
Cultivando La Autocompasión
En medio de las exigencias de la vida, es fácil olvidar tratarnos con la misma amabilidad que ofrecemos a quienes queremos. Esta práctica te invita a detenerte, respirar y cultivar una relación más compasiva contigo. A través de la atención plena, podrás reconocer tu experiencia con aceptación, recordar que no estás solo o sola en tus dificultades y fortalecer una presencia más amable hacia ti mismo.
Transcripción
Bienvenido o bienvenida a este espacio.
En esta práctica cultivaremos una actitud de amabilidad hacia nosotros mismos.
Especialmente frente a las dificultades,
El dolor o los errores.
La autocompasión no significa evitar lo que sentimos ni justificar aquello que deseamos cambiar.
Significa aprender a relacionarnos con nuestras experiencias con la misma comprensión,
Calidez y respeto que ofreciéramos a alguien a quien queremos.
Durante los próximos minutos practicaremos tres elementos fundamentales de la autocompasión.
La atención plena,
Reconociendo lo que está ocurriendo sin evitarlo ni exagerarlo.
La humanidad comparativa,
Recordando que el sufrimiento y la imperfección forman parte de la experiencia humana.
Y la amabilidad hacia uno mismo,
Respondiendo con comprensión en lugar de crítica.
Permítete vivir esta experiencia sin expectativas.
No hay una manera correcta de sentir.
Comienza adoptando una postura que te resulte estable y cómoda.
Puedes sentarte con la espalda erguida pero sin rigidez.
Deja que tus hombros desciendan y descansen.
Relaja suavemente el rostro y permite que las manos reposen sobre tus piernas o en tu regazo.
Si lo deseas,
Cierra los ojos o dirige la mirada hacia un punto fijo frente a ti.
Respira naturalmente.
No necesitas cambiar tu respiración.
Solo observa cómo el aire entra.
Y cómo el aire sale.
Con cada exhalación permite que el cuerpo se acomode un poco más al presente.
No hay ningún otro lugar al que necesitas ir.
Nada que resolver durante estos minutos.
Solo estar aquí presente en tu presencia.
Lleva ahora la atención a tu cuerpo.
Observe las sensaciones presentes.
Quizás exista tensión.
Calma.
Cansancio.
Ligereza no necesitas modificar nada.
Simplemente observa.
Ahora recuerda,
Sin profundizar demasiado,
Recuerda alguna situación reciente que haya sido difícil para ti.
Tal vez una preocupación un error una conversación complicada.
Una pérdida o simplemente un momento en el que sentiste que las cosas no salieron como esperabas.
Elige algo que sea manejable para este momento.
Observa cómo responde tu cuerpo al recordar esa experiencia.
Quizás notes una presión un nudo pesadez.
O quizás no aparezca ninguna sensación clara.
Todo lo que surge o está es bienvenido.
Respira con curiosidad Reconoce internamente lo que está ocurriendo.
Puedes decirte en silencio.
Este es un momento difícil.
Permite que esas palabras describan tu experiencia sin juzgarla.
Solo estás reconociendo lo que ya está aquí.
Ahora recuerda que no estás solo.
¿Todas las personas en algún momento de sus vidas experimentan dolor?
Incertidumbre,
Decepción o miedo.
El sufrimiento forma parte de la experiencia humana.
Puedes repetir lentamente.
No soy la única persona que atraviesa momentos como este.
Ser humano también significa enfrentar dificultades.
Observa si estas palabras generan un poco más de espacio alrededor de tu experiencia.
No eliminan el dolor.
Pero quizás disminuyan la sensación de aislamiento.
Si te resulta cómodo.
Coloca ahora una mano sobre el pecho.
O sobre el abdomen.
O en cualquier lugar donde sientas que el contacto resulta reconfortante.
Percibe el calor de tu mano.
El simple gesto de sostenerte.
Imagina que estás acompañando a un buen amigo que vive exactamente aquello que tú estás viviendo.
¿Cómo le hablarías?
¿Qué tono utilizarías?
¿Qué palabras escogerías?
Ahora dirige esa misma actitud hacia ti.
Con suavidad sin exigencia.
Puedes repetir lentamente,
Que pueda tratarme con amabilidad.
Que pueda aceptar este momento tal como es.
Que pueda encontrar fortaleza para seguir adelante.
Que pueda darme el permiso de ser imperfecto o imperfecta.
Si notas que aparece la autocrítica.
Observala.
No luches contra ella,
Reconócela simplemente como un pensamiento.
Tal vez durante mucho tiempo esa voz creyó que debía exigirte para protegerte.
Agradecele su intención y con suavidad vuelve a responder desde la amabilidad.
Respira profundamente.
Permite que la respiración llegue hasta el pecho.
Y al exhalar.
.
.
Imagina que creas un poco más de espacio para sostener aquello que sientes.
No porque te guste.
Sino porque por este momento puedes acompañarte con mayor comprensión.
Recuerda que la autocompasión no elimina las dificultades.
Pero cambia la forma en que caminamos junto a ellas.
Nos recuerda que podemos ser nuestro propio lugar seguro.
Poco a poco.
Permite que la atención vuelva nuevamente a la respiración.
Observa una inhalación completa.
Y una exhalación completa.
Siente nuevamente el peso del cuerpo.
Los puntos de apoyo los sonidos a tu alrededor Antes de terminar,
Pregúntate con curiosidad.
¿Qué necesito ofrecerme hoy para cuidar mejor de mí?
No busques una respuesta perfecta.
Permite que aparezca la primera respuesta sencilla.
Tal vez es descanso.
Paciencia.
Un límite saludable.
Movimiento.
Silencio.
O simplemente un poco más de comprensión.
Respira una vez más.
Inhala profundamente y exhala lentamente.
Y cuando te sientas preparado o preparada,
Comienza a mover suavemente los dedos de las manos los pies y lentamente abre los ojos.
Toma tu momento para reconocer que acabas de dedicar unos minutos a cultivar una relación más amable contigo.
Que esta actitud pueda acompañarte durante el resto de tu día.
Gracias por regalarte este momento.
Gracias por regresar.
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