
La victoria sobre el enemigo exterior
En este audio vas a poder reflexionar sobre a quiénes consideramos "enemigos exteriores". Se describe la manera en que son concebidos desde nuestro interior y se dan algunas pistas para sobrellevar la relación con esos "enemigos"·
Transcripción
La victoria sobre el enemigo exterior.
Nos encontramos con el enemigo exterior cuando hemos sido perjudicados o dañados.
En la vida cotidiana podemos sufrir todo tipo de daños.
Puede que nosotros y nuestros seres queridos seamos insultados.
Puede ser que abusen de nosotros,
Que nos roben o nos golpen,
Nos intimiden o nos atormenten,
Nos torturen o incluso nos maten.
Pueden arrebatarnos nuestras propiedades,
Pueden dañarlas o destruirlas.
Las personas que cometen esos actos encajan claramente en la definición normal de enemigo.
La persona que odia a otra y desea o trata de perjudicarla.
Nos sentimos perfectamente justificados para etiquetar a esos agresores como enemigos y tratarlos en consecuencia.
Del mismo modo otras personas pueden ser insultadas o dañadas y si nos identificamos con ellas también consideramos a las personas que les hacen daño como nuestros enemigos.
Encontramos enemigos sin fin en libros,
Películas y programas de televisión donde los malos hacen cosas malas a los buenos.
Naturalmente nosotros nos identificamos con los buenos y esperamos en vilo que agarren a los malos y se arreglen las cosas.
Nuestros enemigos externos que nos causan tanto dolor son las múltiples cosas que vemos que andan mal en el mundo y las personas a las que percibimos como responsables de ellas.
La desigualdad económica que favorece a los más ricos sobre lo todos los demás.
Las industrias que contaminan nuestras aguas y convierten solares vacíos en centros de acumulación de residuos peligrosos.
Políticos que juegan con nuestros derechos sociales y constitucionales.
Grupos financieros que consiguen que sus intereses particulares se pongan por encima de todo.
Miremos donde miremos podemos encontrar algún grupo provocando la hostilidad de otro.
No tenemos más que mirar a nuestra vecindad o a la escuela local para encontrar enemigos en abundancia.
Adolescentes que disparan armas de fuego y terroristas que acaparan ahora los titulares de los periódicos.
Pero un problema aún más insidioso y amplio es el acoso.
Que ha alcanzado proporciones epidémicas.
La raza,
El credo,
La nacionalidad,
La clase social,
La orientación sexual,
Incluso el tartamudeo o la ropa equivocada.
Pueden incitar al insulto y a los ataques,
A veces con consecuencias fatales.
Solo tenemos que abrir un diario o encender la televisión para vernos enfrentados con enemigos por todo el mundo.
Cuando vemos que un país está siendo atacado por otro o atacando a su propio pueblo,
Nos sentimos profundamente afectados por la carnicería y deseamos ver derrotados a los agresores.
Cuando nuestro propio país es el agresor,
Pienso por ejemplo en el bombardeo,
Sorpresa y conmoción de Bagdad,
Nos sentimos desgarrados entre nuestro deseo de vencer a los malos y la tristeza y la culpa por el sufrimiento humano que se deriva del recurso de la violencia.
Tratamos de volvernos invulnerables al dolor,
Pero escapar a un dolor o protegernos meramente de él es solo un arreglo pasajero.
Más tarde o más temprano,
El dolor nos encuentra.
La única manera segura de hacernos invulnerables a él es cambiar nuestra idea de los enemigos y aprender a ver todo caso particular de daño como una oportunidad,
Como algo que podemos usar en nuestro beneficio y en beneficio de otros.
Desde esta perspectiva.
¿Cómo podríamos crecer en fuerza y bruñir la armadura resplandeciente de la paciencia sin que haya alguien o algo que intente hacernos daño,
Para así poder aprender a controlar nuestras reacciones de irritación,
Victimización,
Ira y miedo?
Necesitamos enemigos para conseguirlo.
Deberíamos estar agradecidos a nuestros enemigos,
Ha dicho el Dalai Lama,
Pues ellos nos enseñan el sentido de la paciencia,
El valor y la determinación.
Y nos ayudan a desarrollar una mente tranquila.
Para tratar de forma eficaz con nuestros enemigos,
Tenemos que vencer nuestro odio y nuestro miedo hacia quienes nos hacen o tratan de hacernos daño,
Nos lo hicieron en el pasado o podrían hacérnoslo en el futuro.
Eso es mucho pedir para la mayoría de nosotros,
Al menos en principio.
Es mejor aceptar a los enemigos poco a poco,
En pasos graduales.
Ahora bien,
Puedo asegurarte que no te estamos proponiendo que te limites a tumbarte y permitas que quien quiera hacerte daño te pille en tu hilo.
Eso sería masoquista y no serviría de nada.
Para tratar con nuestros enemigos,
Podemos comenzar haciendo todo lo posible para evitar a la gente que quiere hacernos daño,
Para impedirles que estén en situación de realizar sus planes de agresión.
No obstante,
Si no podemos evitarlos,
Entonces tendremos necesidad de defendernos.
Pero entre evitarlos y al estar a la defensiva,
Hay un camino medio.
La mejor de todas es actuar de manera preventiva,
Hábil y hacerlo antes de enfadarnos,
Para no dar a nuestros enemigos la oportunidad de hacernos daño.
En todas estas estrategias,
Estamos considerando a la persona como un peligro potencial.
No muy diferente a un camión que viniera hacia nosotros por la autopista.
Prevemos el trayecto del camión y tomamos precauciones para evitarlo,
Pero no odiamos al camión.
No hacemos de él un enemigo,
Solo procuramos estar seguros en el lado de la carretera que nos corresponde.
Admitido,
Es difícil no odiar a los enemigos.
Cuando nos lleren,
Automáticamente nos sentimos víctimas y respondemos con furia,
Odio o miedo.
Por eso la pregunta,
Al menos con relación a nuestros enemigos exteriores es,
¿cómo podemos vencerlos sin devolver fuego con fuego?
¿Cómo podemos evitar la reacción cuando sentimos que estamos siendo atacados?
Se precisa un entendimiento claro de la situación para no responder de forma refleja,
Para ejercer el necesario control físico y verbal.
Por eso,
Para ayudarnos a tratar con nuestros enemigos,
Necesitamos la poderosa inteligencia de la sabiduría crítica,
Pues su análisis penetrante de la situación real puede librarnos de incurrir en torpes reacciones viscerales.
Seamos claros,
La sabiduría crítica es furiosa,
Resuelta,
Intransigente,
Incluso feroz,
Y sin embargo,
Al mismo tiempo,
Sutil y tierna.
En la imaginería budista,
La sabiduría crítica se representa por la espada de Manjushri,
Un bodhisattva divino,
Héroe iluminado,
Cuyo nombre significa gloria amable.
En los iconos tibetanos,
La espada de Manjushri es muy afilada,
Con una empuñadura dorada y una hoja de acero azul con un fuego resplandeciente que surge de su punta.
Esa punta afilada representa la inteligencia crítica y analítica.
La sabiduría crítica elevada y llevada a su más alto nivel puede ser representada también por una emanación feroz de Manjushri,
Bajabairava,
Diamante aterrador,
O Yamantaka,
Exterminador de la muerte,
Una sutil personificación simbólica de la vida inmortal como la muerte de la muerte.
También,
Para mostrar la amplitud de la sabiduría crítica y su aspecto más amable,
Se la representa por la hermosa diosa Prajnaparamita,
O sabiduría trascendente,
Conocida como la madre de todos los budas,
Pues la sabiduría trascendente da origen a la iluminación.
Sostiene en sus múltiples manos no solo armas,
Un arco y una flecha y una espada y un cetro,
Sino también un libro y una flor de loto.
¿Por qué la fiereza de la sabiduría crítica?
Se podría preguntar,
¿acaso no estamos tratando de responder al enemigo sin hostilidad?
Cierto,
Pero el discernimiento debe ser fiero para vencer al miedo,
La ira,
La furia,
El odio,
La venganza y la malicia,
Ingredientes todos que forman parte de la constitución del enemigo y que proceden de nuestra defectuosa comprensión de la realidad de la situación.
Por eso,
La sabiduría crítica debe ser fiera en su concentración penetrante como un rayo láser para permitirnos ver a través de nuestra confusión.
¿Y cuál es la realidad de nuestra situación?
En otras palabras,
¿qué es lo peor que puede suceder?
¿Cuál es el peligro mayor con el que puede amenazarnos nuestro enemigo?
Bien,
Por supuesto debemos afrontar que los enemigos nos pueden insultar,
Herir e incluso matar.
Tenemos motivos para sentir temor ante los resultados.
Ese miedo es saludable,
Nos da fuerzas para evitar a tales enemigos,
Pero podemos evitarlos e incluso defendernos de ellos de manera mucho más hábil si controlamos nuestro temor y nuestra ira y nos mantenemos serenos.
Como haría un practicante de artes marciales.
Una forma de conseguirlo es ensayando los diversos resultados,
Imaginando incluso las posibilidades más desfavorables.
De manera sorprendente,
Eso puede ayudarnos a pensar con atención en cada posible resultado.
Tendemos a enfadarnos cuando alguien nos insulta,
Por ejemplo,
Pero ¿hasta qué punto puede ser malo un insulto?
¿Nos hará daño cualquier cosa que nos llamen?
¿Nos podemos reír de ello,
Especialmente teniendo en cuenta que la mayor parte de los insultos son,
Por encima de todo,
Exageraciones?
Rara vez somos tan malos como el enemigo pretende hacernos creer.
Y no tenemos que preocuparnos por el efecto que el insulto puede causar en otras personas que pueden oírlo casualmente.
Pues,
Por lo general,
El que insulta es el único que suscita una opinión desfavorable de los demás.
¿Cuánta sabiduría hay en la sentencia popular «Los palos y las piedras me romperán los huesos,
Pero nunca me herirán las palabras»?
¿Y qué hay de los palos y las piedras de los diversos tipos de daño físico que podemos sufrir?
Por supuesto,
Debemos protegernos,
Pero si nos hieren,
¿qué bien nos hace enfadarnos después de sufrir la herida?
El Dalai Lama cuenta una historia sobre un asistente que tuvo en el Tíbet,
Que trataba de arreglar un antiguo automóvil que había pertenecido al anterior Dalai Lama.
Mientras trabajaba en el coche viejo,
El mecánico se rasguñó los nudillos.
Perdiendo la paciencia,
Se golpeó a repetidas veces la cabeza con los bajos del automóvil.
El Dalai Lama trató de calmarlo e intentó hacerle ver la parte humorística del asunto diciéndole «¡Ey,
El coche no siente nada!
».
A menudo,
La ira nos hace más daño que cualquier enemigo.
Si un enemigo nos hiere,
Eso es ya bastante lamentable.
Debemos evitar herirnos nosotros mismos anticipando innecesariamente la herida y quedando paralizados por el miedo,
Incapaces de enfrentarnos al enemigo con todas nuestras facultades y condiciones óptimas.
Pero seamos realmente radicales,
Estemos a la altura de la ocasión e imaginemos incluso el daño definitivo.
El enemigo podría matarnos.
¿Hemos pensado alguna vez en morir?
Después de todo,
Es algo que podría suceder en cualquier momento.
Solo por un simple accidente,
Sin necesidad de que intervenga ningún enemigo.
Probablemente vivimos por lo general ignorando ese hecho,
Pero puede ser que nuestro miedo subliminal a la muerte,
Aunque siempre presente,
Nos impida sentirnos plenamente vivos.
¿Qué significa la muerte para nosotros?
¿Qué piensas que te sucede en la muerte?
Tal vez tengas una profunda convicción de una vida tras la muerte y pienses que después de morir subirás al cielo,
Por la bendición de Jesús,
Buda o de alguna otra divinidad o de algún ángel.
Aunque la perspectiva del infierno pudiera asustarte,
Habrás ya encontrado alguna manera segura de evitarla.
O tal vez seas materialista y pienses que después de la muerte simplemente desaparecerás,
Convirtiéndote en una nada inconsciente para toda la eternidad.
De una manera u otra,
Aunque pudiera suceder,
No es cuestión de anticiparlo mientras estés vivo ni de permitir que el enemigo lo anticipe por ti.
En cualquier caso,
Lo que realmente tememos no es a la muerte,
Sino el hecho mismo de morir.
Una transición que imaginamos que puede ser profundamente dolorosa.
Por supuesto,
Nuestro instinto es salvar la vida a cualquier precio,
Pero ese instinto es reforzado por nuestras ideas no examinadas de lo que es la muerte,
Lo que puede colocarnos en un peligro todavía mayor.
En efecto,
Paralizados por el miedo o trastornados por la ira,
Es mucho más difícil salvar o preservar la vida.
Sea que nos sintamos incapaces para responder,
Convirtiéndonos en una víctima impotente o que arremetamos de forma alocada e ineficaz contra el agresor,
No conseguiremos detener al enemigo y a veces provocaremos una reacción incluso peor.
Por eso,
Si podemos liberarnos del miedo excesivo de los resultados irreales que anticipamos,
Mejoramos nuestras posibilidades de evitar esos mismos resultados.
Mark Twain afirmaba que había conocido muchísimos problemas enormes,
Pero que la mayor parte de ellos nunca se hicieron realidad.
Tememos al dolor mucho más que a la muerte,
Cuando la afrontamos con claridad.
Afortunadamente,
La mayoría de nosotros no nos veremos obligados a soportar tortura física a manos de un enemigo,
Pero imaginar cómo podríamos enfrentarnos a ello puede ser instructivo para fortalecer nuestra capacidad de recuperación.
El método más práctico para afrontar el dolor sería el control.
No enfurecerse ni con el hecho de ser víctima ni con nuestros hostigadores,
Puesto que esa reacción solo empeora el dolor y despierta una crueldad mayor en el agresor.
El odio no nos ayuda a aliviar nuestro dolor en lo más mínimo.
Los monjes tibetanos que fueron encarcelados en condiciones pavorosas con frecuencia atribuyen su supervivencia al hecho de no haber quedado atrapados en la cólera contra sus guardianes.
Sí,
En vez de entregarnos a la ira pensáramos que cada dolor que nuestros torturadores nos están provocando nos hará más capaces de afrontar cualquier dolor futuro,
Soportarlo parecerá un logro.
Además,
Si tenemos el suficiente sentido común para entender la vida observable de lo que se viene,
Se va,
O mejor aún,
Si conocemos la ley de la causalidad evolutiva y biológica que se llama karma,
Podremos ser capaces de considerar que cada dolor que nos inflige nuestro enemigo es el mismo dolor que ellos sufrirán en el futuro,
O en una existencia futura,
Por no hablar de la culpa que sufren subliminalmente incluso en ese momento.
Con esta visión,
Incluso podríamos ser capaces de llegar a sentir simpatía por nuestros torturadores.
La súplica de Jesús en la cruz,
Padre,
Perdónalos porque no saben lo que hacen,
Podría resonar en nuestros oídos.
Gran parte del daño que sufrimos a manos de nuestros enemigos es emocional,
Pero también aquí podemos ampliar el alcance del lema ningún dolor,
Ninguna ganancia,
Y tratar de usar cualquier tipo de sufrimiento que nos sea infligido para fortalecer nuestras capacidades y no malgastar energía en odiar.
Si aprendemos a no encolarizarnos con ellos,
Nos estaremos armando con la mayor protección que podemos disponer,
La tolerancia.
Con el escudo de la tolerancia,
Nos hacemos más fuertes y adquirimos una mayor capacidad de adaptación y recuperación.
Nos hacemos capaces de afrontar las dificultades cuando nuestros enemigos nos infligen cualquier tipo de dolor.
Sin embargo,
Hay un obstáculo básico para superar la ira contra nuestros enemigos,
Y es la idea de que,
A menos que tengamos la fuerza de la ira,
Nos pisotearán.
La ira,
Según esta manera de pensar,
Es protectora,
Da fuerza para resistir y sin ella somos débiles.
Pero si examinamos más atentamente nuestra experiencia,
Podemos captar que la ira va unida al engaño.
Nos sentimos más fuertes al encolarizarnos,
Pero en realidad eso nos debilita al mermar o entorpecer nuestro juicio y al hacer que pongamos todas nuestras energías en estallidos insostenibles.
Según los estudios neurocientíficos,
Eso también daña nuestra salud,
Pues se liberan elementos químicos nocivos como el cortisol en la corriente sanguínea,
Lo que perjudica el sistema circulatorio.
Superar la enemistadías a otros no significa rendirse a ellos.
Por el contrario,
Cuando estamos amenazados podemos defendernos de manera más eficaz si afrontamos la agresión sin odio ni ira.
Las artes marciales nos enseñan que para lograr el poder necesario para derrotar a nuestros adversarios,
Debemos superar la ira.
Como te dirá cualquier persona que practique artes marciales,
La ira te priva del equilibrio y te agota muy rápidamente,
Haciéndote más vulnerable al ataque del enemigo.
El miedo desmedido puede provocar los mismos resultados.
Es natural que sintamos miedo cuando nos atacan,
Pero podemos manejar la situación de manera mucho más ventajosa si el miedo que sentimos es el tipo bueno de miedo.
El miedo instructivo que nos advierte legítimamente de las amenazas a nuestra seguridad e induce a una reacción positiva.
Y no el temor paralizante,
Paranoico,
Que nos impide actuar con un buen juicio y sin derrocha inútil de energía.
Nuestra percepción de los otros como enemigos está influida por la forma en que hayamos interactuado con ellos en el pasado y en que ellos hayan interactuado con nosotros.
La visión que tenemos de ellos rara vez refleja de forma objetiva sus cualidades,
Sino que tiende a ser una proyección de nuestra aversión.
Tal vez alguien nos perjudicó en el pasado y por eso ahora le tememos.
Tal vez hicimos algo a una persona que no nos gustaba y por eso ahora está enfadada con nosotros.
Tenemos una plantilla mental de la que consideramos perjudicial,
Pernicioso y aterrador.
Y con o sin provocación proyectamos eso en los demás,
Convirtiéndoles en nuestros enemigos.
Cuando alguien parece desagradable o amenazante,
Cuando se adapta a nuestra imagen mental de una persona que inspira miedo,
Entonces suponemos que intenta hacernos daño y no podemos sino tratar de deshacernos de él.
Y si no lo logramos,
Nos sentimos frustrados y furiosos,
Lo que refuerza la visión que tenemos de esa persona como enemigo.
Lo último que quisiéramos oír es que podemos tener alguna responsabilidad en la creación de nuestros propios enemigos.
Después de todo,
No fue nuestro coche el que nos aplastó el c��sped recién regado,
Y no somos nosotros los únicos que difundieron ese cotilleo malicioso sobre un conocido,
Ni somos los únicos que parecían complacerse robando a los clientes a un colega.
Pero si siempre queremos deshacernos de nuestros enemigos,
O al menos dejarlos sin poder sobre nosotros,
Tendremos que confesar la parte que nos corresponde en la creación de la enemistad.
Toda persona tiene la capacidad potencial de ser desagradable y dañina,
Así como de ser agradable y útil.
Piensa en alguien a quien quieras muchísimo,
Si vuelves la vista atrás.
Probablemente puedas encontrar un momento en el que hizo algo que te dañó,
Incluso de manera inconsciente,
O un tiempo en el que estuviste enfadado con esa persona,
O ella estuvo enfadada contigo.
Enemigo,
Pues,
No es una definición fija,
Una etiqueta pegada de forma permanente a alguien que creemos que nos hace daño.
Es una identidad pasajera que le asignamos a las personas cuando no hacen lo que queremos,
O hacen algo que no queremos.
Pero cualquier cosa que los otros hayan hecho o hayan dejado de hacer,
La construcción del enemigo es un proceso al que siempre volvemos.
Una vez que dividimos el mundo en nosotros y ellos,
Uno mismo y el otro,
Ese otro se llena con enemigos potenciales.
Incluso otros a los que ahora amamos pueden convertirse en enemigos más adelante.
Todo lo que tienen que hacer es perjudicarnos o desagradarnos de algún modo,
Y de inmediato nos inspirarán temor y dejarán de gustarnos.
La forma de relacionarnos con nuestros enemigos es,
Pues,
Verlos como seres humanos y vernos a nosotros mismos desde su perspectiva,
Siendo conscientes de nuestros propios prejuicios y preocupaciones,
Y comprendiendo que esos enemigos están actuando desde sus propios prejuicios y preocupaciones.
Cuando aparece en el horizonte el enemigo exterior,
Es en realidad una distracción.
Centrarse en alguien que parece desempeñar ese papel nos permite ignorar al enemigo real,
El enemigo que está en nuestro interior.
Pero cuando vemos el odio al enemigo como una dificultad que debemos superar,
Se convierte en un estímulo para nuestro propio crecimiento,
Un regalo para despertarnos de nuestra complacencia.
Conoce a tu maestro
