
Cuentos Cortos de Oscar Wilde
by El Carmel
Lectura de Narciso y El Maestro de Oscar Wilde. Estos dos cuentos cortos hablan de cómo algunas personas actúan como nuestro espejo y de los celos. Ambos pueden ser interpretados de diferentes maneras y son un recordatorio de que todo en la vida es relativo.
Transcripción
El reflejo de Oscar Wilde.
Cuando murió Narciso,
Las flores de los campos quedaron desoladas y solicitaron al río gotas de agua para llorarlo.
Pero el río les respondió,
Aún cuando todas mis gotas de agua se convirtieran en lágrimas,
No tendría suficientes para llorar yo mismo a Narciso.
Yo lo amaba.
¿Cómo no ibas a amar a Narciso?
Era hermoso.
Prosiguieron las flores de los campos.
¿Era hermoso?
Preguntó el río.
¿Y quién mejor que tú para saberlo?
Dijeron las flores.
Todos los días se inclinaba sobre tu ribazo y contemplaba en tus aguas su belleza.
A lo que el río respondió,
Si yo lo amaba es porque cuando se inclinaba sobre mí veía en sus ojos el reflejo de mis aguas.
El maestro.
Y cuando las tinieblas cayeron sobre la tierra,
José de Arimatea,
Después de haber encendido una antorcha de madera resinosa,
Descendió desde la colina al valle.
Pues tenía que hacer en su casa.
Y arrodillándose sobre los pedernales del Valle de la Desolación,
Vio a un joven desnudo que lloraba.
Sus cabellos eran de color miel y su cuerpo como una flor blanca.
Pero las espinas habían desgarrado su piel y a guisa de corona llevaba ceniza sobre sus cabellos.
Y José,
Que tenía grandes riquezas,
Dijo al joven desnudo que lloraba.
Comprendo que sea grande tu dolor,
Porque verdaderamente él era justo.
Mas el joven le respondió,
No lloro por él,
Sino por mí mismo.
Yo también he convertido el agua en vino,
Y he curado al leproso,
Y he devuelto la vista al ciego.
Me he paseado sobre la superficie de las aguas y he espantado a los demonios que habitaban en los sepulcros.
He dado de comer a los hambrientos en el desierto,
Allí donde no hay alimento alguno,
Y he hecho levantarse a los muertos de sus lechos angostos.
Y por mandato mío,
Delante de una gran multitud,
Una higuera seca ha florecido de nuevo.
Todo cuanto él hizo,
Lo he hecho yo.
—¿Y por qué lloras entonces?
—preguntó José—,
Porque a mí no me han crucificado.
Conoce a tu maestro
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