
Haz Esto Si Te Sientes Agotado Mentalmente | Yin Yoga Suave
by Marcos Pérez
¿Sientes que tu mente no descansa y tu cuerpo está en constante tensión? En esta sesión de Yin Yoga de 30 minutos, vamos a realizar un reset total de tu sistema nervioso. A través de posturas profundas y conscientes, aprenderás a soltar la carga emocional acumulada, transformando el agotamiento en una sensación de paz mental y ligereza física. Si eres una persona introvertida o sensible que absorbe el estrés del entorno, esta rutina te ayudará a calmar el sistema nervioso parasimpático y a liberar nudos emocionales en caderas y espalda. Gracias por practicar conmigo. Marcos
Transcripción
Hola,
Te doy la bienvenida a esta sesión de Yin Yoga de cuerpo completo diseñada para un estiramiento profundo de la fascia.
Hoy nos vamos a enfocar en mejorar tu flexibilidad,
Que puedas liberar tensiones acumuladas y fortalecer la salud de tus articulaciones.
Muy bien,
Sentate en el suelo con tu espalda derecha y junta las plantas de tus pies frente a ti.
Deja que tus rodillas caigan relajadas hacia los lados formando un diamante con tus piernas.
Sujeta tus pies o tus tobillos con suavidad.
Y si tus rodillas quedan muy altas o sentís mucha tensión,
Podés colocar bloques o mantas debajo de tus muslos para apoyarlos.
Toma una inhalación profunda por tu nariz.
Y exhala relajando tus hombros,
Suavizando tu rostro,
Tu entrecejo.
Y durante esta práctica quiero invitarte a cambiar el hacer por el ser.
Vamos a practicar dejar de esforzarnos por lograr algo y simplemente observar nuestro cuerpo en este momento tal como es.
Observa atentamente tu respiración.
Sentí el aire ingresando por tu nariz.
Saliendo por tu nariz.
Y todas las sensaciones que van surgiendo en tu cuerpo.
A medida que se va abriendo y creando espacio.
Suavemente desarma la postura,
Vas a apoyar tus manos y rodillas en el suelo y al inhalar vas a dejar caer el abdomen hacia la tierra,
Arqueando tu espalda y mira suavemente hacia el frente.
Y al exhalar empuja el suelo con tus manos,
Redondea tu espalda hacia el techo y lleva la barbilla hacia el pecho.
Y repetimos movilizando toda nuestra columna.
Muy bien,
Lleva tu pie derecho hacia adelante a la altura de tus manos.
Y vas a subir tu torso y relajar el peso de tu pelvis hacia la tierra.
Deja tus manos apoyadas en tu rodilla.
Inhala,
Estira tu cuello,
Exhala,
Relaja tus hombros hacia el suelo.
Y mientras permanecemos en esta quietud,
Quiero recordarte que la fascia es una red profunda que conecta todo tu ser.
Y que solo se libera cuando dejamos de luchar contra el cuerpo.
Entonces no busques tu límite máximo.
Quédate en un espacio intermedio,
Un espacio de confort del 50% de tu capacidad.
Eso permite que el tejido se hidrate y se abra de manera natural con el tiempo.
Y si durante la práctica notas que tu mente comienza a anclarse en pensamientos o que surgen emociones,
Te invito a no juzgarlas.
Simplemente observalas como nubes que van pasando por el cielo y que vuelvas una y otra vez a tu respiración.
Permitiendo que cada exhalación sea una invitación a soltar el control.
Muy bien,
Lleva tus manos hacia el piso y vas a comenzar a caminar tu pie delantero hacia la mano opuesta.
Baja la rodilla al suelo cerca de tu muñeca.
Y deja que la pierna se apoye de lado.
Mantén la pierna de atrás completamente estirada y apoyá el empeine.
Podés quedarte aquí arriba respirando durante un primer minuto.
Y cuando lo sientas,
Puedes inclinar tu torso hacia adelante con mucha suavidad escuchando tu cuerpo.
Y podés descansar en tus antebrazos.
O llevar la frente hacia el suelo.
Relajá todo el peso de tu cuerpo.
Entregándote por completo a la gravedad.
Y no busques profundidad a través del esfuerzo,
Sino a través de la entrega pasiva.
Dejá que sea la gravedad la que te guíe suavemente.
No empujes,
No uses la fuerza de tus músculos.
Ok,
Comienza a salir suavemente de la postura del cisne dormido.
Y vas a sentarte con tu pierna izquierda estirada.
Dobla tu rodilla derecha y apoya la planta del pie en la parte interna de tu muslo izquierdo.
Deja que la rodilla flexionada caiga relajada hacia el suelo.
Si queda muy alta podes ponerle un bloque o una manta debajo para que descanse.
Y comienza a inclinar tu torso hacia adelante sobre la pierna estirada.
Dejando que tu espalda se redondee naturalmente y tus manos descansen a los lados.
Relaja tu cabeza.
Y permití que cuelgue pesada hacia tu rodilla.
Recordá siempre buscar tu borde,
Tu límite personal.
Ese punto donde la sensación de estiramiento es clara,
Pero no hay ningún tipo de ardor,
Pinchazón,
Dolor.
Permití que.
.
.
Con cada exhalación tu cuerpo se vaya abriendo a su propio ritmo.
Y suavemente comenzá a reincorporarte,
Estirá ambas piernas hacia adelante,
Lleva tus manos hacia atrás,
Tomá una inhalación profunda,
Mirá hacia arriba,
Abrí tu pecho.
Y exhalamos Muy bien.
Excelente.
Y nos vamos hacia el otro lado.
Desde cuatro puntos de apoyo lleva ahora tu pie izquierdo hacia adelante colocándolo a la altura de tus manos.
Desliza tu rodilla derecha hacia atrás hasta que sientas un estiramiento suave en la cadera.
Subí tu torso.
Y permite que tu pelvis caiga hacia el suelo.
Deja tus manos apoyadas en tu rodilla.
Y vuelve a conectar con tu respiración.
Continúa respirando profundamente en esta quietud y sentí como la red de la fascia sostiene todo tu cuerpo.
Este tejido conectivo profundo es donde residen los meridianos energéticos y a menudo nuestras tensiones y emociones más persistentes.
Entonces,
Al sostener este tipo de posturas pasivas,
Vamos invitando a que toda esa rigidez acumulada comience a ceder.
Y que comiencen a revelarse capas internas que quizás no habíamos escuchado.
Y poco a poco vas permitiendo que tu cuerpo se hidrate,
Se limpie y que la energía vuelva a fluir con total libertad.
Y suavemente nos vamos a ir hacia el cisne dormido una vez más.
Entonces baja tus manos hacia el suelo y camina tu pie delantero hacia la mano opuesta.
Baja tu rodilla hacia el suelo cerca de tu muñeca.
Estirá la pierna de atrás,
Apoya el empeine.
Y podés respirar un momento aquí arriba suavemente dándole tiempo a tu cuerpo.
De abrirse y de invitarte a ir más profundo.
Y cuando lo sientas,
Puedes inclinar el torso hacia adelante.
Y apoyar tus antebrazos.
O permitir que tu frente descanse sobre tus manos.
Inhala profundo,
Llenando tus pulmones.
Y exhala.
Soltándote por completo hacia el suelo.
Permití que tu mente descanse profundamente.
Como una piedra que se hunde lentamente hasta el fondo de un estanque tranquilo.
Suavemente comienza a salir de la postura y a reincorporarte.
Muy bien,
Sentate con la pierna derecha extendida,
Dobla tu rodilla izquierda y apoya la planta del pie en la parte interna de tu muslo.
Y podés quedarte un momento con las manos apoyadas detrás.
Simplemente Respirando.
Y luego podés inclinar tu torso hacia adelante.
Deja que tu espalda se redondee.
Y que tus manos estén descansando en el suelo.
Solta tu cabeza,
Relaja el cuello.
Y recordá que tu respiración es tu ancla.
Por más que.
.
.
El mar esté movido,
Que haya una fuerte tormenta,
Si te aferrás a ese aire que entra y sale y todas las sensaciones que aparecen en tu cuerpo,
Todos.
Los pequeños movimientos que surgen al respirar.
Podés volver al aquí y a la ahora,
En donde siempre estás a salvo.
Desarma suavemente la postura.
Vuelve a estirar tus piernas hacia adelante.
Y podés quedarte quieto un momento.
O tal vez quieras una vez más inhalar.
Abrir tu pecho,
Mirar hacia arriba.
Y exhalar suavemente.
Ok,
Vamos a continuar.
Entonces acostate boca abajo con las piernas estiradas y relajadas.
Apoya tus antebrazos en el suelo con los codos justo debajo de tus hombros.
Mantén tus brazos paralelos y las palmas de las manos bien apoyadas.
Y presiona suavemente el suelo para elevar el pecho.
Alejando los hombros de tus orejas.
Relajá tus glúteos.
Y deja que tu pelvis pese hacia la tierra.
Y podés mirar hacia el frente o dejar que tu cabeza cuelgue suavemente para relajar el cuello.
Y mientras tus antebrazos empujan el suelo,
Nota si estás apretando los dientes.
O llevando los hombros hacia las orejas sin necesidad.
No queremos pelear contra el suelo.
Más bien observar cómo la Tierra nos sostiene.
Imagina que eres como una montaña que está mirando hacia el horizonte.
Y te invito a caer hacia el suelo,
Deja que tu cabeza descanse sobre tus brazos por un momento.
Muy bien,
Te vas a comenzar a girar para quedar boca arriba.
Flexiona tus rodillas y apoya los pies en el suelo.
Vas a cruzar tu tobillo izquierdo sobre el muslo derecho y pasando un brazo por el hueco que se formó entre tus piernas vas a tomar tu muslo o tu rodilla con ambas manos.
Tira suavemente de tu pierna hacia tu pecho.
Hasta sentir el estiramiento en la cadera.
Mantené tus hombros y tu cabeza completamente relajados en el suelo.
Y concéntrate por completo en tu respiración.
Solta tus piernas.
Cruza la pierna izquierda encima de la derecha y permití que tus rodillas caigan hacia el lado derecho.
Hasta tocar el suelo.
Si las rodillas no llegan al suelo o te resulta un poco incómodo estar en esta posición,
Podés apoyarla sobre una manta o un almohadón.
Gira tu cabeza hacia la izquierda.
Cerra tus ojos.
Relaja el rostro.
Suavemente volvé al centro,
Apoyá las plantas de los pies.
Y permití que tus rodillas caigan de lado a lado.
Ok,
Vamos hacia el otro lado.
Tobillo derecho sobre tu muslo izquierdo justo debajo de la rodilla.
Y vas a tomarte de tu rodilla o del muslo con ambas manos.
Empujá suavemente tu pierna hacia el pecho.
Observando las sensaciones.
En tu cadera.
Tu cabeza está relajada en el suelo.
Y observá si tus hombros.
.
.
Quieren levantarse o si tus manos están apretando demasiado fuerte Esta postura funciona mejor cuando dejamos de luchar.
Entonces relaja la mandíbula,
Solta el cuello.
Deja que la gravedad haga el trabajo.
Solta tus piernas,
Cruza la pierna izquierda encima de la derecha y permití que caigan hacia la izquierda.
Y estira tu brazo.
Hacia el costado,
Acompáñalo.
Con la mirada.
Si hay alguna molestia en el cuello,
Podés quedarte mirando hacia arriba.
Y una vez más,
Vuelve hacia el centro,
Apoya las plantas de los pies cerca de los glúteos y balancea las piernas de lado a lado.
Muy bien,
Detené el movimiento y recóstate boca arriba.
Llegamos a Shavasana,
A nuestra relajación.
Entonces separa tus piernas,
Deja que tus pies caigan pesados hacia afuera.
Estira tus brazos a los costados con las palmas mirando hacia arriba.
Los dedos están relajados.
Y sentí como los puntos de tu cuerpo que tocan el suelo.
Se vuelven más pesados.
Como si te estuvieras hundiendo suavemente en la tierra.
Relajá tu frente.
El espacio entre tus cejas.
Y soltá cualquier tensión en tu mandíbula.
Ahora no intentamos controlar nada.
Ni siquiera tu respiración.
Permití que tu cuerpo se quede completamente quieto,
Flojo,
Disfrutando de este momento de descanso total.
Donde no tienes nada más que hacer que disfrutar del presente.
Comienza a despertar tu cuerpo moviendo suavemente tus manos y tus pies.
Estirá tus brazos hacia atrás,
Bostezá si lo necesitas y gira con calma hacia un costado y reincorpórate.
Séntate con la espalda derecha,
Los ojos cerrados.
Y tómate un instante para darte las gracias por haberte dedicado este tiempo solo para ti.
Y sentí gratitud por tu cuerpo que te permitió realizar cada postura.
Y por tu respiración.
Que te acompañó en todo momento.
Y suavemente abrí tus ojos.
Muchas gracias por compartir esta práctica conmigo.
Espero que la hayas disfrutado.
Conoce a tu maestro
4.9 (11)
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