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La Maestría Del Amor | Sabiduría Tolteca

by Elías Berntsson

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Hoy te doy la bienvenida a un viaje profundamente transformador inspirado en La Maestría del Amor, uno de los libros más poderosos de Don Miguel Ruiz, nagual del linaje de los Guerreros del Águila. Este libro no es solo una guía práctica para sanar las relaciones: es una invitación directa a recordar quién eres realmente y a liberar el miedo que lleva años habitando en tu mente y tu corazón. Ruiz nos muestra que todos hemos sido domesticados por el “Sueño del Planeta”, ese conjunto de creencias que nos llenó de heridas emocionales y nos hizo olvidar nuestro verdadero estado natural: el amor.

Transcripción

Hoy te doy la bienvenida a un viaje profundamente transformador con uno de los libros más poderosos de don Miguel Ruiz,

Nahual del linaje de los guerreros del águila.

Este libro no es solo una guía práctica para sanar las relaciones,

Es una invitación directa a recordar quién eres realmente y a liberar el miedo que lleva años habitando en tu mente y tu corazón.

Ruiz nos muestra que todos hemos sido domesticados por lo que él llama el sueño del planeta,

Ese conjunto de creencias que nos llenó de heridas emocionales y nos hizo olvidar nuestro verdadero estado natural,

El amor.

Desde la sabeduría ancestral dolteca,

Una tradición preservada durante siglos,

Miguel ha asumido una misión de vida profundamente clara,

Entregar al mundo herramientas para despertar,

Romper con la mentira del miedo y permitir que las personas recuerden que detrás de todo dolor solo existe el amor.

Su propósito,

Como él mismo expresa a través de estas enseñanzas,

Es ayudar a la humanidad a liberarse del veneno emocional,

Sanar las heridas interiores y recuperar la inocencia con la que nacimos.

Antes de comenzar con el resumen completo y análisis profundo del libro,

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Ahora sí,

Comenzamos.

El primer capítulo de este libro se llama La mente herida.

Este primer capítulo nos introduce a una verdad que todos experimentamos pero rara vez comprendemos,

Que la mente humana está herida.

Desde niños llegamos al mundo lleno de amor,

Curiosidad y pureza,

Pero gradualmente comenzamos a recibir creencias que no elegimos,

Juicios sobre lo que es bueno o malo y condiciones para obtener aceptación y sentirnos dignos.

A través de este proceso,

Lo que Miguel Ruiz llama la domesticación,

Vamos construyendo una imagen de nosotros mismos basada en miedo,

Rechazo y necesidad de aprobación.

Cada palabra hiriente,

Cada castigo,

Cada comparación que recibimos en la infancia deja una marca que no desaparece por sí sola.

La mente se habitua a protegerse y en vez de relaciones sanas empezamos a vivir relaciones de defensa.

El dolor no expresado se transforma en resentimiento,

Culpa o indignación,

Y el miedo se convierte en el filtro principal con el que percibimos la realidad.

Ruiz explica que la mente herida se convierte en el campo de batalla del ego.

Allí se originan los conflictos internos y también los externos,

Pues las personas intentan amar pero lo hacen desde su trauma,

No desde su esencia.

La mente,

Cuando está lastimada,

Interpreta la realidad distorsionada.

Donde hay amor,

Sospecha,

Traición.

Donde hay libertad,

Teme pérdida.

Donde hay afecto,

Anticipa abandono.

El autor destaca que el sufrimiento emocional no es natural,

Es aprendido.

Y como fue aprendido,

También puede desaprenderse.

Las heridas comienzan a sanar cuando dejamos de culpar y reconocemos nuestro miedo interno.

Cuando vemos nuestras emociones sin juicio,

Con paciencia y con ternura,

Recuperamos una parte del amor original que no fue destruido,

Solo quedó cubierto.

Este capítulo concluye con un mensaje decesivo,

Que no nacimos con heridas,

Las adquirimos.

Y si fuimos condicionados,

También podemos liberarnos.

La maestría del amor comienza reconociendo que lo que duele no es la vida,

Sino las creencias que cargamos sobre nosotros mismos.

El capítulo 2 de este libro se llama La pérdida de la inocencia.

En este capítulo Ruiz nos lleva al momento en que dejamos de ser niños libres y amorosos para convertirnos en adultos temerosos.

La pérdida de la inocencia no ocurre en un instante.

Es un proceso lento en el que nuestra esencia luminosa es reemplazada por un sistema de creencias impuesto por adultos que también estaban heridos.

No hubo culpa,

Simplemente fue heredado.

Un niño nace sin miedo al rechazo,

Ama porque amar es natural,

Pero pronto descubre que su valor parece depender de su comportamiento,

De complacer,

De encajar,

De recibir aprobación.

Cada vez que un niño se niega a sí mismo para ser aceptado,

Entrega un fragmento de su inocencia.

Comienza a crear una máscara para ser querido,

Dejando en la sombra su verdadero ser.

La domesticación,

Como la describe Ruiz,

Se convierte en un entrenamiento para vivir según expectativas ajenas.

El niño aprende a castigarse cuando falla y a recompensarse cuando cumple.

Así surge el juez interior y nace la víctima emocional.

Uno exige perfección,

El otro sufre por nunca alcanzarla.

Con el tiempo,

El dolor acumulado tapa el amor original y el miedo toma el control.

En este punto aparece un concepto clave del libro.

La pérdida de la inocencia es la separación con uno mismo.

Dejamos de sentir que somos suficientes,

Buscamos amor en otros porque olvidamos que ya lo éramos.

Y tratando de proteger el corazón herido,

Creamos distancia,

Desconfianza y resistencia.

Sin embargo,

Ruiz no presenta esto como tragedia,

Sino como claridad.

Sólo podemos regresar al amor cuando reconocemos dónde lo perdimos.

La verdadera maestría comienza cuando dejamos de actuar para encajar y comenzamos a recordar quiénes éramos antes del miedo.

Recuperar la inocencia no es volverse ingenuo.

Es sanar la mirada.

Amar sin condiciones.

Dejar de luchar con nosotros mismos.

Es volver al origen,

Al amor,

Como estado natural.

El capítulo 3 del libro se llama El hombre que no creía en el amor.

Este capítulo narra una historia que actúa como espejo psicológico del ser humano herido y descreído.

Don Miguel Ruiz presenta a un hombre inteligente,

Racional y lógico que,

Tras múltiples desilusiones,

Concluye que el amor no existe.

Ve el amor como una droga emocional.

Quien necesita más se vuelve adicto al efecto de otro y quien da menos controla la relación.

Para él el amor es dependencia,

Manipulación y lucha por el poder.

El hombre observa durante años que las relaciones comienzan con promesas,

Respeto,

Fidelidad,

Unión para siempre,

Pero pronto se derrumban.

Surge la desconfianza,

Las exigencias,

Los celos,

El resentimiento.

Entonces afirma que las parejas no se aman sino que sobreviven juntas y que al final uno domina y el otro cede.

No ve ternura sino transacción emocional.

No ve libertad sino apego.

Un día encuentra en un parque a una mujer llorando por el mismo motivo.

También cree que el amor no existe.

Tras vivir un matrimonio donde la ilusión inicial se transformó en indiferencia y dolor,

Entre ellos surge una amistad extraordinaria basada en respeto mutuo,

Libertad y ausencia de celos o posesión.

Se extrañan cuando están lejos,

Se disfrutan cuando están juntos.

Ninguno intenta cambiar al otro,

Ninguno exige.

Durante mucho tiempo vive en una relación luminosa y verdadera,

Sin dependencia tóxica.

Entonces llega la revelación.

Él descubre que lo que siente es amor,

Pero distinto al amor condicionado que conoció.

No es necesidad,

No es control.

Es alegría que nace de su interior.

Cuando él toma la estrella,

Que es su felicidad,

Y se la entrega a ella,

La relación se quiebra.

Ella duda,

La estrella cae y el milagro se rompe.

Porque nadie puede cargar con la responsabilidad de hacernos felices.

El capítulo concluye con una enseñanza poderosa,

Que la felicidad no puede ponerse en manos de otro.

El amor real nace de uno mismo.

Cuando delegamos nuestra plenitud en alguien más,

Inevitablemente se rompe.

Porque ninguna persona puede sostener el peso del amor que no proviene de ti.

El capítulo 4 se llama El camino del amor,

El camino del miedo.

Este capítulo explica que existen dos formas de vivir y relacionarnos,

Desde el amor o desde el miedo.

Son caminos opuestos,

Con resultados completamente distintos.

Toda vida humana es un sueño interno único y personal.

Yo sueño mi realidad y tú la tuya.

Las relaciones son la unión temporal entre dos sueños,

Nunca idénticos,

Pero capaces de convivir si existe respeto.

Las emociones tienen dos fuentes,

El miedo y el amor.

El miedo domina la mayoría de las relaciones.

Ruiz afirma que,

En promedio,

Son 95% miedo y 5% amor,

Y que por eso sufrimos.

El miedo genera control,

Expectativas,

Celos,

Dependencia,

Dolor.

El amor,

En cambio,

Es libertad,

Aceptación,

Presencia.

Cuando actuamos por miedo,

Decimos,

Tengo que hacer esto,

Lo otro,

Debes hacer esto,

Es tu obligación.

Cuando amamos,

Decimos,

Quiero,

Elijo,

Comparto.

El amor no espera nada y por eso no se hiere.

El miedo espera todo y por eso siempre duele.

En el camino del miedo hay exigencias,

Manipulación y necesidad de recibir.

En el camino del amor hay responsabilidad personal y una entrega que nace de la abundancia interna.

El miedo busca que el otro nos complete.

El amor comparte porque ya está lleno.

El miedo controla.

El amor respeta.

El miedo siente lástima porque no cree en la capacidad del otro.

El amor tiene compasión y confía en su fortaleza.

El miedo evita hacerse cargo de sus acciones,

Pero,

Aun así,

Genera consecuencias.

El amor reconoce su responsabilidad total.

En las relaciones basadas en miedo,

Cualquier diferencia se convierte en amenaza.

En las basadas en amor,

La diferencia es bienvenida,

Respetada y libre.

La esencia es simple,

Pero transformadora,

Y esta es que cada decisión en una relación nace del amor o del miedo.

No hay punto medio.

El amor eleva,

Expande y libera.

El miedo encierra,

Condiciona y duele.

Nuestro trabajo no es buscar amor afuera,

Sino limpiarnos por dentro para volver al estado natural donde amar no es esfuerzo,

Sino emanación.

El capítulo 5 se llama La relación perfecta.

En este capítulo,

Miguel expone uno de los principios más bellos del libro.

Una relación perfecta nace cuando dos personas completas se unen para compartir su felicidad,

No para obtenerla uno del otro.

Para que una relación sea armoniosa,

Ambos deben reconocer que nadie puede hacer feliz al otro,

Que el amor no es necesidad sino generosidad interior.

Dos seres libres pueden caminar juntos porque no se poseen,

No se exigen,

No se completan,

Se eligen.

Ruiz señala que el error más común es construir relaciones desde la carencia.

Cuando buscamos a alguien para llenar vacíos internos,

Inevitablemente exigimos,

Reclamamos,

Sentimos celos,

Nos decepcionamos.

Esperamos que la otra persona nos dé lo que nosotros no nos damos a nosotros mismos.

Esa expectativa es el principio del dolor.

En cambio,

Cuando uno se ama y se acepta,

No pide permiso para ser,

No se siente insuficiente ni mendiga afecto,

El amor deja de ser búsqueda y se convierte en expresión natural.

La relación perfecta se basa en la libertad.

Yo no estoy aquí para controlarte y tú no estás aquí para completarme.

Amarte es un acto de elección,

No de dependencia.

Cuando dos seres libres se unen,

La relación no es una jaula sino un espacio creativo donde cada uno puede expandirse.

No hay sacrificio sino cooperación,

No hay lucha de poder sino disfrute mutuo.

Ruiz utiliza una metáfora hermosa,

Que el amor crece cuando se respira,

Cuando no se atrapa.

Si apresionas una mariposa creyendo protegerla,

Muere.

Si la dejas libre,

Te acompaña porque quiere,

No porque necesita.

Así funciona el amor consciente.

No exige,

Invita.

No reclama,

Comparte.

No teme perder,

Confía.

El capítulo concluye con una afirmación luminosa.

Esta es,

Una relación perfecta no es la unión de dos mitades sino el encuentro de dos mundos completos.

Amor más amor no suma dos,

Multiplica infinito.

El capítulo 6 del libro se llama La cocina mágica.

Este capítulo presenta una de las metáforas más recordadas del libro.

Esta es,

Tu corazón es una cocina mágica capaz de producir amor en cantidad ilimitada.

La mayoría de las personas desconoce este poder interno y por eso mendigan afecto ajeno,

Creyendo que el amor viene de afuera.

Pero quien reconoce que su cocina produce amor infinito,

Ya no necesita pedirlo.

Lo ofrece,

Lo comparte y lo irradia.

Ruiz describe en dos escenarios.

Uno,

Si crees que no tienes amor dentro,

Aceptarás cualquier migaja que alguien te dé.

Te volverás dependiente,

Soportarás humillación,

Abandono,

Control,

Con tal de recibir un poco de afecto.

Segundo escenario,

Si reconoces que tu cocina está llena,

Nadie podrá manipularte.

Amarás por elección,

No por necesidad.

No buscarás que otro te complete,

Porque ya eres completo.

Cuando una persona sabe que tiene una cocina mágica,

Se vuelve generosa y abundante.

Da sin miedo a quedarse sin amor,

Porque sabe que producirlo es un acto natural.

Pero quien cree que el amor depende del otro,

Siempre teme perderlo.

Lo defiende,

Lo controla.

Ese miedo lo destruye.

La metáfora continúa con una escena reveladora.

Alguien toca tu puerta con una pizza deliciosa y te ofrece amor a cambio de que lo obedezcas.

Si no sabes que tu cocina existe,

Aceptarás el trato.

Si conoces tu fuente interna,

Simplemente sonríes y dices,

Gracias,

Pero aquí tengo comida infinita para ambos.

Ese es el punto central.

Cuando tu amor nace de ti,

No puede condicionarse ni comprarse.

La cocina mágica representa tu capacidad natural de amar,

Crear,

Cuidar y compartir.

No necesitas negociar amor para recibirlo.

Solo necesitas abrir los ojos al amor que ya eres.

El mensaje final del capítulo es un giro profundo.

Este es,

No estás aquí para obtener amor,

Sino para darlo.

La abundancia interior hace posible una relación libre,

Verdadera y luminosa.

El séptimo capítulo se llama El maestro del sueño.

En este capítulo,

Don Miguel Ruiz explica que cada ser humano vive dentro de su propio sueño personal,

Una interpretación subjetiva de la realidad construida a partir de creencias,

Heridas y percepciones.

La vida externa es la misma,

Pero la forma en que cada uno la experimenta es completamente distinta.

No vemos la realidad tal como es,

Sino como somos internamente.

Ruiz afirma que somos artistas.

Todo lo que creemos,

Sentimos y pensamos ya es una obra que estamos creando momento a momento.

El maestro del sueño es aquel que aprende a dirigir esta creación conscientemente,

En lugar de vivir atrapado en programas inconscientes de miedo,

Juicio,

Culpa y expectativas.

Así como un pintor domina su técnica,

Un ser humano puede aprender a dominar su mente.

Cuando el sueño es inconsciente,

La mente crea desde el miedo.

Entonces el mundo se vuelve un infierno lleno de heridas activas,

Reacciones defensivas,

Necesidad de controlar y ser controlado.

Pero cuando el sueño es consciente,

Creamos desde el amor,

La libertad interior y la responsabilidad personal.

La mente deja de ser un campo de batalla y se convierte en un jardín.

Este capítulo subraya que el primer acto de maestría es la autoobservación,

Mirar el sueño interno sin juzgarlo,

Sin justificarlo y sin maquillarlo.

Al observarnos con claridad dejamos de ser víctimas del mitote mental.

Podemos desaprender lo que nos hiere y reaprender lo que nos libera.

Ruiz enseña que el maestro del sueño no busca cambiar a los demás sino transformarse a sí mismo.

Cambiar el sueño interior transforma inevitablemente el exterior.

Cuando comprendes esto,

La vida deja de ser lucha y se convierte en arte.

El verdadero poder entonces no es controlar al mundo sino gobernar tu percepción.

El amor es la herramienta de creación,

El miedo la herramienta de destrucción.

La maestría comienza cuando recordamos que la realidad interna es la fuente de todo.

Cambia tu sueño y cambiará tu vida.

El capítulo 8 se llama Sexo,

El mayor demonio en el infierno.

Este es uno de los capítulos más directos y confrontativos del libro.

Ruiz no dice que el sexo sea malo.

Afirma que la mente humana ha contaminado el sexo con miedo,

Culpa y posesión,

Convirtiéndolo en uno de los mayores campos de conflicto emocional.

No es el acto lo que hiere sino las creencias y heridas asociadas.

Desde la domesticación aprendemos a vincular sexo con vergüenza,

Control,

Obligación,

Pecado o búsqueda de aprobación.

El deseo sexual,

Que debería ser natural,

Se llena de juicios y expectativas.

Entonces el sexo se vuelve moneda de intercambio.

Te doy amor si tú me das placer.

Atención,

Fidelidad o seguridad.

El acto deja de ser expresión de amor y pasa a ser una transacción emocional.

Ruiz explica que el sexo,

Cuando está dominado por el miedo,

Genera celos,

Dependencia,

Culpa e incluso violencia emocional.

El cuerpo pide placer,

Pero la mente teme perder control,

Teme comparar,

Teme no ser suficiente.

Así el sexo se vuelve un demonio interno que no proviene del cuerpo,

Sino del sueño distorsionado que lo acompaña.

El sexo sagrado surge sólo cuando el amor es la base.

No hay posesión,

No hay miedo,

No hay deber.

Dos cuerpos se encuentran con libertad,

Respeto y presencia.

No para tomarse,

Sino para compartirse.

No para llenar un vacío,

Sino para derramar un desbordamiento.

Cuando hay amor,

El sexo es celebración.

Cuando hay miedo,

El sexo es prisión.

El capítulo concluye con una visión transformadora.

Y este es,

El sexo puede ser demonio o puede ser Dios,

Dependiendo del sueño que lo sostiene.

El verdadero problema nunca es el sexo,

Sino el miedo que proyectamos sobre él.

Amar el propio cuerpo,

Honrar el deseo,

Vivir el encuentro desde la libertad y no desde la necesidad,

Convierte el acto sexual en una expresión del espíritu,

No en una batalla del ego.

Cuando sanamos el miedo,

El sexo vuelve a ser lo que siempre debió ser,

Un lenguaje del amor.

El capítulo 9 se llama La cazadora divina.

Ruiz presenta una metáfora poderosa.

La cazadora divina representa al instinto natural del amor que busca conexión auténtica,

No por necesidad,

Sino por la fuerza creadora de la vida.

Así como un depredador afina sentidos,

Paciencia y precisión para encontrar alimento,

La energía del amor afina percepción,

Presencia y claridad para encontrar verdad.

Pero cuando las heridas dominan,

Esa fuerza instintiva se desoriente.

El amor se vuelve caza por carencia,

Posesión,

Temor a perder.

La cazadora divina se convierte entonces en cazadora de dolor.

Ruiz explica que,

En su esencia,

La cazadora divina no captura para poseer,

Sino para sostener la vida.

La búsqueda es natural,

Bella,

Expansiva.

Pero el ser humano herido transforma la búsqueda en persecución emocional.

Persigue cariño,

Persigue atención,

Persigue seguridad.

Caza no para amar,

Sino por hambre afectiva.

Cuando esto ocurre,

El corazón queda atrapado en deseo,

Obsesión,

Apego tóxico y sufrimiento.

La cazadora divina sana cuando descubrimos que no necesitamos perseguir el amor porque somos el amor.

Entonces dejamos de buscar desesperadamente y comenzamos a atraer desde la plenitud.

Un ser que se ama a sí mismo no corre tras nadie.

Camina y el amor lo sigue.

Su magnetismo no nace del deseo,

Sino de la abundancia.

Ruiz señala que la verdadera caza espiritual consiste en observar la mente,

Ver sus trampas,

Atrapar creencias que nos dañan y liberarlas.

Cazar miedo,

No personas.

Cazar mentiras internas,

No afectos externos.

El verdadero depredador consciente es quien caza ilusiones para recuperar su libertad.

Así la cazadora divina deja de ser instrumento de sufrimiento y vuelve a ser guía de despertar.

El amor no es presa que deba capturarse,

Ni premio que deba conseguirse.

Es naturaleza viva,

Es presencia,

Y se manifiesta en quien deja de correr y aprende a ver.

Cuando el ser deja de cazar afuera,

Encuentra adentro lo que siempre buscó.

El capítulo 10 se llama Ver con los ojos del amor.

Este capítulo es uno de los más luminosos del libro.

Ruiz afirma que existen dos formas de mirar la vida,

Con los ojos del miedo o con los ojos del amor,

Como vimos al principio.

La mirada del miedo observa amenazas,

Defectos,

Carencias,

Comparaciones.

Ve enemigos donde no los hay.

Interpreta gestos neutros,

Como rechazo.

Silencio,

Como abandono.

Diferencia,

Como peligro.

Quien mira desde el miedo vive dentro de su herida.

Ver con los ojos del amor es ver sin filtros mentales,

Sin juicio,

Sin necesidad de controlar.

Es mirar a otro y reconocerlo como un ser libre,

Suficiente y digno tal como es.

Cuando miramos así,

Desaparece la posesión,

La exigencia,

El reclamo.

La relación se vuelve un puente,

No una cadena.

Los ojos del amor no buscan transformar al otro en una versión más cómoda.

Lo celebran en su naturaleza.

Ruiz subraya que el amor no es ciego.

El que es ciego es el miedo.

El amor ve con claridad porque no necesita mentir ni idealizar.

Puede reconocer la sombra sin rechazar.

Reconocer la luz sin exagerar.

Ver con amor es ver la realidad tal cual es,

Sin interpretaciones tóxicas.

Cuando miramos con amor,

El sufrimiento disminuye automáticamente.

Ya no tomamos las acciones ajenas como ataque personal.

Si alguien nos hiere,

Podemos notar su dolor en lugar de responder con más dolor.

La compasión reemplaza al juicio.

La paz reemplaza la defensa.

La libertad reemplaza el apego.

Ruiz enseña algo esencial.

Y es que no vemos el mundo como es,

Sino que lo vemos como somos.

Por eso ver con amor no es cambiar lo externo,

Sino cambiar la mirada interior.

El amor es una decisión perceptiva,

Un filtro que transforma la experiencia humana.

Cuando vemos con amor,

La vida deja de ser una guerra y se convierte en un jardín.

El capítulo concluye con una invitación profunda,

Practicar la visión amorosa momento a momento,

Hasta que se convierta en nuestra forma natural de vivir.

El capítulo once se llama Sanar el cuerpo emocional.

Este capítulo se centra en el proceso de sanación interior.

Don Miguel Ruiz explica que el ser humano no vive con heridas físicas,

Sino con heridas emocionales acumuladas desde la infancia.

Infectadas con miedo,

Culpa,

Rechazo y creencias autodestructivas.

Estas heridas siguen vivas porque nunca fueron atendidas conscientemente.

En lugar de curarlas,

Las cubrimos con defensas,

Máscaras y negación.

Sanar no consiste en ignorar el dolor,

Sino en reconocerlo con amor y aceptación.

La curación comienza cuando dejamos de huir de nuestras emociones y empezamos a escucharlas sin juicio.

El veneno emocional,

Resentimiento,

Celos,

Enojo,

Tristeza,

Culpa,

Se deshace cuando es visto con luz.

La negación lo mantiene,

La conciencia lo disuelve.

Ruiz propone dos herramientas esenciales,

La verdad y el perdón.

La verdad limpia,

El perdón libera.

Ver la realidad interna sin filtros rompe las ilusiones del miedo.

Perdonar nos deja ir del pasado.

No se trata de justificar lo ocurrido,

Sino de liberarnos de la carga que quedó.

Perdonar es un acto de amor propio.

La sanación implica abrir heridas que aún duelen,

Pero hacerlo con ternura,

Con compasión y con paciencia.

En vez de reaccionar,

Observamos.

En vez de exigir amor,

Lo generamos dentro.

Cuando dejamos de usar el dolor para relacionarnos,

Nuestras interacciones dejan de ser cadenas y se vuelven puentes.

Sanar el cuerpo emocional no es cambiar quiénes somos,

Sino volver a lo que éramos antes del miedo,

Amor,

Espontaneidad,

Presencia,

Libertad interior.

El capítulo termina con un mensaje claro.

Cada vez que quitamos una capa de miedo,

Aparece el amor que siempre estuvo debajo.

La sanación no crea amor,

Lo revela.

El último capítulo,

El doce,

Se llama Dios en ti.

Este capítulo eleva el mensaje del libro a su plano más espiritual.

Ruiz afirma que el amor no es un concepto psicológico,

Íntimo ni poético.

El amor es la esencia de la vida misma,

La fuerza que sostiene todo lo que existe.

Dios no es un ente separado,

Distante o externo.

Dios es la energía creadora que nos habita.

Según Ruiz,

El cuerpo humano es un templo vivo.

La divinidad no se encuentra afuera,

Se expresa desde dentro.

Cuando olvidamos quiénes somos,

Sufrimos.

Cuando recordamos la verdad,

Nos liberamos.

El miedo es la separación ilusoria de lo divino.

El amor es el recuerdo.

Volver al amor es volver a Dios.

Dios en nosotros se manifiesta en formas de creatividad,

Alegría,

Paz,

Gratitud y capacidad ilimitada de amar.

No hay que buscar a Dios en las palabras,

Sino en la presencia,

En el silencio,

En la conciencia pura que observa.

Cuando estamos plenamente presentes,

Sin pasado cargado,

Sin futuro ansioso,

Sentimos la esencia divina fluir en nosotros.

Ruiz explica que ser canales de amor es revelar a Dios en la tierra,

No con doctrina,

Sino con coherencia.

No con miedo,

Sino con devoción natural.

No con reglas,

Sino con bondad.

No con sacrificio,

Sino con plenitud.

La auténtica espiritualidad no es obediencia,

Es expresión del amor que somos.

El capítulo culmina recordándonos que la divinidad no se prueba,

Se experimenta.

Y esa experiencia comienza en un instante,

Cuando dejamos de identificarnos con el mundo,

Las creencias,

El drama mental,

Y volvemos al centro.

Allí el ego es pequeño,

El corazón es grande y la vida se vuelve sagrada.

Dios no está lejos,

Dios respira en ti.

5.0 (2)

Reseñas Recientes

Erika

December 3, 2025

Hermoso track! Que maravillosa manera de compartir el libro de Don Miguel Ruiz. Me encanto cada enseñanza presentada …. Muchas gracias por hacer este maravilloso trabajo. Lo disfrute mucho!

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