia,
Ahora están en casa y no en el tráfico.
Tienen la oportunidad de compartir los juegos y las tareas de sus hijos.
Parece que hay tiempo de sobra.
Hay espacio para películas y libros,
Para llamadas entre amigos.
Sin embargo,
A la segunda semana ya tenía nuevamente su agenda llena.
Martes,
La llamada con los amigos del colegio.
Lunes y miércoles,
Clase de baile.
Jueves,
Clase aeróbicos para toda la familia.
Todos los días,
Reunión con los profesores del colegio de los niños.
Domingo,
Martes y jueves le corresponden las actividades de la cocina.
Lunes,
Miércoles y viernes,
Sacar la basura.
Sábados o domingo,
Ir a comprar víveres,
Además de atender temas de oficina de lunes a viernes.
Nuevamente está entrando en colapso.
No pensaba que estar pendiente de las clases de los niños y las cosas de la casa fueran tan demandantes.
Los días pasan rápido.
Empieza a extrañar su espacio en la oficina.
Por lo menos poder concentrarse un ratito en las actividades sin niños por aquí y por allá,
Jugando y gritando.
Tiene un dolor de cabeza terrible y un cansancio.
Se siente desfallecer.
Así que se levanta y decide tomarse unos instantes para ir a la cama y descansar.
De repente,
Una sensación de gratitud le invade.
Qué delicia.
Gracias,
Porque tengo cama y puedo parar un momento para recostarme.
Con sus ojos cerrados,
Respira,
Se cuestiona.
Qué tan extraños somos los seres humanos,
Siempre anhelando lo que no tenemos y quejándonos cuando llega lo que deseábamos.
Cuánta gratitud le hace falta a mi vida.
Y continúa reflexionando,
Pensando.
Se dice,
Teniendo la oportunidad de disfrutar al máximo estos momentos,
Me he enfocado en lo negativo.
Sigo queriendo otra cosa.
Cuánto vacío tengo dentro que creo que necesito llenarlo con alguna experiencia,
Con alguna actividad o compromiso.
Entonces sigo repitiendo,
Sigo haciendo una y otra vez lo que estaba haciendo antes de este aislamiento.
Sigo manteniendo un exceso de ocupaciones para volver a decir que no tengo tiempo,
Que tengo muchas cosas por hacer.
Ocupándome y distrayéndome para evitar hacer de mí un mejor ser humano.
Ahora,
Permíteme preguntarte,
¿cómo te va a ti en este tiempo?
¿Ya te llenaste de actividades o elegiste ver todas las películas recomendadas o preferiste no hacer nada en modo de rebeldía para no hacer lo que todo el mundo dice que hay que hacer?
Mira,
Esta historia es una invitación a que reflexionemos y elijamos vernos más,
Reconociendo que repetimos decisiones,
Acciones o situaciones con regularidad para evadir observarnos y autoconocernos y sobre todo evadiendo ser mejores seres humanos.
En mi visión particular,
Individual del mundo,
Creo que la manera más efectiva de conocernos es tomar un momento de silencio y reflexión cada día,
De preferencia en las mañanas.
Desde mi experiencia,
Esto es lo que me ha permitido construirme en un mejor ser humano y es algo que siempre enseño dentro de mi entrenamiento personalizado Vida Radiante.
Cada día,
Además de aprender de mis errores,
Los uso para interiorizar en mí.
Ese instante de silencio y reflexión en la mañana hace parte de ese momento de interiorización,
Para no repetir las experiencias que me atormentan y me han hecho sufrir.
Puedo elegir no repetir las experiencias que me han llevado al sufrimiento desde que he decidido estar en silencio y en reflexión y entregar mi día para que sea un día de cambio,
Un día que pueda marcar la diferencia versus todas las situaciones previas.
Porque prefiero ser feliz,
Porque estamos aquí para ser felices,
Para elegir ser felices.
Así que elige ser feliz y dedícate unos instantes de silencio cada mañana para reflexionar,
Para reconciliarte con lo que has hecho,
Con lo que no has hecho a gusto con tu camino,
Con tu deseo de ser feliz y enfócate para alcanzar esa dicha que mereces procurando aprender de las cosas que has venido repitiendo una y otra vez.
Sé feliz,
Elige ser feliz.
Es posible y además es gratis.
Bien,
Excelente,
Me encantó tenerte una vez más aquí.
Quiero enviarte un abrazo gigantesco.
Estoy segura que esta historia te inspiró y te llenó el alma de ganas de hacer cosas distintas cada día o por lo menos de hacer de tu vida una vida radiante.
Gracias,
Gracias,
Gracias por escucharme,
Por prestarme tus oídos.
Por favor,
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312-354-7065.
Te envío un abrazo radiante y de nuevo mil y mil y mil y mil gracias por escucharme una vez más aquí en Detrás de una Vida Radiante.
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