
Lectura Junto a la Hoguera - Oda al Corazón de la Amada
Acompáñanos junto a la hoguera en está lectura susurrada del poema de José María Valverde "Oda al corazón de la amada". Esta colección da a conocer textos impecables basados en las primeras ediciones o en manuscritos autógrafos, las obras y autores más significativos de la Literatura española. Espero que la disfrutéis.
Transcripción
Tu antiguo corazón adolescente repósalo en mis manos y que se abren historias,
Aromas muertos,
Campanas y ecos de campanas.
Vienes hasta hoy para contarme.
Bajas desde los montes de tu infancia,
El delantal lleno de flores y el miedo de alpinar en la mirada.
Ven y quièrement tú también.
Ya sabes lo poco que es vivir.
Descansa tu desamparo en el mío,
Contándome tu edad de niña sin palabras.
Tú,
Como yo,
Al volver de costas o de bosques o de montañas,
Frente a la vida o a la primavera o en la orilla del año que se acaba.
Piensas,
Las cosas pasan más deprisa que nuestros ojos pueden contemplarlas.
Para soñar cada minuto vivido,
Un año haría falta.
Quieres tener los días muertos,
Releídos igual que cartas,
Haber libado toda su nobleza para ese día en que ante el Señor vayas.
Vuelves,
Soñándolas despacio,
A las fugaces cosas que dejabas,
Apenas rozadas.
No queden allá,
A medio exprimir,
Como naranjas.
Vas ahora a mejorar todo,
Pues lo que fue después de muerto cambia.
Así en los hijos,
Los padres difuntos y la luz de la vieja casa,
Juntas uno por uno los juguetes del recuerdo,
Las leves barcas de pesca con el nombre en letras negras sobre la proa verde y blanca,
Cuando a la tarde el alto rompe olas,
Las recibe en su sombra vasta,
Las estaciones en el llano,
Los cielos al trasluz del sol que marcha.
Pero ahora yo te quiero,
Reúne con las mías tus estampas,
Como niños con sus sellos del mundo,
Del color de tierras extrañas.
Recorreremos juntos los barbechos sin espigar,
De horas gastadas,
Hablaremos despacio por las tardes,
Revolviendo las ondas arcas.
Que cuanto fue nos dé su sangre,
Ahora que es tiempo no se torne nada,
Y de esa poquedad llevemos un día a Dios nuestras manos colmadas.
Confundidas las dos memorias nuestros ayeres,
Uno solo se hagan,
Y de él,
En común sueño poseyéndolo,
Nuestro futuro único nazca,
Hilando así la tela de recuerdos que llevaremos de mortaja.
Doblaremos con días del pasado,
Todos los días del mañana,
Cada hora con un recuerdo,
Emparejada y resonando,
Cada imagen tuya por entre las mías enredándose equivocada,
Todo en tal confusión crezca y dé fruto,
Lo que pasó con lo que pasa,
Y cada cosa se desdoble en tiempo,
Como tu corazón,
Amada,
Que huele a antiguas primaveras,
Y sin fin se despliega y se derrama,
En sones y ecos,
Y ecos de eco,
Como las campanas recordadas.
Conoce a tu maestro
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