Lección 1
¿Quién es tu niño interior y por qué está herido?
Hoy vamos a reconocer a tu niño interior: esa parte sensible que guarda memorias, anhelos y miedos. Entenderás por qué pudo herirse y cómo su voz aparece en tu vida adulta.
Hoy vamos a ponerle nombre a una parte de ti que quizás has sentido toda la vida: tu niño interior.
Ese niño se hiere cuando sus necesidades emocionales no son vistas o son invalidadas. A veces es evidente —un grito, una burla, un portazo— y otras, es sutil: el silencio de un padre ausente, una madre agotada que dice “ahora no”, o la comparación constante con un hermano.
Imagina estas escenas:
— Lloras y te dicen “no hagas drama”. Aprendes que sentir está mal.
— Te felicitan solo cuando rindes perfecto. Aprendes que vales si cumples.
— Te hacen bullying y un adulto minimiza. Aprendes que no mereces defensa.
Cuando esto se repite, la mente infantil —rápida en absorber y lenta en cuestionar— instala creencias: “no soy suficiente”, “molesto”, “tengo que complacer”. Tu sistema nervioso aprende estrategias para sobrevivir: complacer para no perder amor, perfeccionarte para no fallar, controlar para evitar sorpresas, ocultarte para no ser herido.
En la adultez, esas estrategias aparecen como hiperexigencia, dificultad para poner límites, miedo al abandono, relaciones donde aceptas menos de lo que mereces, o agotamiento por sostenerlo todo. A veces se siente en el cuerpo: tensión en la mandíbula, nudo en el estómago, sueño inquieto.
Lección 2
Las máscaras del niño interior
Hoy vamos a identificar patrones de comportamiento que nacen de un niño no sanado. Cuando de pequeños sentimos que el amor o la seguridad eran condicionales o impredecibles, el cuerpo aprendió estrategias para no volver a doler.
Ejemplos:
— Si te aplaudían solo cuando rendías perfecto, hoy puede que busques perfección para sentirte digno.
— Si evitabas conflictos para no perder afecto, hoy puedes complacer y decir ‘sí’ cuando querías decir ‘no’.
— Si el ambiente era caótico, hoy quizá intentas controlarlo todo para no ser sorprendido.
— Si te ridiculizaron al mostrarte vulnerable, hoy puedes evitar o rebelarte para no sentirte expuesto.
Estas máscaras no son defectos; son defensas inteligentes de tu sistema nervioso. Te protegieron. Pero si hoy te limitan —agotamiento, ansiedad, relaciones desbalanceadas— es momento de agradecerlas y aprender a elegir sin ellas.
En esta sesión, reconocerás tu máscara principal, sentirás qué emoción protege y comenzarás a reducir su intensidad sin perder seguridad.
Lección 3
Validar las emociones del niño (sin juicio)
Hoy vamos a validar las emociones de tu niño interior. Validar no es exagerar ni negar: es reconocer lo que sientes tal como es, sin etiquetarlo de ‘malo’ o ‘inmaduro’.
De niños, muchas veces aprendimos que sentir era peligroso o inconveniente:
— Llorabas y te decían “no es para tanto”.
— Te daba miedo y escuchabas “sé fuerte”.
— Te enojabas y te llamaban “dramático” o “malcriado”.
El mensaje que se instala es: ‘sentir = problema’. En la adultez eso se traduce en tragarte lo que te pasa, explotar después, o adormecerte con trabajo, comida, redes. El cuerpo habla: nudo en la garganta, opresión en el pecho, cansancio sin motivo.
En estos 10 minutos vas a practicar tres pasos simples: nombrar lo que sientes, respirar para abrir un poco de espacio, y sostener sin juicio. Lo suficiente para que tu sistema nervioso sepa: ‘puedo sentir y estar a salvo’.
Lección 4
Capítulo 4 — Recuperar la autoestima perdida
Hoy vamos a trabajar tu autoestima y tu amor propio. Cuando creciste con mensajes explícitos o sutiles de rechazo —‘no seas así’, ‘cuando seas mejor…’, comparaciones constantes— es fácil que hayas aprendido que vales si rindes, si complaces o si no molestas.
De adulto, esto se vuelve una trampa: te exiges hasta el agotamiento, te cuesta decir ‘no’, te comparas y sientes vergüenza por no alcanzar el ideal. El cuerpo habla: tensión mandibular, pecho apretado, insomnio.
La propuesta de hoy es recordar algo simple y contundente: tu valor no depende de tu desempeño. Vamos a distinguir valía de logro, a bajar el volumen del crítico interno y a practicar acciones de autocuidado como evidencia real de amor propio.
No buscamos convertirte en alguien que se ‘cree perfecto’. Buscamos que te trates con respeto mientras sigues creciendo.
Lección 5
El perdón como liberación (a otros y a mí)
Hoy vamos a trabajar el perdón como un acto de liberación interna. Perdonar no es negar lo que pasó ni justificarlo. Tampoco significa reconciliarse o exponerse de nuevo. Perdonar es soltar el peso que cargamos para recuperar energía, claridad y dignidad.
De niños, cuando el dolor no fue visto o reparado, el cuerpo aprendió a guardar resentimiento para sentirse protegido. En la adultez, ese peso se expresa como tensión, rumiación, insomnio, respuestas desproporcionadas o vínculos que repiten el mismo patrón.
Hoy distinguiremos tres caminos: perdonar a otros, auto-perdonarnos por lo que hicimos desde la supervivencia, y poner límites para no repetir daño. Trabajaremos con un recuerdo manejable (intensidad media). Si surge algo muy grande, pausa, respira y retoma cuando te sientas listo(a).
El objetivo no es olvidar; es recordar sin que duela igual, y elegir cómo vivir hoy.
Lección 6
Límites que protegen a tu niño
Hoy vamos a practicar límites. Para un niño no sanado, decir ‘no’ puede sentirse como peligro: teme perder amor o provocar enojo. Entonces cede, se calla o controla demasiado para no ser herido.
Ejemplos cotidianos:
— Aceptas tareas extra cuando ya no puedes más.
— Respondes mensajes a cualquier hora por miedo a quedar mal.
— Permites bromas que te duelen ‘para no armar lío’.
Un límite no es castigo ni amenaza. Es una línea de cuidado que dice: “hasta aquí puedo y quiero; así me cuido”. Hoy distinguirás límite de consecuencia, aprenderás frases claras y breves y practicarás sostener tu centro cuando el otro no le guste.
Si estás en una situación de abuso o violencia, el límite requiere un plan de seguridad y apoyo profesional. Aquí entrenamos habilidades para la vida diaria; pide ayuda si la necesitas.
Lección 7
Volver a jugar y a crear
Hoy vamos a reabrir la puerta del juego y la creatividad. Cuando el niño interior fue herido, muchas veces dejó de jugar para no ser ridiculizado, castigado o para no ‘molestar’. En la adultez eso se traduce en rigidez, hipercontrol, miedo al error y vergüenza por mostrarse espontáneo.
El juego no es banal: regula el sistema nervioso, genera alegría y devuelve curiosidad. No vamos a hacer grandes obras ni a exhibir nada: solo micro-actos lúdicos que le enseñan al cuerpo que puede moverse, inventar y equivocarse sin peligro.
Si aparece vergüenza, la vamos a tratar como una parte que intenta protegerte. No peleamos con ella; le bajamos el volumen y le damos un lugar al costado mientras practicamos.
Hoy elegirás un juego pequeño y harás un ensayo de 1 minuto. Sí, 1 minuto es suficiente para empezar.
Lección 8
Reconstruir confianza y seguridad
Hoy vamos a reconstruir confianza y seguridad. De niños, la imprevisibilidad —cambios bruscos de humor, promesas rotas, ausencias— enseña al cuerpo hipervigilancia: estar siempre atento para evitar dolor. [PAUSA]
En la adultez, esa alerta constante se siente como cansancio, dificultad para relajarte, miedo a soltar el control o a confiar en otros… y en ti.
La seguridad que buscamos hoy no es una vida sin riesgos; es seguridad suficiente para moverte con calma. La confianza no se decreta: se deposita en pequeñas acciones repetidas. Hoy diseñaremos micro-promesas contigo mismo, señales somáticas de seguridad y una exposición gradual a lo que temes, sin forzarte.
Si algo te activa demasiado, pausa, vuelve a ver/oir/sentir y retoma cuando puedas. Vamos paso a paso.
Lección 9
Relacionarte desde un niño interior sano
Hoy vamos a relacionarnos desde un niño interior que se sabe visto, sentido y sostenido. Cuando esa parte está herida, aparece la reactividad: complacer para no perder amor, controlar para sentir seguridad, atacar o huir para no quedar expuesto.
En las relaciones adultas, esto se traduce en malentendidos y agotamiento: dices ‘sí’ cuando quieres decir ‘no’; interpretas silencio como rechazo; te adelantas a resolver todo; o te vas antes de pedir lo que necesitas.
La propuesta de hoy: tres herramientas para vincularte con dignidad sin perder el corazón: 1) autoanclaje corporal antes de hablar, 2) lenguaje responsable (‘cuando X, siento Y, necesito Z’) y 3) reparación cuando hay ruptura.
Si una situación actual te activa mucho, pausa, respira, ajusta el ritmo. Vamos a practicar con casos manejables.
Lección 10
Integración y continuidad del viaje
Hoy cerramos e integramos. No es un final; es un nuevo comienzo.
En estos días aprendiste a escuchar a tu niño, validar emociones, bajar el crítico, perdonar, poner límites, jugar y confiar paso a paso.
La sanación no es una línea recta. Habrá días de avance y días de recaída. Eso no borra tus logros; solo te recuerda que tu sistema nervioso se está re-educando.
Hoy sellaremos tres cosas:
1. Tu contrato de cuidado con el niño interior.
2. Un ritual diario simple para sostener la práctica.
3. Un plan de recaídas para cuando vuelvan viejos patrones.
El objetivo es que puedas decir: ‘sé cuidarme’, incluso cuando la vida se mueve.
Coloca una mano en el corazón y otra en el abdomen. Mira alrededor y nombra en voz baja tres cosas que ves… [PAUSA] dos sonidos… [PAUSA] una sensación en tu piel.
Respira 4 al inhalar… 6 al exhalar. Repite dos veces.
Trae a tu mente una escena breve de cada pilar que recorrimos:
— Escuchar al niño (Cap. 1).
— Máscaras que aflojaste (Cap. 2).
— Validación emocional (Cap. 3).
— Autoestima y trato respetuoso (Cap. 4).
— Perdón y soltar peso (Cap. 5).
— Límites y consecuencias claras (Cap. 6).
— Juego y creatividad (Cap. 7).
— Confianza y micro-promesas (Cap. 8).
— Vínculos con claridad amable (Cap. 9).
Cierre