
El Gato: Una Pequeña Historia Para Ayudarte A Dormir
by Bren Molina
En este espacio quiero ayudarte a que tu mente deje de dar vueltas, llevándola hacia ese punto de calma necesario para conciliar el sueño, liberarte del ruido y descansar. Lo único que tienes que hacer es acomodarte en tu cama, apagar las luces y dejarte llevar por mi voz, que te guiará a través de una historia sencilla, sin grandes sucesos, como esos cuentos de cuando éramos pequeños. La única finalidad es calmar tu mente. Descansa. Photo by: Monisha Selvakumar Music by: Estrella Lejana
Transcripción
Es momento de soltar el día y entregarte al descanso.
Y yo sé que a veces es muy complicado dejar de repasar pendientes,
Preocupaciones.
O los simples sucesos que acabamos de vivir.
En este espacio,
Quiero ayudarte a que tu mente deje de dar vueltas.
Llevándola hacia ese punto de calma necesario para conciliar el sueño.
Liberarte del ruido y descansar.
Lo único que tienes que hacer es acomodarte en tu cama.
Apagar las luces.
Y dejarte llevar por mi voz,
Que te guiará a través de una historia sencilla,
Sin grandes sucesos como esos cuentos de cuando éramos pequeños.
La única finalidad es calmar tu mente.
Cierra tus ojos.
Acomódate.
Y ven conmigo.
Introduje la llave en la aserradura y la gire con suavidad.
El clack que se escuchó enseguida,
Es la señal que todos los días le anuncia a mi cuerpo que al fin hemos llegado a casa luego de un día largo y probablemente cansado.
Siempre al escucharlo.
Casi en automático todo mi ser se relaja.
Y es como si al cruzar esa puerta,
Se quedara atrás cualquier peso que pudiera llevar encima.
Cerré y me quité los zapatos para poder sentir la suave alfombra que coloqué en la entrada hace tiempo.
Recuerdo haberla elegido porque al pisarla parece que estás tocando una nuca.
Es tan deliciosa y esponjosa que dan ganas de recostarte por completo.
Las plantas de mis pies descansan con solo tocarla y caminar un poco sobre ella.
Como cada noche solo encendí la pequeña lámpara que coloqué al lado del sofá y que emite una luz cálida.
Perfecta para bajar el ritmo.
Me quedé quieta observando a mi alrededor mientras esperaba que mi pequeño inquilino saliera a recibirme.
Lo escuche detrás de mí.
Un miau suave y luego unas garritas siendo afiladas en su rascador de sisal favorito.
Después se acercó hacia mí y terminó de saludarme con un par de cabezazos en mis piernas,
Para después caminar directo hacia la cocina.
Nuestra rutina nunca ha tenido fallas.
Era el momento de cenar,
Así que lo seguí.
Les serví una latita de comida húmeda y yo me preparé un cereal.
Entre el silencio de la noche,
Me pareció divertido poder escuchar el cereal tronando dentro de mi boca,
Mientras mi gato le hacía coro pasando su lengüita por el plato devorándolo todo.
Y fue ahí donde caí en cuenta.
Ese día se cumplía un año de que aquel peludito había llegado a mi casa.
¡Qué rápido!
Recordé esa tarde en la que caminaba por la calle hacia esta misma casa,
Pero con la diferencia de que nadie me esperaba.
Vivía sola y aunque no me disgustaba,
A veces sentía que necesitaba un poco de compañía al llegar al trabajo.
Mientras avanzaba.
Pensaba en mil pendientes que tendría que resolver al día siguiente.
En las llamadas que tenía que hacer.
En los mails que debía responder y en los problemas que todavía no existían pero que ya veía venir.
En eso estaba,
Cuando el llanto de un bebé me sacó de mis pensamientos,
O al menos eso creía al principio.
Hasta que me di cuenta de que estaba sola en aquella calle.
El sonido venía de abajo de una camioneta estacionada,
Y fue en ese momento cuando me di cuenta de que se trataba de un gatito,
No de un bebé.
Me agaché y lo alumbre con el celular desde distintos ángulos,
Hasta que la luz reveló unos pequeños ojos mirándome fijamente.
Un poco alertas.
Pero también con miedo.
Hola Pequeño le dije mientras estiraba mi mano libre para ver si podía tocarlo.
El gatito se hizo instintivamente hacia atrás y luego siguió maullando como lo había estado haciendo antes.
Mire la hora y pensé que aún podría encontrar una tienda abierta y traerle un poco de comida.
Así que eso hice.
Entre a un local.
Busque entre los pasillos.
Y tomé lo que me pareció más conveniente,
Considerando que jamás había tenido un gato y que no sabía nada de su alimentación.
Regresé al lugar y el gatito seguía ahí.
Así que abren la lata.
Y se la trate de acercar para que comiera.
Al principio no pareció muy interesado.
Pero después,
Supongo que atraído por el olor,
Fue perdiendo el miedo y se mostró más curioso.
No fue sencillo.
Creo que pasó media hora antes de que al fin se acercara por completo a comer sin que le importara mi presencia.
Pero lo hizo y así dejó de ser una silueta negra para convertirse en un hermoso felino atigrado con pelaje que combinaba rayas negras con otras grises.
Chiquito y un poco sucio.
Pero aún así Hermoso.
Cuando terminó de comer,
Me regaló un cabezazo en la mano y me dejó acariciarlo un poco y luego me miró fijamente.
Yo entendí la señal.
Lo cargue con cuidado.
Me levanté despacio para no asustarlo.
Y comencé a caminar.
Él no se resistió.
Llegamos a mi casa cero equipada para un gato por lo que lo acomodé en el sillón,
Aunque él me siguió hasta la cocina.
Le puse un platito con agua y salí en busca de lo necesario para mi nuevo huésped.
Regresé con un arenero,
Comida,
Algunos juguetitos y un rascador.
Le hice una camita con una cobija que tenía guardada.
Acomode todo de acuerdo a como me recomendaron en la tienda y lo observe.
Él exploraba.
Se acercaba a cada cosa en la habitación y repasaba todo con gran curiosidad.
Le dejé recorrer la casa.
Sucas.
Y entendí que él lo sabía,
Y para asegurarse,
Marcaba cada rincón con esos mismos cabezazos con los que me había marcado a mí.
Restregando su cuerpo en cada mueble.
En cada mundo.
Bienvenido.
Desde entonces me ha acompañado cada día con su suave presencia.
Con su estar tranquilo y ese cariño que sólo da cuando él quiere.
A veces se sube en mi estómago y comienza a amasar con sus patas en señal de que está relajado.
Otras me da la espalda y se acuesta a mi lado como diciendo,
Hey,
Estoy aquí contigo.
Pero no me molestes.
Cada cosa que hace me parece maravillosa.
Disfruto verlo dormir tranquilamente boca arriba porque sabe que está en un lugar seguro.
Me gusta sentarme a leer mientras él se baña y sea lista para lo más importante del día,
Su siesta de ocho horas.
Su curreo me ha confortado en los momentos más duros y su caminar pausado y elegante me ha enseñado que a veces no nos queda más que ser estoicos ante las circunstancias y siempre mantener la frente en alto.
Es verdad que en su afán por explorar me ha roto una que otra cosa.
Pero también es verdad que aquello me ha enseñado que el valor de lo material no se compara con la compañía de un gato.
Con el orgullo que siento de que me haya elegido.
De que me haya encontrado.
El roce de su cuerpo en mi pierna me sacó de aquellos pensamientos.
Los dos habíamos terminado de cenar.
Y era hora de ir a la cama.
Recogí los platos.
Caminé hacia la habitación.
Apague aquella suave luz que nos iluminaba y él,
Como desde hace un año,
Me siguió en silencio.
Tranquilo.
Ya con la pijama puesta y luego de mi breve rutina de belleza nocturna que no es más que lavarme la cara y los dientes entré a la cama.
Enseguro con mis pies.
Hasta mañana,
Dije en un susurro y sonreí.
Poco a poco La noche nos envolvió a ambos en un sueño profundo.
Un reparador.
Y completamente merecido.
Conoce a tu maestro
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